El año 2018 fue el peor para el pueblo venezolano. Algunos historiadores afirman que ni en tiempos de la Guerra de Independencia se vivió el hambre que se ha vivido en los últimos años, en especial el que concluyó hace ya casi tres meses.

El último trimestre de ese año se caracterizó por la aplicación de lo que pomposamente se bautizó como “Programa de Recuperación, Crecimiento y Prosperidad Económica”. 

Dicho programa, según voceros de la dictadura, tenía como objetivos:

  • Garantizar y optimizar las inversiones para el funcionamiento del sistema económico nacional.
  • Ajustar la eficiencia de la lucha contra la guerra el económica,
  • Garantizar el abastecimiento nacional
  • Ampliar la alianza productiva con capital nacional e internacional, para el desarrollo de diversas áreas productivas del país”.

Según el discurso de Nicolás Maduro, en este protecto estaría “toda la riqueza del país puesta al servicio de que el trabajador y la familia venezolana tengan un salario que le permita Vivir Viviendo, y le permita desarrollar su vida con un margen importante de tranquilidad y felicidad”.

Como se puede observar, no aparece entre los objetivos el combate a la inflación. Tampoco se hace mención ni referencia, objetivo o medida que involucre al capital financiero, concretamente al sector bancario. No obstante, podemos concluir que luego de seis meses de aplicación de lo que hemos llamado #PaquetazoDeMaduro, los trabajadores, quienes son los verdaderos generadores de la riqueza nacional, han visto cómo su poder adquisitivo se ha disminuido sobre manera, a pesar de los aumentos de salarios decretados unilateralmente por el Ejecutivo nacional.

Esto devela que los beneficiarios de la política económica de la dictadura no son precisamente los trabajadores, como dice la propaganda oficial. El paquetazo madurista no está al servicio de la clase trabajadora del país. Tampoco lo está la política económica del chavismo. Ni en el gobierno despótico encabezado por Hugo Chávez ni en la dictadura de Nicolás Maduro. Veamos algunas cifras.

En el año 2012 denunciamos que el discurso socialista de Hugo Chávez era una total falsedad, una estafa que se podía desenmascarar viendo las cifras de SUDEBAN de ese año. (Ver ¿Cuál socialismo?: Gobierno de Chávez incrementa ganancias de la banca en primer semestre 2012). En el diario El Universal, en su edición del 15 de julio de 2012, podemos leer que “las ganancias del sistema financiero desafían la ley de la gravedad. La Superintendencia precisa que el beneficio acumulado en los primeros seis meses de este año asciende a 12 mil 838 millones de bolívares, unos 2 mil 985 millones de dólares al tipo de cambio oficial”.

Este resultado, precisa la Superintendencia,  “representa un incremento de 132,40% respecto al mismo período del año pasado”. Cifras que son irrefutables pues la fuente es SUDEBAN, instancia de la que no se puede sospechar de ser opositora y golpista. Chávez benefició ampliamente a la oligarquía financiera mientras usaba la fraseología revolucionaria de supuesto beneficio a las mayorías populares, engañando a todo el mundo, opositores y simpatizantes del oficialismo.

Nicolás Maduro, fiel continuador de la política antipopular de Chávez, no se podía quedar atrás. Según la web especializada en asuntos económicos y financieros, Banca y Negocios, que se alimenta de los datos de SUDEBAN para hacer sus análisis, en diciembre de 2018 las ganancias acumuladas de la banca fueron de 21.346.249 Bs. Si comparamos con las ganancias obtenidas en diciembre de 2017 (19.776  Bs.), vemos que el incremento, en un año, fue de 21.326.473 Bs. Esto es un 107.840,17% de incremento en las ganancias del sector bancario. Pueden apreciar las cifras detalladas en la siguiente tabla:

Fuente: http://www.bancaynegocios.com/ranking-bancario-diciembre-2018/

Mientras que el capital financiero incrementa sus ganancias de forma exorbitante, durante el último trimestre de 2018 los trabajadores protagonizaron protestas para rechazar el paquetazo de Maduro, exigir un salario que cumpla con lo establecido en el artículo 91 de la constitución y respeto a los contratos colectivos que la dictadura de Maduro eliminó de un plumazo, imponiendo tablas salariales que son una igualación hacia abajo, y dejando de lado el principio de progresividad de los derechos establecido en la Carta Magna.

La situación de los trabajadores en lo que va de año no ha cambiado mucho. Hacen maromas para poder sobrevivir, mientras la hiperinflación avanza estimulada por la generación de dinero inorgánico por parte de la dictadura. Contrasta las penurias por las cuales pasa la clase trabajadora venezolana con las ganancias que ha obtenido el sector bancario. Veamos a continuación las ganancias que obtuvo la banca en el mes de enero de 2019:

Fuente: http://www.bancaynegocios.com/ranking-bancario-enero-2019

Vemos que en el mes de enero de 2019 la banca venezolana obtuvo 18.805.560 Bs. de ganancias. Esto es, en valores absolutos, 18.799.794 Bs. más que el mes de enero de 2018. Es decir, la banca incrementó en un año el 326.045,68% sus ganancias. Y el PSUV y Maduro hablan de que el Programa de Recuperación, Crecimiento y Prosperidad Económica está puesta al servicio de los trabajadores y la familia venezolana, vaya cinismo.

Conocen muy bien los trabajadores la realidad. Saben y sufren día a día los embates de la inflación y la especulación. Van al mercado y sienten en sus bolsillos el costo de la Canasta Básica Alimentaria, que según el Centro de Documentación y Análisis para los Trabajadores (CENDA) alcanzó la cantidad de  360.115,77 Bs. (ver http://cenda.org.ve/noticia.asp?id=183). Esto significa que un trabajador para alimentar a su familia necesita 20 salarios mínimos.

La situación descrita debe ser transformada lo antes posible. No pueden mantenerse en el poder las mafias que benefician a una minoría. Son 20 años de discurso y fraseología revolucionaria para encubrir la realidad: el chavismo, como lo hizo Chávez y ahora Maduro, beneficia a los oligarcas, que no han dejado de serlo durante este período, y a los nuevos creados por la nomenclatura chavista.

La necesidad de desplazar del poder a Maduro se ha convertido en un asunto de sobrevivencia para el pueblo venezolano. Se justifica que los venezolanos se rebelen ante este régimen que no solo cercena las libertades democráticas sino que también mata de hambre y miseria a la mayoría de la población. No es por nada que la Encuesta de Condiciones de Vida (ENCOVI), realizada por las más prestigiosas universidades venezolanas, haya llegado a la conclusión de que 48% de los hogares en Venezuela son absolutamente pobres (fuente: http://www.bancaynegocios.com/encovi-48-de-los-hogares-en-venezuela-son-pobres/).

La rebelión popular que se está gestando, una vez cese la usurpación y sea sacado del poder Maduro y sus mafias y dé paso a un gobierno de transición, debe proponerse como aspecto central la reconstrucción del país. La industrialización, la producción agraria, la recuperación de los servicios, sobre todo la atención de la emergencia alimentaria son aspectos programáticos que el pueblo venezolano en rebelión debe asumir, enarbolar y exigir ante las pretensiones de aplicar la misma política económica cuando Maduro deje el poder.

Asimismo, la atención de la emergencia implica una política bancaria que fuerce a una verdadera intermediación financiera para la producción. Tasas de interés que abaraten el crédito, unido a la recuperación del mercado para el producto nacional. Creación, por ende, de una demanda interna creciente y de calidad. Esto es, recuperación del salario real de los trabajadores. Nueva policía fiscal y tributaria. Tributo a los bienes suntuarios, lo cual debe acompañar a la eliminación del IVA. El crecimiento de la producción, rescate del mercado interno mediante, para la producción nacional, permitirá un presupuesto de ingresos basado en el pechaje de quienes más tienen. De los dueños de los medios de producción. De la producción pues.

Salir de Maduro implica también dejar de lado políticas económicas que en nada contribuirán con la reconstrucción del país, que atienda el desarrollo nacional, que todos los sectores sociales se vean beneficiados y que responda al interés de la mayoría y de la nación. Toca pues a todos los que anhelamos democracia, desarrollo y bienestar para las mayorías, cumplir con la tarea del momento: organizar la rebelión popular para la reconstrucción nacional. 

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