La mayoría de edad siempre es un logro para quien la alcanza, se asocia con independencia, libertad, decisión, adultez, avance. Ser mayor de edad supone haber transitado un camino de acompañamiento familiar hasta alcanzar una madurez física e intelectual para asumir completamente la responsabilidad por sus actos, porque se tiene plena capacidad para hacer lo que se considere.

Si comparamos esta idea de mayoría de edad con la historia de una ley que cumplió 18 años este 1° de abril, de la que Venezuela se ufanó por ser un país pionero y garantista de derechos, con una de las mejores leyes de Latinoamérica en materia de infancia, como lo es la Lopnna (Ley Orgánica de Protección de Niños, Niñas y Adolescentes), hoy habría que decir que el acompañamiento familiar fracasó, que los 18 años llegaron pero la madurez y la independencia no.

Y es que si de derechos hablamos, pues a los niños y niñas es a quien más este Gobierno debe rendir cuenta. En este caso la familia, esa que acompaña en el camino a la independencia, es el Estado, hoy en manos de un Gobierno que lo detenta desde hace 20 años. Esta familia fracasó, la niñez y adolescencia conforman una población altamente vulnerable, entre otras cosas por su dependencia y su proceso de desarrollo, de allí la necesidad de la protección especial. En cualquier ámbito que imaginemos, los niños, niñas y adolescentes tienen derechos vulnerados.

El sistema de protección nunca alcanzó forma de Sistema, más allá de la vocación y entrega de algunos funcionarios públicos que creen y practican la doctrina de protección integral, no hay en Venezuela una protección integral sino un grupo de organismos trabajando independientemente y con muy poca capacidad de respuesta.

La infancia muere de hambre, la desnutrición infantil es una realidad alarmante a pesar de que la denuncia se ha hecho desde 2016, aún no se toman medidas de emergencia para contrarrestar su efecto. Según el último informe de Cáritas, la estimación indica que 280.000 niños están en riesgo de muerte por esta causa.

Los niños y niñas volvieron a vivir en las calles, la crisis económica afecta con rudeza a los sectores más empobrecidos y volvemos a tener grandes grupos de niños buscando su comida en la calle y en los basureros como alternativa.

La deserción escolar no ha parado, porque la familia venezolana debe decidir entre llevar los niños al colegio o comprar algo para comer, en largas y agotadoras colas, cuando hay algo que comprar y se cuenta con el dinero para ello, si no tienen que hacer infinitas colas para tener efectivo y poder movilizarse en transporte público y ante la crisis cruenta y despiadada la educación de los niños y niñas queda relegada.

La lucha contra la violencia física, emocional y moral, en la casa, en la escuela y en la sociedad, nos va ganando la pelea. Sigue siendo un flagelo importante la violencia hacia la infancia y la crisis abona el terreno para su reproducción. Los adolescentes en conflicto con la ley son tratados sin distinción por los cuerpos de seguridad del Estado, y el sistema de responsabilidad penal del adolescente sufre los mismos embates del sistema carcelario ordinario.

Los pequeños que tienen su salud afectada, no tienen medicamentos, mueren en los hospitales por situaciones perfectamente prevenibles.

La violencia social también afecta directamente a los niños, niñas y adolescentes como víctimas y también reclutando para sus filas a niños y adolescentes de los sectores populares.

Y hoy el éxodo masivo y obligado es una nueva forma de violencia a la infancia. Los adultos salen al exterior en búsqueda de una alternativa y mientras se estabilizan dejan aquí a sus pequeños que, sin tener la capacidad para comprender lo que significa el exilio, deben quedarse con un familiar, extrañando y sufriendo la separación.

Por dónde le miremos, la situación de la infancia es muy preocupante y dolorosa, que exista una ley no supone la consecución directa de los derechos que ella establece, la ley es importante, pero lo complejo es su implementación y Venezuela está bastante alejada de conseguir que los derechos que la Lopnna establece para los NNA, sean cumplidos, disfrutados y ejercidos plenamente. Hay situaciones tan graves que, aunque posteriormente las superemos, dejarán marcas imborrables.

De allí la urgencia de una salida inminente a la crisis y a la situación del país, porque dentro de lo doloroso, sabemos que en Venezuela hay con qué tener una realidad distinta, el país cuenta con los recursos minerales, hídricos, agrícolas y pecuarios necesarios para el desarrollo productivo y gente con talento hay de sobra entre los que nos quedamos y también dentro de los que se han ido que algún día habrán de volver.

Sin embargo falta la voluntad política, falta la disposición para construir un país de futuro y progreso, un país que le brinde a la infancia la posibilidad de vivir a plenitud su desarrollo, sembrando así un futuro mejor. No es en dictadura donde encontraremos esa disposición política para avanzar, eso nos indica el primer paso para poder prometer y lograr para los niños, niñas y adolescentes una Venezuela humana, justa y democrática.

Foto: AFP

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Publicado en Efecto Cocuyo 

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