Es un proceso. Sigue en desarrollo. Se inicia con la pérdida gradual, a momentos acelerada, de la condición de equivalente universal del bolívar desde 1983. Se va afianzando hasta ser sustituido físicamente hoy día por el dólar, cuando es profusa su tenencia en el mercado. Y es que la fortaleza de cualquier signo monetario, de su expresión en papel moneda, radica en la propia de la economía. Ello se va a expresar, entre otros aspectos, en el déficit o equilibrio fiscal.

Encuentra un origen orgánico eso del déficit. El asunto no es que el desequilibrio conduzca a la inflación. La cosa es un tanto más compleja. Se crea déficit ya que se va desacelerando la economía. La dependencia de la producción petrolera y de su precio, es el resultado de una división internacional del trabajo impuesta por las grandes economías. Venezuela ha lucido condenada a especializarse en la producción de petróleo. Obtenemos ganancias, superganancias, con el comercio del crudo y estamos obligados a la compra de bienes finales a los países imperialistas. Al caer los precios del crudo, no hay cómo cubrir el presupuesto de gastos. De allí la presión inflacionaria. La reproducción de dinero inorgánico para cubrir el déficit se convierte en una alternativa a la cual se le echa mano para atender otros compromisos como el del pago de la deuda pública. Un impuesto indirecto pues. Caen los salarios. La gente cubre el déficit con su pobreza. Comienza a perder condiciones el signo monetario. Caen las reservas internacionales, se debilita el dinero en cuestión.

Algo de historia y más

Luego de la guerra nacional de independencia sometidos básicamente por Inglaterra, importábamos de la economía más importante del planeta. Luego de Estados Unidos, principalmente, desde las primeras décadas del siglo XX. Tendencia centenaria pues. Tuvo uno que otro bemol. La segunda gran guerra, por ejemplo, condujo a cierto progreso, obligada la República a elevar el avance, desarrollo y producción, en algunas ramas, dada la disminución temporal de las importaciones. EEUU debía atender la demanda de bienes bélicos, por lo que se ralentizó la producción de algunos importantes bienes finales de la industria ligera exportables. De allí, hasta el derrocamiento de la dictadura de Pérez Jiménez, el bolívar mantiene la estabilidad y fortaleza al punto de que es reconocido como divisa en diversos mercados.

Más adelante, durante el gobierno de Betancourt, cuando se devalúa a 4,30 por dólar, se muestra un signo claro de debilidad del bolívar. Sin embargo, su recuperación va pareja a la de la economía, de los precios del crudo y el volumen de exportación. Así, hasta 1983, hay una relativa estabilidad del bolívar. El viernes negro va a marcar un hito en esta brevísima historia. En lo sucesivo hasta hoy, es un continuo. Devaluaciones mediadas por períodos de diversos controles van a marcar la trayectoria descrita por el signo monetario.

1989 es un año que marca un nuevo emblema. Se implanta la liberalización extrema con el sector externo de la economía. Venezuela se incorpora a la Organización Mundial de Comercio (OMC). Además, el gobierno contrae una deuda que condiciona la economía como la propia a acreedor alguno. Se acelera la sustitución del bolívar como referente de la riqueza y medio de atesoramiento y capitalización.

Se comienza así un proceso de desertificación del aparato productivo de carácter estratégico. Su debilitamiento frente al producto importado, más competitivo, conduce inexorablemente a una mayor especialización, a la tendencia a la monoproducción. A depender del ritmo de la producción del petróleo y de su precio en el mercado. La importación se hace cada vez mayor sustituyendo la producción nacional con el producto importado más competitivo. Los dueños de medios, muchos de ellos, se cambian de productores a importadores.

Simultáneamente, se inicia el desarrollo de la inflación crónica que, a momentos, marcaba un espiral que apuntaba hacia la hiperinflación.

Cuestiones elementales

La economía real, su crecimiento, permite el incremento de la recaudación vía impuesto sobre la renta. El aumento de la capacidad de demanda social también permite elevar la recaudación vía tributos, IVA, impuestos a licores y cigarrillos, entre otros. Así, el crecimiento económico, parejo al crecimiento vegetativo y de nuevos gastos presupuestados, permite que no haya déficit fiscal. Céteris páribus, que vayan creciendo los gastos y los ingresos de manera relativamente armónica, es el resultado del crecimiento y el desarrollo. Con ello no hay fluctuaciones en la paridad respecto de la divisa. Cumple con su papel de intermediador en las transacciones. Sirve a la capitalización y al atesoramiento.

Así, no es gratuito el hecho de que el bolívar durante décadas llegara a ser una moneda fuerte. Desde la aparición del bolívar, hasta la década de los sesenta del siglo pasado, hubo bastante estabilidad. Pasada la crisis del primer gobierno de la democracia bipartidista, la estabilidad relativa se alcanza hasta 1983. Luego, la propensión al debilitamiento hasta llegar a la dolarización actual como referencia, medio de cambio y capitalización y el desecho del bolívar.

Pero, al ser dominante la tendencia al freno del desarrollo y crecimiento de la economía venezolana, ha estado presente la propensión al debilitamiento del bolívar. La pérdida del poder adquisitivo, expresado en las innumerables devaluaciones, obedece a una política económica de desmantelamiento de buena parte del aparato productivo. Importar y sustituir producción nacional. La baja del precio y producción de petróleo, lleva a la inflación.

De allí que el problema no es que se aplique una u otra política monetaria o fiscal. El asunto es el desarrollo dependiente de nuestra economía. El problema encuentra su raíz, en el hecho objetivo, en la producción de riqueza. De nueva y creciente riqueza.

Si partimos del presupuesto de que la fortaleza de un signo monetario la encontramos en la economía, en su respaldo en oro y los activos en el Banco Central del país en cuestión, podemos ubicar que su debilidad se encuentra en la antítesis de esas consideraciones.

El dinero es el equivalente universal. Luego, es una mercancía. Si es una mercancía, también tiene valor de cambio. El papel moneda o el dinero electrónico representan ese valor. Si se reproduce en exceso, en relación con el oro, las divisas y la economía real, la inflación aparece de manera inexorable. De allí que el oro nunca ha dejado de ser dinero. Así como las criptomonedas copan parte del dinero mundial. Mientras, el llamado dinero fíat, o el papel moneda o electrónico sin respaldo, fluctúan con base en su y su relación con la riqueza que representan.

Tomado de El Pitazo

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