Como suele ser normal hoy en la anormal Venezuela, cada anuncio vinculado con la política genera un debate, intenso o no, que pone de manifiesto el crecimiento en la participación en estos asuntos, aunque no necesariamente ello se corresponda una elevación de la conciencia o claridad política.

Las elecciones regionales y, sin lugar a dudas el de la Operación David y la ANC, son de los que más ocupan espacios en el debate. Al primero de ellos dedicaré estas líneas, consciente de la carga emocional que sobre el mismo vierten quienes, desde diversos espacios, han venido enfrentando al régimen.

Frente a requerimientos de mi opinión acerca de este tema, he respondido que el problema no son las regionales, no son las elecciones, el problema es la ausencia de estrategia unitaria de la oposición para enfrentar a la Dictadura, empezando por el simple hecho de que no todos los factores de oposición la califican así.

A regímenes como el venezolano se les combate en todos los espacios, combinando diferentes formas de lucha, cuestión que diversos factores de oposición no terminan de entender. Algunos bajo el maniqueo argumento de la ruta pacífica, electoral y democrática, y otros desde la perspectiva de la resistencia y la rebelión.

Así que, no obstante la inexistencia de autonomía en los poderes, de la parcialidad del CNE y del estruendoso escándalo que significaron los resultados de la elección a la fraudulenta ANC, lo correcto es participar en las regionales. Así como lo correcto es mantener la presión de calle, la presión popular y organizar efectivamente al pueblo para salir de la dictadura, es decir; aprovechar todos los resquicios que deje el régimen y propinarle derrotas en cada uno de ellos. Eso es lo correcto.

Pero, he aquí el detalle, ha faltado voluntad política para acordar una estrategia unitaria que enfrente a la dictadura, tal como señalaba. De allí que, reitero, algunos insistan en adversar a un Gobierno al que le piden respetar o volver al marco constitucional, otros enfrentan a un régimen dictatorial desde hace al menos tres años, mientras que los demás apenas lo descubren desde hace poco más de cuatro meses, a lo que habría que agregar que para unos el régimen es militarista y despótico, para otros comunista y para unos tantos más es fascista, pasando por quienes lo califican como de mafias.

Ponerse de acuerdo sobre lo anterior implica caracterizar al régimen; asumir una definición conjunta acerca de su naturaleza, propósito e implicaciones, paso elemental para poder definir una estrategia unitaria. Pero más allá del intento hecho a finales del año 2012, de la que derivó el llamado informe Hospedales, no se ha concretado nada al respecto. De tal manera que si no se sabe a qué régimen se enfrenta, como saber consensuado y colectivo, fruto del análisis científico más que de los pareceres, difícilmente podrá definirse una estrategia unitaria.

Chequera de votos

Lo anterior se agrava si la mezquindad sigue siendo un rasgo característico entre la dirigencia y los partidos hegemónicos en la MUD, entre quienes pesan más las cuotas de poder y el afán de ocupar todos los espacios, buscando aplastar a todo aquel que no disponga de una acaudalada chequera de votos, al punto de sostener una permanente competencia por la hegemonía en la que los principios, así como la formación política e ideológica, ha sido desplazada por el oportunismo. Todo ello sin hurgar en la presencia de intereses de clase coincidentes, de muchos, con la dictadura en el poder.

De esta manera, participar en las regionales para algunos reivindica la necesidad de conquistar espacios para emplear y mantener a la militancia y los financistas, ejercitando el clientelismo, sin importar que ello esté desvinculado de una estrategia para salir del régimen, mientras que para otros, como resultado de la valentía y voluntarismo de sus líderes o bien de las convicciones políticas e ideológicas que le son propias, la conciben como un elemento clave para la acumulación de fuerzas orientadas a salir de la dictadura.

No obstante las consideraciones hechas, lo único seguro en un régimen de esta naturaleza es que quienes lo detentan hagan todo lo posible, siempre al margen del estado de derecho, para asegurar su permanencia en el poder, para cuyos efectos ya está decretada la subordinación de todos los poderes a lo que disponga la ANC. En este contexto es probable que esas elecciones no se den, por cuanto aun con el desencanto que muchos opositores han puesto de manifiesto frente a la participación en la misma, la derrota de la dictadura sería inevitable.

De manera tal que la cuestión de las regionales solo es un escenario más de combate, de enfrentamiento a un régimen que, debilitado en su respaldo popular e internacional, dispone de lo que carece la oposición; una estrategia para soportar los embates de un pueblo decidido a desplazarlo del poder, maniobrando de diversas maneras para crear desesperanza y resignación en la mayoría de los venezolanos.

El problema necesario y urgente de atender es el de definir una estrategia unitaria para enfrentar y derrotar a la dictadura, lo cual pasa por: a) Construir un amplísima unidad resumida en un Comando Nacional de la Resistencia; b) Abrir un debate amplio y unitario que permita caracterizar al régimen que adversamos; c) Acordar los métodos y formas de lucha en correspondencia con esa caracterización; d) Organizar al pueblo de forma autónoma para resistir y enfrentar a la dictadura; e) Levantar un programa de unidad y reconstrucción nacional que una todos los factores que enfrentan al régimen, sin exclusión, estableciendo acuerdos mínimos de gobernabilidad. Resuelto esto se entendería que la participación en las regionales es un asunto táctico que ayuda a la estrategia que apuntala el propósito de salir del régimen.

Atender estos asuntos no admiten mayor dilación, salvo que, en aras del inmediatismo se quiera seguir colaborando con un régimen cuyo destino es el ser desplazado por un pueblo insumiso y declarado en rebelión, que tampoco vacilará en llevarse por delante a quienes en nombre de la democracia quieran seguir truncando su progreso y bienestar.

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