Radio Comunidad / «Arriba Banderas» / 28-6-2018

Lo que ha estado ocurriendo en los últimos dos meses es la continuidad y la incorporación de nuevos sectores de trabajadores a la lucha reivindicativa en reclamo de salarios dignos, de mejores condiciones de trabajo, de respeto a las contrataciones colectivas y que se abran discusiones para actualizar sus cláusulas con referencia al proceso hiperinflacionario que hoy en día vive nuestro país. Los enormes niveles de inflación y su aceleración han pulverizado el salario y más aún el salario mínimo y la responsabilidad de esta hambruna nacional es exclusiva y totalmente del gobierno nacional y no pueden descargar su culpa a ningún otro factor, aunque algunos pudieran tener incidencia, pues no hay ninguna política pública que nos indique que este gobierno está interesado en derrotar la hiperinflación, en aumentar la capacidad adquisitiva de los trabajadores, por lo menos llevarla a que se cumpla lo que establece el articulado de la Constitución Nacional en relación al salario, en especial en su artículo 91.

No cabe la menor duda de que este gobierno se ha beneficiado de esta hiperinflación, pues, en la medida en que se aumenta la cantidad de bolívares que se cambian por dólares, ellos —que son los que manejan los dólares que entran al país, principalmente a través de Pdvsa, y que por más deteriorados que estén sus niveles de producción es la mayor entrada de divisas al país— obtienen pingües ganancias para pagar nóminas, adquisiciones y otros gastos estatales en moneda nacional con una paridad cambiaria tan desigual que se ha establecido en la realidad venezolana de estos tiempos.

Cuando hablamos de los trabajadores, nos referimos no solo a quienes prestan sus servicios a la empresa privada sino también a las luchas que se están realizando desde los sectores laborales de las empresas estatales que tienen que ver con electricidad (Corpoelec), todo el sector salud, el magisterio y el sector educativo en general, empresas básicas, Cantv, portuarios, cementeras, en fin, un conjunto de sindicatos en todo el país que vienen levantándose en todo el país, manifestando, tomando la calle, y están coincidiendo hasta en los días de movilización, aunque todavía no conforman una organización, no tienen una sola estructura ni han unificado sus acciones en un reclamo político, pero sí van avanzando en esa dirección por la necesidad de lograr los objetivos que se proponen y que requieren de una mayor unidad, y así tener la fuerza necesaria —y contar con el apoyo del resto de la población, de los partidos polí-ticos, de las instancias unitarias, entre otros— para librar una batalla que rescate el valor del salario.

Que el responsable de esto que está ocurriendo en el mundo del trabajo es fundamentalmente el gobierno, personalizado en quien ahora usurpa la Presidencia de la República, necesariamente conduce a que estos reclamos reivindicativos estén entrañablemente relacionados con la necesidad del cambio político. Venezuela no encuentra, ni encontrará, caminos a la solución de la crisis con este equipo gubernamental. No dudamos de calificar esta disposición que hoy muestran los trabajadores como el comienzo de una rebelión ciudadana contra la hambruna, contra el empobrecimiento que sufre el pueblo venezolano y contra una política que ha conducido al actual desastre que hoy día es Venezuela: el hambre, la miseria, la escasez de alimentos y medicinas, el colapso de todos los servicios públicos, la caída en la producción petrolera, las graves violaciones a los derechos laborales dentro de las empresas públicas, además de los altos niveles de corrupción y enriquecimiento ilícito con el erario nacional.

Estamos frente a un gobierno que no solo fracasó en su gestión, sino que quebró todas las esperanzas que en algún momento hubieron podido generar. Son casi veinte años que han desembocado en el desmejoramiento total de las condiciones de vida. Pero a esto se le añade la represión que no se ha circunscrito hacia los sectores civiles disidentes políticamente, sino que arrecia —y con mucha rudeza y saña— también hacia los militares que protestan o dicen alguna opinión negativa contra esta pesarosa situación, o que simplemente aspiran a un cambio. Cuando la represión llega a esos niveles, cuando el gobierno no oye los reclamos de los trabajadores ni el clamor de la población que está sufriendo estas calamidades, no le queda al pueblo otra manera de hacerse oír que desconociendo a ese gobierno. Y, cuando tenemos un gobierno que es usurpador, con más razón la ciudadanía está llamada a levantarse, a protestar, a rebelarse contra esas políticas, a organizarse y a adquirir la fuerza, la disposición y la conciencia para que pueda desarrollarse esta lucha exitosamente.

Nuestro pueblo está llamado a jugar un rol que puede dejarse en manos de otros, que nos corresponde a nosotros como ciudadanos. Desde luego que sirve de muchísimo aliento ver a las enfermeras tomar las calles en su lucha, mantenerse durante cuatro días, que arrancó con un día de paro, y que se ha man-tenido con la incorporación de nuevos sectores con acciones de calle, haciéndose ver, levantando la voz, elevando su reclamo y pidiendo el cambio político. Allí se nota que hay una toma de conciencia en el sentido de que los problemas reivindicativos tienen una íntima y directa relación con la exigencia política, pues en este caso el patrón es el gobierno y el reclamo es nacional por salarios dignos de todos los trabajadores. Esta lucha tiene una importancia trascendental y, seguramente, será un pivote hacia acciones más generales y más contundentes.

Estas luchas tienen la característica que están siendo dirigidas por sectores organizados, gremiales y sindicales, y más conscientes, con la capacidad de librar acciones de mayor contundencia. Ello sirve de aliento a todos quienes estamos en el convencimiento, en la lucha, en la disposición de luchar por un cambio político en Venezuela de manera urgente. El país no aguanta más este gobierno, o mejor: este desgobierno, esta anomia. Venezuela no soporta más este desastre, esta hambruna, este empobrecimiento generalizado y brutal que se vive en nuestra sociedad. El país reclama cambio, y ese cambio depende de cada uno de nosotros.

Rebelarnos es ahora un derecho amparado en los artículos 333 y 350 de la Constitución, pero es también un deber ciudadano.

Restituir la vigencia de la Constitución, rescatar las libertades democráticas, restablecer el estado de derecho, son necesidades urgentes para que puedan abrirse los espacios donde todas estas luchas reivindicativas puedan desarrollarse tranquilamente y obtener resultados positivos y respuestas de fondo a los problemas. No es con el oído tapado, no es con los ojos vendados, como se puede tratar al pueblo que vive tan dramática y angustiosa situación. Hay que prestarle atención a los problemas, generar políticas que de verdad resuelvan esos problemas, darle respuestas a todos los asuntos que competen al Estado porque son de carácter nacional, y a la vez preocuparse por la eficacia en la gestión, en la prestación de servicios públicos. Y eso no es lo que se está viendo de parte de la actual administración. Hoy más que nunca el pueblo venezolano está convocado a la unidad y a la lucha por el cambio político.

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1 Comentario

  1. señores gobierno, tu ya has dado todo y no has podido dar repuesta positivas, ya dale paso a otro que pruebe, no podemos seguir esperando por alguien que no da muestra de mejoras, es momento de intentar, hay es donde viene el cuento el señor gobierno, al pensar, ellos pretenden decir que lo están haciendo esta bien y insistir en un modelo económico que para el pueblo es imposible vivir, salario que no te alcanzan ni para comer como se debe, ya basta que los venezolanos que hemos adoptados nuevas manera de comer, todo por que tu sueldo no da para comprar carne, pollo, pescado a excepciona de sardina, tu sueldo mucho menos da para medicina que son inevitables, los gasto para pagar servicios, los gasto de los colegios en todas las categorías, la gente tiene que vestir no podemos andar desnudos, como compras una casa o re modelas la que tienes como las mantiene, el sueldo no da para comprar un bombillo menos pintura restaurarlas, como compras un electrodoméstico, ni para reparar el viejo, esto no da animo de vivir en el pais que nos pario ir a toda una jornada de trabajo una semana un mes y para que vale solo para comprar cuatro o cinco artículos , de verdad ya no podemos

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