Venezuela es descrita como un país donde los niños no tienen oportunidades de jugar, de esparcirse; donde garantizar el derecho a la recreación y al juego es obligatorio para el Estado y la sociedad según la Ley Orgánica para la Protección del Niño, Niña y Adolescente. Aun así, los niños y su creatividad no escapan a las condiciones de vida a las que está expuesta la población. El hambre, la miseria, las enfermedades, pero, también la constante lucha que ha librado la resistencia.

Los jóvenes y adolescentes que durante más de 120 días se han mantenido en pie de lucha contra la Dictadura de Maduro, expresándose de diversas formas en las calles venezolanas, siendo la más preponderante enfrentar a las fuerzas policiales utilizando como protección escudos de madera, cascos, máscaras antigases, guantes de carnaza y una franela para proteger sus rostros de la Policía Política (Sebin), lo que es parte de lo que podríamos denominar una “dotación de frenteo”, que ellos describen como el insumo más básico.

Los constantes enfrentamientos al régimen y el descontento popular está presente ampliamente en zonas populares. Ya el discurso oficialista de que solo son los ricos los que están librando una lucha que desde la Dictadura ubicaron como “terroristas”, se desmoronó. Son nuestras zonas populares las que están peleando para volver a una democracia, no la del Pacto de Punto Fijo sino la forma que da la posibilidad de disentir, de levantar la voz sin ser reprimido, la que en la constitución vigente se tipifica en su articulo 68 como nuestra posibilidad de protestar sin pedirle permiso a nadie, sin establecer un cronograma.

Así, esta rebelión trajo consigo una estructura que poco a poco se rompe para darle paso al ser insurgente, a ese sujeto irreverente con propuesta en mano, con ideas de cambio social; esta rebelión trajo consigo un ejemplo de valor, sentido de partencia de zona de origen, de amistad y juego, ¿para quienes? Aunque sorprenda, fue principalmente para nuestros niños, esos chamos que necesitan zonas de esparcimiento para jugar, para poder correr sin ser asesinados por el hampa o ser reprimidos por la acción indiscriminada de los cuerpos policiales, en fin de cuentas, nuestra infancia se abre paso en la realidad porque necesita ser niñez.

Recientemente tuve la oportunidad de visitar una zona del Oeste de Caracas en la que entre música y abrazos fui recibido por vecinos del sector, que me relataban cómo ha sido su lucha en contra de este régimen. En medio de la conversación logré observar un niño con un casco y unos lentes de protección contra agua, llevaba agarrado lo que parecía un escudo muy improvisado hecho de cartón y partes de un vehiculo viejo abandonado en ese sector, pero mayor sorpresa lo que observe luego: venían corriendo y enfrentándose con pepas de mango a lo que parecía ser los cuerpos represivos de seguridad del Estado. Vinieron a mí los recuerdos de aquellas veces que tuve la oportunidad de jugar al policía y ladrón. Sin embargo, quedé estupefacto cuando se me dijo que estaban jugando a la resistencia versus la Policía. No sé cómo podía describir este juego, no sé si este fenómeno que es la resistencia venezolana ha logrado impactar de tal manera que se está moldeando a nuestros niños en sus juegos infantiles, con todo este escenario y viendo correr y tomar los espacios donde estaban sus casas, me vi obligado acercarme y conversar con ellos.

Hace años tuve la oportunidad de ser educador de calle de estos jóvenes cuando recorríamos las calles de Caracas para empezar un proceso de salida de las calles de aquellos jóvenes que estaban inmersos en el mundo de la callejizaciòn, pero también fui Consejero de Protección de Niños y Adolescentes del Municipio Sucre. Con esas experiencias y herramientas adquiridas me fue muy fácil entablar una conversación con estos niños que me echaron el cuento, como quien dice, de lo que estaban jugando. Describían que ellos jugaban a la Resistencia y que habían guarimberos y Guardias Nacionales. El juego consistía en enfrentar a Maduro. Mayor sorpresa esa expresión de los niños que en la conversación fueron describiéndome que jugaban con frutas, pepas de mango, que no podían lanzarlas con fuerza para no herirse, utilizaban los cascos de jugar béisbol, algunos pertenecen a ligas de béisbol infantil, los escudos eran hechos de material artesanal, existían escuderos y los que ayudan a lanzarles molotov (pepas de Mango) a los Guardias, y la idea era corretearse y compartir, pero lo cumbre de esto es que se colocaba una hora y un lugar para jugar, generalmente a partir de las 4pm, los que no llegan a tiempo asumían el rol de Guardias Nacionales y por supuesto nadie quería ser Guardia Nacional. Entre risas siguieron su relato. Son puntuales en el juego, muchos de ellos ayudan en los quehaceres del hogar porque no quieren llegar tarde al juego, procuran hacer sus actividades en la mañana pues no quieren llegar tarde al juego, los que saben que van a llegar tarde me expresaban que ni siquiera se aparecían, preferían llegar al siguiente día con puntualidad para no ser GNB. Sin embargo, habían logrado niveles de acuerdo entre ellos y se cambian los roles para que no se sientan excluidos algunos.

El fenómeno psicológico y social del que muchos podrían hacer estudios acerca de esta situación particular en el mundo como lo es la Resistencia, estos niños, les aseguro, preferirán estudiar y labrarse una profesión distinta a ser parte de la seguridad de un Estado represivo, que en este momento azota, reprime y vulnera los derechos de los conocidos del sector.

Ellos han sido víctimas de los gases lacrimógenos lanzados de manera indiscriminada en contra de sus hogares, muchos de ellos saben que la solución para contrarrestar los efectos de los gases es agua con bicarbonato y por supuesto se preparan para ello. Niños que deberían estar pendientes de jugar, se ven obligados a ser partícipes de la rebelión, pues sus padres, sus hermanos, sus amigos, luchan incesantemente para que esta dictadura cese su accionar en contra de la población venezolana.

Durante la conversa me expresaron que querían ser médicos para ayudar a los heridos de la resistencia, ingenieros para hacer mejores barricadas, pero querían ante todo ser niños, jugar, divertirse, reír. En mi despedida fui totalmente lleno de esperanzas de cambio, con una lagrima en la mejilla al ver que este escenario te mueve fibras entre la tristeza, la emoción y una suerte de esperanza para que caiga la Dictadura, sólo la acción decidida de los ciudadanos. Esos que día a día labramos incesantemente nuestra vida en la calles de las ciudades, de las fábricas, de las oficinas, comprendamos y seamos capaces de controlar nuestro miedo para despertar el día de mañana en un Nuevo Gobierno de Justicia y Unidad Nacional.

Fotos de https://twitter.com/Uninsensible

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