Esta izquierda que vemos en las calles es, a la izquierda del siglo XIX y XX, el equivalente del reguetón a la música latina.

1) Como el reguetón, solo se compromete con el oportunismo, solo quiere ganar presidencias. Solo piensa en Estados grandes, llenos de dinero (que otros hicieron) para repartirse entre ellos y financiar así proyectos que den cuenta de su soberbia babélica. Por ello, no les basta el ingreso de los trabajadores, sino que se endeudan con los chinos, los rusos y el mismo e inefable FMI. Para luego denunciar, con patente cinismo, las tretas del imperialismo financiero sobre sus victimizadas naciones.

Patean a su pueblo y le echan la culpa a la empresa que fabricó las botas. Como el reguetón, que solo va por la oportunidad de un chance en una disco, que solo quiere grandes y voluminosas nalgas que se contorneen al son de sus pequeños miembros, esta izquierda usa consignas vacías, memes superficiales y teorías que, más que escritas por Marx, parecen escritas por Arjona.

Incendian el edificio de la luz eléctrica, buses, ambulancias y metros y luego dicen “la culpa no es mía, es del sistema, que es más violento que yo”. La llaman “violencia estructural” en países donde funcionan mal que bien los tribunales, hay elecciones libres y regulares (¡y muchas veces las ganan!), los partidos políticos se expresan libremente, no se tortura y, a veces, la policía huye despavorida, se deja secuestrar en Quito o se esconde para no enfrentar a los tribunales por excesos contra los Derechos Humanos. Queman Barcelona, atemorizan a los ciudadanos chilenos, aterrorizan a los quiteños, porque, no se trata de pobres, ni de ausencia de autonomía, ni de que no hay un Estado de Derecho donde su especificidad histórica no pueda reconocerse, sino que “ayer se alimentaron de Castilla y hoy Castilla se alimenta de ellos”.

Ayer fueron revolución ciudadana y hoy no son. Ayer Allende brillaba sobre un futuro esplendoroso y hoy está Piñera con sus milicos. Eso si, votado por todos. Y eso es lo considerado “violencia estructural”.

2) Por supuesto que, como en el reguetón, la sociedad es injusta, está manejada por cúpulas que ejercen violencia y manipulan los tejidos sociales. Por eso, ante el puritanismo y la hipocresía sexual, muchas chicas llenas de hormonas se dejan subyugar por el deseo de un sexo reguetonero desenfrenado, abundante, lleno de morbo. Son el poder, nadie debería dudar de eso. Y queremos una sociedad más justa. El deseo de libertad y justicia es la energía de todas estas protestas. Pero ¿dónde estaban los autonomistas, las JJCC de Chile, los correistas o Patria Roja de Perú, cuando 3 millones de venezolanos, con los niveles más bajos de sub-nutrición en toda la historia regional del siglo XXI, escapando de las bayonetas, las torturas públicas, la vigilancia de las UVC de su propio barrio, del dengue y la chikunguya, tuvieron que salir a pie, balsa o avión por el mundo, para pedir un mendrugo?

Esta respuesta dice mucho: la gran mayoría de ellos, estaba apoyando a Maduro. Esta es una izquierda reguetonera. Solo están allí por la oportunidad de volver a las eróticas dulzuras del poder, aprovechándose de la indignación legítima de su gente y el morbo del fuego en las cosas ajenas.Prefiero el reguetón, de hecho: por lo menos son lo que ofrecen.

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