Muy a pesar de que los asuntos económicos y políticos distraen la atención nacional, dedicamos un espacio a una de las cuestiones que reflejan el deterioro social y cultural de Venezuela. La universidad venezolana desde un primer momento fue foco de atención del chavismo. No para bien de su majestad sino para su control y uso en favor del régimen. Como no logra avanzar, prefiere destruirla.

La tragedia del país se realiza en la universidad venezolana. Como el país, esto se veía venir. Van de la mano. Una condiciona a la otra. La arrastra con poca resistencia. La erosión de la economía, hasta llegar a la catástrofe que sufrimos hoy, se inicia hace ya cerca de cuatro décadas. Igual tiempo lleva la de la universidad venezolana, con el antecedente del allanamiento de 1970.

La crisis universitaria se refleja en la deserción estudiantil. La planta profesoral se ha sentido de una manera importante. Mientras un profesor titular en la universidad venezolana devenga unos 20 dólares, en una universidad ecuatoriana percibe 4 mil dólares. Así, resulta lógico que la universidad esté perdiendo buena parte de sus talentos, quienes prefieren buscar otras perspectivas fuera de la universidad y del país. Sobre todo los profesores de mayor escalafón y relativamente jóvenes, buscan nuevos horizontes. Un ejemplo de la deserción, lo conocimos recientemente cuando el jefe de un departamento de la escuela de química de la UCV, convocó a reunión ordinaria. En ella le manifestaron todos los profesores que se irían del país.

Como fábrica de fuerza de trabajo calificada, la universidad debe estar adecuada a la demanda del aparato económico. Luego, si tal aparato está rezagado, ralentizado su crecimiento y desarrollo, hasta estar cerca de su desmantelamiento, esa fábrica no tiene mayor razón de ser. Se crea un producto para la exportación, como afirmara un profesor de la facultad de medicina recientemente, luego de que la inmensa mayoría de sus estudiantes tenía como meta la migración.

Pero el deterioro de la universidad, como resultado de la política gubernamental en su contra, se manifiesta en todos los terrenos. El ahogo presupuestario ha conducido a que no se cuente con recursos para cosas elementales. Las oficinas no cuentan con papel; no se tienen hojas de exámenes para los estudiantes. Es un lujo que un tesista pueda reproducir sus trabajos de grado para hacerla llegar al jurado. No hay presupuesto para mantenimiento de las instalaciones. Ni siquiera se cuenta con personal para el aseo.

A todo lo cual se suma la inseguridad y el atentado permanente de maleantes contra las instalaciones universitarias, centrándonos en la experiencia ucevista. Ha llegado a tal punto la inseguridad, que la delincuencia se hizo del cableado y algunos bienes de las instalaciones donde funcionan las escuelas de nutrición y dietética, de comunicación social, de antropología y de estadísticas y ciencias actuariales. Así, estas escuelas se quedaron sin luz eléctrica en buena parte de la planta física. Lo más doloroso han sido los continuos robos que ha sufrido la facultad de medicina, específicamente la sede de medicina tropical, perdiéndose investigaciones importantes.

A la par, la ofensiva chavista ha sido constante contra el pueblo en general y el sector educativo en particular. La universidad no quiere al chavismo. Crearon sus propias universidades. Aun así, eso no supone que en las de su creación haya mayor simpatía con el llamado proceso. Por el contrario, a pesar de la opresión que sufre la disidencia, no logran ganar el corazón de la comunidad.

Desde adentro

El espíritu que reinó en el proceso de renovación de 1968 – 1969, truncado a punta de bayonetas y tanques de guerra, se fue apagando y no resistió la embestida ideológica y material. Se hizo valer aquello de que las instituciones del Estado deben estar al servicio de las clases dominantes; a sus intereses e ideología.

La renovación la estimula el mayo francés y el movimiento universitario truncado en la masacre de Tlatelolco en México. Esa idea romántica de que los estudiantes pueden ser vanguardia en la lucha por el cambio, por un mundo mejor, inundó las aulas universitarias. Las universidades autónomas debatieron con sentido positivo aquello de la verdad, de la ciencia al servicio del desarrollo nacional y otras cosas que aterraron al Gobierno de turno. Contrario al interés del Estado semicolonial, opta el Gobierno de Caldera por allanar las universidades autónomas, clausurarlas por un año e imponer una nueva ley que restringe un tanto la autonomía.

La circunstancia universitaria, luego de ser tomada por asalto por las ideas posmodernas, asume posiciones conservadoras y reaccionarias. La idea de la globalización afectó a toda la universidad. Se asumió como un principio axiomático, por tanto irrefutable, cuyas consecuencias derivaron en el adocenamiento de la conciencia universitaria. El espíritu crítico y la búsqueda de la verdad fueron sustituidos por el pragmatismo del mercado. Así como el mayo francés incidió en la universidad latinoamericana, también ese posmodernismo afrancesado hizo lo propio. En direcciones contrarias y en correspondencia con una época y otra.

Pero nada como lo alcanzado por el régimen chavista, que ha llevado a su máxima expresión eso de muerte a la inteligencia. Se impone como espíritu de vendetta.

Entronizada la perspectiva en boga, la universidad se vio limitada para enfrentar la ofensiva gubernamental. Recordemos que fueron muchos quienes desde dentro clamaron por la privatización de la universidad mientras negaban la verdad como principio del saber universitario, bajo la guía posmo. Al llegar el chavismo fue, y lo sigue siendo, un enigma para los universitarios que hegemonizaron el pensamiento. La mejor aproximación se reduce, desde ésta perspectiva, a ubicar apenas una de sus características: totalitario el régimen. Por cierto, también aplicable a la axiomática liberal y posmoderna. Desde la reacción lo siguen etiquetando como comunista. Así, sectores universitarios enfrentados a ese espectro, coinciden en las ideas irracionalistas y liberales. Todo lo cual ha impedido el diseño de una estrategia para enfrentar la ofensiva chavista.

Las autoridades universitarias, prácticamente paralizadas para enfrentar esta ofensiva, en esta última década, ya ni siquiera pueden dar paso a una nueva cuarteta rectoral, o a nuevos decanos, impedidos por patrañas jurídicas que impiden la realización de la democracia universitaria.

Junto al avance de estas ideas que oscurecen el saber y la capacidad de comprensión de la realidad, fue avanzando la bruma desmoralizante. El deterioro moral se manifiesta de manera clara y pedestre en la complicidad de miembros del personal de vigilancia afectos al Gobierno, en algunos de los robos de los que ha sido víctima la universidad. Es un secreto a gritos propagado por quienes perpetran el delito bajo la mayor impunidad. También hay evidencias luego de pesquisas realizadas por el Cicpc en la atención de las denuncias realizadas.

El deterioro gremial bajo orientación opositora, también se deja sentir. Resaltan las limitaciones en función de definir una estrategia conjunta para enfrentar la ofensiva del régimen mientras, a su vez, defendemos los derechos y luchas de la comunidad y de la universidad. Ni una ni otra. Quedamos un tanto a la mera expectativa.

Pero el quebranto va más allá. Es el caso que ser directivo de la asociación de profesores, ejemplo emblemático, supone odiosos privilegios que reflejan que no se toma en cuenta aquello de ser ejemplo levantando una alternativa ética frente a lo establecido. Así, hay directivos de la Apucv que perciben emolumentos que les permiten hacerse de un sueldo adicional por concepto de dietas por reuniones, telefonía, entre otras ventajas con las que se asignan los directivos, haciendo un uso dispendioso de los recursos que brindamos los agremiados. Todo lo cual encarece el funcionamiento del gremio sin que se vean mayores aportes a la lucha en defensa de los derechos de los agremiados ni de la universidad y su autonomía. Nada tiene que ver con una función apostolar como debe ser la práctica gremial. Ser directivo gremial no debería suponer privilegio alguno.

Además, los directivos gozan de permiso institucional para el ejercicio gremial.
Asimismo, no ha sido transparente el manejo de los recursos del Instituto de Previsión del Profesorado. Sobre todo ha sido opaco el manejo de los dólares colocados en el exterior, principalmente en Panamá, para cuya firma para su manejo ha permitido viajes poco justificados en cuanto al número de funcionarios, con viáticos que resultan escandalosos.

Mientras, el deterioro de los servicios médicos del profesorado, además de ineficaz e ineficiente, se hace cada vez más costoso. O los beneficios como el Ceapucv que ha visto reducir el horario de atención a los hijos y nietos de profesores hasta el mediodía, y han eliminado progresivamente el servicio de comedor, a la par en que se aumenta el costo de la mensualidad, siendo que la atención era un beneficio brindado por el gremio y la universidad en su orígen, se ha ido privatizando y deteriorando al mismo tiempo.

Por su parte, los gremios de los trabajadores en manos del chavismo resultan instrumentos al servicio del régimen y para nada sirven a los intereses de los trabajadores.
Aun así, la universidad sigue siendo una reserva ética y moral para el pueblo venezolano. La oscurana no ha triunfado completamente. Debemos disponernos a derrotarla. Prometeo tiene tareas.

Como el país

También, como el país, recuperar y reconstruir la universidad pasa por la salida del régimen. Luego de lo cual podremos rescatar, antes que nada, el sentido autonómico de la universidad. Esto es, que sea un espacio para el libérrimo encuentro de las ideas, la búsqueda de la verdad y, por ende, del espíritu crítico. Cuya realización debe ser, en primera instancia, levantar un proyecto de desarrollo nacional.

De allí que no solamente se trata de enfrentar las ideas reaccionarias que pretendió imponer el régimen, sino también las de sus aliados quienes, desde la oposición, comparten las ideas metafísicas y escépticas del posmodernismo. Mismas que niegan el espíritu crítico.

Mientras, aprovechemos la lucha contra el régimen y la resistencia de la universidad frente a la ofensiva que busca destruirla, para reivindicar el espíritu crítico, cuyo emblema, entre otros, lo encontramos en la actitud de Carlos Raúl Villanueva, su arquitecto, cuando en la renovación académica de 1968 asumió un papel de vanguardia. Con 68 años y una gran obra a cuestas, aporta lo suyo en el proceso académico más importante de latinoamericana.

Este empeño supone reconstruir la conciencia universitaria, hasta que levante una propuesta de reconstrucción nacional partiendo de los aportes que pueda brindar, por ejemplo, en el análisis riguroso y científico de la realidad nacional. Que diseñe una política económica alternativa para el desarrollo. Ideas económicas que demuestren que la revolución industrial (RI) y la soberanía agroalimentaria no solo son necesarias sino factibles en buen grado, dadas las riquezas con las que cuenta el país.

Que levante una propuesta de política social para garantizar la mejoría acelerada de las condiciones de vida de los trabajadores; que renazcan los sueños por un mundo mejor que haga renacer la rebeldía estudiantil, el humanismo y la solidaridad, hasta convertirse en fuerza propulsora del cambio político y académico.

El debate en las facultades de ciencias, ingeniería, agronomía y veterinaria, debe centrarse en los aportes que debemos brindar para un desarrollo inusitado y diversificado del aparato productivo hacia la RI y la soberanía agroalimentaria. En echar las bases para la realización de las ciencias en una tecnología y medios de producción que, aprovechando los principios y avances universales, los coloque al servicio científico tecnológico, fundamental para el desarrollo nacional. Las ciencias de la salud, nutridos por la perspectiva humanista, deben debatir acerca de la ofensiva necesaria para atender la grave crisis que viven los venezolanos en este aspecto. Atender la correcta relación dialéctica entre la atención primaria y la prevención. Son muchos los problemas estructurales y de infraestructura, farmacología, y endemias que hacen que el drama adquiera la dimensión de emergencia humanitaria. Desde ya se pueden desarrollar tareas de extensión que permitan atender parte del drama en salud por parte de las facultades y escuelas del sector. La cultura universitaria debe reivindicar, aun en medio de la tragedia que vivimos, la herencia universal en las artes y las humanidades, mientras cultivamos la venezolanidad y el espíritu por un mundo libre.

En cada facultad y cada escuela se deben propiciar reuniones y asambleas para el debate acerca de la circunstancia nacional, para el diseño de estrategias para luchar por la universidad y el futuro político en el marco de una nueva democracia. También se debe debatir acerca del aporte de cada área del saber y el conocimiento científico y humanístico para el desarrollo y la soberanía nacional.

La universidad nace enfrentada al oscurantismo. El mismo que se presenta hoy bajo el irracionalismo chavista y la dogmática posmoderna negadora de la verdad y el conocimiento científico. Ese oscurantismo, que los hace socios, aunque se enfrenten en la política, debe ser arrasado con las armas de la razón autonómica y la rebeldía universitaria frente a lo establecido.

Debemos aprovechar que son tiempos en los cuales el imperio de la dogmática liberal, de la ideología metafísica, de la globalización y el posmodernismo, comienzan a dar paso a otras perspectivas, dada una realidad controvertible. En la cuna del liberalismo y la globalización, EEUU e Inglaterra, se derrumban sus principios. Eso puede facilitar el surgimiento de un pensamiento subversivo capaz de convertirse en fuerza material para el cambio y el progreso. Se avizoran nuevos tiempos en los cuales los estudiantes, profesores y la comunidad toda, bien pueden aventurarse a ser vanguardia de los cambios por venir.


Tomada de Efecto Cocuyo

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