Una cadena me ha sido enviada varias veces a mi teléfono y a algunos grupos en los que estoy añadido. Es un poema. Uno de quienes me la ha enviado, seguramente sin constatar, ha sido el muy estimado Werner Corrales, a quien le tengo el aprecio de un investigador y luchador por la democracia y por Venezuela.

El poema, del poeta ruso Vladimir Maiakovski, llevaba siempre en el mensaje difundido la siguiente coletilla: Poeta ruso (1893-1930) que terminó pegándose un tiro cuando se dio cuenta de que no había hombre libre en el socialismo soviético, sino una nueva forma de esclavitud, la peor de todas: la del pensamiento.

Esta fue mi respuesta:

Werner, te escribo por una breve investigación que hice sobre Maiakovski y su poema.

Aparece como escrito el 30 de julio de 1912 en una serie de publicaciones contra los alemanes en el desarrollo de la primera guerra mundial, cuando alemanes se proponían, tiempo después, la invasión contra Rusia.

Sus poemas aparecieron por primera vez junto David Burliuk y Velimir Jlébnikov, en el Manifiesto “La bofetada al gusto del público”. Este poeta ingresó de inmediato al partido bolchevique y fue un extraordinario exponente de las ideas más cercanas a Lenin y a Stalin en cuanto a poesía, arte expresiva, entre otras.

Al final de su vida efectivamente se desengañó de la vida soviética que se había desarrollado hasta ese momento, tanto de los pequeños burgueses soviéticos como de los escritores y los críticos que escribían en su contra, así como contra el Proletkult (Cultura proletaria) de la cuál él era de los más grandes exponentes.

Se suicidó sufriendo depresión, ciertamente, y esta era una condición médica concreta que lo llevó finalmente a la muerte. Pero hasta sus últimos días, fue líder de la poesía bolchevique y socialista. Jamás traicionó ni se desvió de su camino, a pesar de lo convulso de más de una década de guerra civil que padeció Rusia durante 1917 y hasta 1930.

Pero le agrego un detallazo sobre Maiakovski. Tras su muerte, al ser atacado por algunos “bolcheviques” en la prensa soviética y señalado como “formalista”, Lilia Brik escribió en 1935 a Stalin señalándole la situación con el poeta y el ataque a su obra como “peligrosa para la revolución”. Stalin le respondió con el siguiente comentario y por escrito:

“Camarada Yezhov, ocúpese de la carta de Brik. Mayakovski sigue siendo el mejor y más talentoso de los poetas de la época soviética. La indiferencia a su legado cultural es un crimen. En mi opinión, los reclamos de Brik están justificados…”. Es decir, hasta luego de su muerte, incluso el “terrible” Stalin, lo reivindicó y promovió toda su obra. A pesar de que el propio partido quería crucificarlo.

Les coloco el poema:

La primera noche ellos se acercan y cogen una flor de nuestro jardín, y no decimos nada.

La segunda noche ya no se esconden, pisan las flores, matan a nuestro perro y no decimos nada.

Hasta que un día, el más frágil de ellos, entra solo en nuestra casa, nos roba la luna, y conociendo nuestro miedo, nos arranca la voz de la garganta.

Y porque no dijimos nada, ya no podemos decir nada…

 Vladimir Maiakovski, siempre bolchevique

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