Nos resulta imprescindible volver a atender este asunto. Muy a pesar de que el régimen está muy debilitado, moribundo para muchos, sigue teniendo importancia recalcar que es su base revisionista una de las determinaciones que lo siguen manteniendo en pie. Sobre todo en la arena internacional esta cuestión reviste importancia. Resulta importante su tratamiento, pues se trata de un problema concreto cuyas consecuencias han dejado mucha huella. Sumémosle la necesidad que tiene su correcto manejo en jóvenes que ingresan a las filas de la política en general y de la política revolucionaria en particular.

El revisionismo es una corriente cuyo espíritu no solamente se expresa en la forma que le da origen. Llena de la arrogancia propia del renegado, de los aires de cultura innovadora. El revisionismo se realiza de una manera muy diversa que va de formas “cultas”, siempre vulgares, a las maneras “primitivas” como las desarrolladas últimamente en América latina. Es un espíritu que tiene mil caras. Se cuela en el movimiento popular, de los trabajadores y de la clase obrera de manera muy diversa. Ayuda a su propagación virulenta la debilidad del movimiento comunista internacional en el terreno teórico, político y de su influencia de masas. Frente a lo cual el revisionismo se presenta como alternativa al servicio de las clases dominantes y el imperialismo amparado bajo el paraguas de causas nobles de la humanidad. De allí la necesidad de ubicar claramente su esencia para combatir sus expresiones diversas donde quiera que esté.

En las actuales circunstancias resulta más sencillo desenmascarar el régimen chavista y su carácter despótico apoyado en el revisionismo de medio pelo, del que hacen gala para legitimarse a escala nacional e internacional. Son tantas las evidencias del carácter del régimen, no reducidas a la exorbitante corrupción, que hoy día la tarea se facilita. Es corrupto el régimen, de eso no hay dudas. Sigue siendo un mecanismo de acumulación habida cuenta precisamente del hecho de que la destrucción del aparato productivo —para satisfacer demandas fundamentales de la oligarquía financiera— debilita las posibilidades de canalización de los ingresos extraordinarios hacia la inversión productiva de manera clásica. Además, la descomposición moral de quienes asumieron el poder a nombre de una “revolución” —como mampara, claro está— conduce a que se afiance esta tendencia de convertir la corrupción, que parece no contar con precedentes, como mecanismo de acumulación de capitales.

Lo fundamental es que se trata de un régimen al servicio del capital financiero. La banca y los importadores, junto a los que mayormente logran centralizar el capital, como el grupo Polar, por ejemplo, junto a las fortunas malhabidas, han sido los grandes beneficiarios. Junto a esto, luce también de fundamento la política que profundiza la dependencia del país al capital financiero, y con ello el papel de Venezuela en la división internacional del trabajo como proveedor de materias primas, petróleo y minería, y comprador neto de bienes finales. El corolario, por lo pronto, una catástrofe que parece no llegar al final. Lo que nace como una esperanza deviene en una tragedia en varios actos. Probablemente estemos viviendo el último. Cuando debería caer el telón en medio de una verdadera esperanza revolucionaria.

Con todo, sigue habiendo gente que se identifica con el régimen. La irracionalidad no sólo prende en los sectores más atrasados de la sociedad. El chavismo sigue contando con sectores intelectuales. Profesionales, gente honesta y trabajadora, sigue guardando simpatías por el régimen y más aún por la figura de Chávez. Muy a pesar de las evidencias, se identifican como chavistas. Pesa el irracionalismo sembrado mediante una estética que combina resentimiento con fraseología, aun siendo contraria con las evidencias. La ceguera de algunos hace recordar el penoso episodio en medio de la derrota nazi. Muchos ciudadanos decían no conocer lo dantesco que había bajo el imperio del führer.

Pesa el hecho de que no se ha levantado una propuesta alternativa de carácter progresista de verdad, desde la perspectiva nacional y popular. Por el contrario, en franco acuerdo con el chavismo para salvar el sistema, apenas luce como una alternativa electoral cuando así lo disponga el despotismo. Aun así, son claros los resultados y las políticas que condenan al país a transitar un camino de penurias. Pero, el chavismo que resta se nutre de oportunistas, resentidos y aquellos atados a una mitología esperanzadora en su oportunidad.

En este contexto, sorprende que muchos partidos de Latinoamérica y el mundo que se asumen marxista-leninistas no logren ubicar —¡a estas alturas!— la naturaleza de clase del régimen en su expresión revisionista. Cuestión que nos obliga todavía más a cumplir con este deber de clarificar sobre este aspecto fundamental en la política venezolana y de la región. La mimetización de que se vale la burguesía —la oligarquía financiera, para ser más precisos— encuentra en el revisionismo una expresión bastante acabada. Sumemos que los cambios que se producen a escala planetaria requieren que las maneras de expresarse los modos de dominación sean muy creativas. Capaces de alcanzar cambios gatopardianos y preservar el orden burgués.

Por el contrario, varios factores de la Conferencia Internacional de Partidos y Organizaciones Marxista Leninistas (Cipoml), del revisionismo y el reformismo en general, guardaron y aún guardan convicción de que estábamos frente a un régimen al menos antiimperialista y de buenas intenciones en favor del pueblo. Otros, más audaces, llegaron a tener convicción de que se trataba, y se trata, de un proyecto socialista con aquello del socialismo del siglo XXI, como se evidencia en las medidas de ampliación de la capacidad de demanda social, unido a la fraseología estridente contra el imperialismo y la burguesía. No lograban ver, y algunos aún no lo logran, la naturaleza de su política, constitución y leyes en favor del capital. Así, en vez de convertirse en reserva estratégica a favor del pueblo y de los revolucionarios venezolanos, le sirvieron, y aún le sirven algunos, al despotismo chavista y su misión salvadora del orden capitalista dependiente y semicolonial.

Recordamos la sabia respuesta que diera el comunista italiano Ubaldo Buttafava a estos supinos argumentos en la Cipoml, realizada en Copenhague en 2003, cuando, en medio de la polémica que allí se daba acerca de Venezuela, vaticinó de manera muy sabia que el chavismo iría a cobijarse en el imperialismo ruso y chino, bajo la tesis de enfrentar a otro imperialismo. Premonitorias palabras. Así, el chavismo, cumpliendo tareas encomendadas por la oligarquía financiera, logra, a su vez, hacerse de nuevos socios.

Sin embargo, luego, partidos que inicialmente brindaron su respaldo a gobiernos en sus países que se aproximaban a este tinte, hubieron de romper con tales gestiones al ver realizados desarrollos que adquieren perfiles que claramente evidenciaban su naturaleza.

Tales apoyos surgen, inicialmente o de manera permanente, unas veces por la oferta y aplicación de políticas expansivas que parecen enceguecerlos con aquello del combate al hambre y algunas condiciones de reproducción de la fuerza de trabajo que, lejos de abrirle paso a la perspectiva revolucionaria, recrean el orden burgués. A lo que se une la postura antiimperialista de palabras. Luego, ante los vaivenes de la economía capitalista dependiente, surgen las medidas restrictivas para cubrir el gasto público o atraer capitales basados en la baratura de la fuerza de trabajo nativa.

No se percatan estos factores de que en Venezuela las cosas no son como dice la fraseología chavista. Alguien pudiese pensar que se trata de ignorancia. Sin embargo, a pesar de que mucho de eso existe, lo fundamental es el oportunismo que los guía, así como el tinte irracional con que nutren su política.

Las técnicas de propaganda y la capacidad de tergiversación de los hechos han sido perfeccionadas por el chavismo, aunque ya bajan a escalas cada vez más pedestres, siempre bajo aquella premisa según la cual los medios de comunicación construyen la realidad y que ellos, por tanto, están en el deber de crear la propia. Se trata de una política y técnicas en consecuencia propias de regímenes de corte fascista que nada tienen que envidiar a las propias del imperialismo de cualquier pelaje. En esta última etapa han tenido la desvergüenza de poner en escena un golpe de Estado inexistente que imita los episodios de la época de Hitler como la quema del Reichstag, o el episodio que se usa como excusa para la noche de los cristales rotos. Parten de la máxima nietzcheana de que la mentira puede ser superior a la verdad, si favorece a la vida. Por supuesto, la vida desde una perspectiva particular: la irracionalidad. De allí su tinte revisionista de izquierda.

Bajo esa propaganda se entiende que hagan coro quienes se ven engañados por la fraseología, los intelectuales tarifados, oportunistas de todo tinte, mercachifles de la política de “izquierda” o “progresista”, entre otros. Algunos timados en su buena fe, aunque ello evidencie mediocridad. Pero que sean embaucadas organizaciones que se asumen como vanguardia de sus pueblos resulta lamentable. Sobre todo si partimos del criterio según el cual ser marxista-leninista en las actuales condiciones es combatir el revisionismo en cualquiera de sus expresiones. Lo que supone capacidad para identificarlas. Poner en práctica aquello del análisis concreto de las realidades concretas. Ubicar, por ejemplo, la realización de la sentencia universal de que el revisionismo es ideología burguesa. Luego, combatirla en cualquiera de sus manifestaciones, tanto como se combate cualquier expresión de la ideología burguesa en sus formas tradicionales.

De otra parte, partidos y organizaciones, incluso de las que se asumen marxista-leninistas, no logran ubicar que la táctica —en las circunstancias en que nos ha tocado enfrentar esta forma de dominación burguesa, en la cual se combinan determinaciones objetivas y subjetivas que apuntalan una circunstancia revolucionaria— fuerza a los comunistas a diseñar una política capaz de abrir caminos que permitan crear las mejores condiciones para dar, en su oportunidad, el golpe estratégico con la mayor contundencia. Aunque para ello debamos adelantar una política de unidad y alianzas difícil de digerir.

Si somos consecuentes con la obra de Stalin, debemos ubicar que el diseño de la política del frente popular iba en esta dirección. Por lo que no sólo no se comprende la política de Bandera Roja en estas condiciones, sino que no comprenden a Stalin ni lo asumen como uno de los pilares del comunismo científico. Por el contrario, parecen ir a la zaga del prejuicio incentivado por diversos sectores revisionistas. Entendiendo la unidad y las alianzas concretas como resultado del enfrentamiento a regímenes fascistas o con sus rasgos, que fuerzan a la mayor amplitud frente al cercenamiento de las libertades democráticas burguesas, la represión y la recreación de la ideología burguesa mediante el irracionalismo de distintos signos.

Ahora bien, luego de la muerte de Stalin y la restauración capitalista en la Unión Soviética y más adelante en China, no ha habido una referencia planetaria acerca de la ciencia del capital y, por ende, de las luchas de los trabajadores por el socialismo. No se cuenta con una autoridad capaz de nuclear y orientar a los factores marxista-leninistas. Una referencia que sea capaz de orientar con tal fuerza, sobre la base en la ciencia marxista, que contribuya a anular, en lo posible, las dudas, vacilaciones y tendencias que terminan por asumir posiciones revisionistas y subjetivistas de diverso tipo. O, bien, que produzca la literatura capaz de orientar y enfrentar las ideas erróneas. Al menos de orientar el desarrollo de las polémicas naturales del movimiento comunista. Esa autoridad o referencia hay que construirla. Sobre todo en momentos en los cuales el movimiento comunista internacional luce disgregado y lleno de vacilaciones y debilidades teóricas y conceptuales sobre aspectos elementales de la política. Frente a estas formas de dominación levantadas en Latinoamérica, por ejemplo, resulta penoso cómo movimientos que se asumen marxistas, quedan deslumbrados por la fraseología, sin detenerse en las realizaciones políticas y económica y en apuntar a qué intereses benefician. Otros —luego de llegar a conclusiones acertadas respecto de la caracterización del régimen— quedan paralizados, se inhiben frente al chantaje de quienes prefieren mantenerse con esa falsa pureza pequeño-burguesa basada en una ética individualista e inútil. Frente a la política de unidad y alianzas con partidos burgueses, toman esa postura que luego deben desdecir, como le sucede al PCML de Ecuador que dieron su apoyo a Lasso frente al régimen de Correa.

Una vez más, al respecto, vale recordar las palabras de Enver Hoxha: “… la forma más adecuada de penetración de la ideología burguesa (…) es la forma del revisionismo, el cual no es más que la ideología burguesa enmascarada con fraseología marxista y socialista”. A eso apeló el orden para preservarse frente al peligro revolucionario. Atender este llamado es lo que permitirá no esperar, como en el caso que nos ocupa, que sea la experiencia histórica la que corrobore en la vida lo que podemos predecir, si nos ajustamos a los principios, a la ciencia y al sentido de clase de los proletarios.

Por supuesto, no basta la cientificidad de los análisis. Es necesario el diseño de políticas que cuenten con la eficacia capaz de insurgir con la fuerza que demandan los pueblos como alternativa real frente a cualquier forma de dominación burguesa, en medio de una crisis revolucionaria que surja acá o allá. Es imprescindible, no solo por la responsabilidad frente a una nación u otra, o frente a un pueblo en particular, sino ante los trabajadores del mundo, diseñar una política que en verdad haga mella al orden establecido. Que se atreva a una nueva aventura realmente esperanzadora de los pueblos del mundo. Experiencia que no puede ser otra que el triunfo de un proceso revolucionario rumbo al socialismo científico.

Nuevas formas de dominación en Latinoamérica y el revisionismo actual

Las crisis revolucionarias en Latinoamérica —una oleada que tuvo como epicentros los levantamientos espontáneos en varios países, principalmente en Venezuela en 1989— derivaron en las crisis políticas que pusieron en peligro el orden imperante. La salida burguesa para salvar el orden fue el de recrear las formas de dominación con las consabidas fórmulas “socialistas”. Nuevamente Venezuela resalta en la figura de Chávez.

En Latinoamérica nos vimos sorprendidos por la posición asumida por algunos de quienes se inscriben de palabra en la corriente marxista-leninista, pues no fueron capaces de ver un atisbo de lo esencial del asunto, por basarse en un análisis dogmático y oportunista. Ni siquiera porque a la postre hubieron de enfrentar aspectos de la misma política en sus países logran ver el carácter del régimen chavista. Claro, antes hubieron de dar muestras claras de un abierto oportunismo. Destaca el caso del PCML del Ecuador, quienes apoyaron al chavismo y propiciaron la entrada en la Cipoml de un grupo que se hace en llamar marxista-leninista, pero a todas luces oportunista. Luego de más de tres lustros de evidencias acerca de la naturaleza de clase del chavismo, siguen buscando argumentos para justificar su errónea caracterización creando un enredo que atenta contra la inteligencia. Nada que ver con el marxismo-leninismo. Este grupo, el asumido por la Cipoml, caracteriza al chavismo como un régimen patriótico. A propósito de la muerte de Chávez, en su declaración se lamentan así:

… la muerte de este potente farol de lucha democrática y popular antiimperialista. No concebimos rechazar a un gobierno que ha dado pasos agigantados para el fortalecimiento de la organización popular, las leyes del materialismo histórico de por sí desenmascaran a los sectarios que pretenden descalificar al gobierno progresista y popular de Venezuela.

El revisionismo en América Latina, particularmente en Venezuela, ha contado con diversas vertientes, para las cuales ya habrá tiempo de dar cuenta. Las condiciones presentadas en las últimas décadas han conducido a que algunas de ellas adquieran importancia para las clases dominantes hasta configurar formas de dominación capaces de atemperar los procesos revolucionarios en ciernes a favor de la oligarquía financiera.

Un asunto particular

En ese sentido, la presencia de Cuba ha permitido barnizar a estos regímenes. Cuestión que nos retrotrae a las polémicas en torno de la construcción del socialismo en general y en particular sobre la experiencia cubana, así como aquellas que pugnaron por la implantación de regímenes populares y de sentido nacional, como el de Jacobo Árbenz en Guatemala, muy diferente a los procesos militares de apariencia progresista como en Perú con Velazco Alvarado, entre otros.

Como era de esperarse, a propósito de la muerte de Fidel Castro, han surgido muchas cuestiones controversiales. De una parte, para meternos en las de más peso, surge la valoración maniquea. Los anticomunistas aprovechan para lanzar una ofensiva contra la figura en cuestión para atacar la perspectiva revolucionaria. Por otro lado, a pesar de las dificultades que encuentran, hay quienes buscan una valoración con base en “aportes” y respuestas a circunstancias difíciles de sortear. Otros apenas se centran en valorar el carisma de quien sin dudas copó la escena internacional durante años, potenciada por un discurso que prendió en mucha gente que llegó a identificar la causa popular y revolucionaria con su figura. Hay quienes lo valoran con base en la asunción de la forma de lucha superior. Aquella que pone en riesgo el pellejo de quien la asume. Ciertamente se trata de un gesto digno de ser valorado en la lucha contra el imperialismo y la opresión. Aunque no define la naturaleza de los cambios a seguir, la lucha armada luce como ejemplo para las transformaciones radicales que demandan los pueblos del mundo en ese momento. Sin embargo, reiteramos una vez más que una forma de lucha, por muy arriesgada que sea, no determina la naturaleza de clase de una política, ni el curso de los acontecimientos.

La revolución cubana, como gesta contra el imperialismo estadounidense, representó y representa un hito histórico que anida en la conciencia de todos los revolucionarios y pueblos del mundo, particularmente en Latinoamérica. Ese es un hecho, desde nuestra perspectiva, incontrovertible.

Independientemente de la desviación foquista —interpretación que trata de universalizar una experiencia, con la consiguiente influencia en el desarrollo de la lucha armada en muchos países del continente—, esta heroica experiencia del pueblo cubano, bajo el liderazgo de Fidel, avivó el espíritu antiimperialista y revolucionario sobre todo en la juventud. Sirvió de acicate a las rebeliones que sembraron la historia de experiencias revolucionarias consecuentes con el lema de “tomar el cielo por asalto”. Así como la Comuna de París fue una experiencia histórica que sembró en la conciencia de los trabajadores del mundo las posibilidades del socialismo, la revolución cubana siembra esa esperanza en Latinoamérica. Sin embargo, la revolución, cabe la expresión, fue inconclusa.

La respuesta del pueblo cubano frente a la agresión del imperialismo estadounidense, bajo el mando de Fidel, ciertamente fue firme. Resistió el bloqueo imperialista de manera heroica durante décadas a costa de padecer grandes limitaciones. Eso despertó —además de la solidaridad de todos los revolucionarios y sectores progresistas del mundo entero con el pueblo cubano— una identificación positiva con quien lideró esa tradición.

Sin embargo, creemos que el gobierno cubano, bajo el mando de Fidel, contribuyó y contribuye al crecimiento del revisionismo. En sí misma, la experiencia cubana es una de sus expresiones. En ella —en la figura de Fidel y del gobierno cubano, así como en figuras de la revolución cubana y latinoamericana— encuentran legitimidad déspotas de la talla de Chávez, para barnizar su figura hasta presentarse como paladín en la construcción del socialismo del siglo XXI. Más aún, la idea del tal “socialismo” es legitimada por el propio Fidel al identificarla con el comunismo. Cuestiones que ponen en el tapete la lejanía de los cubanos del enfrentamiento al revisionismo. No puede ser de otra manera cuando el proceso político y económico —en buena medida orientado por el Che hasta que deja los cargos de Estado— es dejado a un lado. Luego de lo cual el gobierno cubano asume las tesis del XX Congreso del PCUS, como la división internacional del trabajo socialista, que profundizó el carácter monoproductor de la isla para favorecer al socialimperialismo.

Las tesis del Che en la búsqueda de la construcción del socialismo tenía por base principios como el jerarquizar la diversificación de la industria, por encima de la producción tradicional; frenar la acción de la forma valor, entre otros aspectos, que luego fueron sustituidos por las orientaciones del revisionismo, colocando a Cuba bajo su égida. Debate inconcluso que ha llevado a muchos a afirmar que la ida del Che a otras latitudes fue el resultado de las contradicciones internas en el gobierno cubano, en la dirección del Partido Comunista de Cuba. Además, la búsqueda del Che en la dirección de construir el socialismo, sobre el camino científico del proceso, sus reflexiones y definición de la planificación como elemento central para alcanzar la armonización del desarrollo de las distintas ramas de la producción, entre otros aspectos, son la evidencia de que no tenía cabida en Cuba. Ideas y reflexiones que se pueden apreciar en varios escritos sobre el Che, incluidas polémicas con economistas de otras latitudes, y que se plasman en el libro Apuntes críticos de economía política, publicado muchos años después de su muerte.

Bajo este rumbo escogido por el gobierno cubano, para reforzar la dependencia, Cuba practica un internacionalismo proletario que lleva al sacrificio de mucha gente en una gesta intervencionista a favor del socialimperialismo ruso. Angola se convirtió así en una experiencia que para nada se corresponde con el internacionalismo proletario marxista-leninista. Las intervenciones militares de Cuba se inician en 1963 en Argelia; luego en 1964-1965 en Congo; más adelante 1973-1974 en la República Árabe Siria; en 1975-1991 las fuerzas regulares cubanas ingresan en Angola. Por último 1977-1988, participan en la guerra civil de Etiopía.

La asunción de la tesis de la división internacional del trabajo que implantaron los revisionistas luego del golpe de Estado que les permitió hacerse del poder, asesinato de Beria mediante, no solamente condena a Cuba a frenar el desarrollo de sus fuerzas productivas, sino que la hace depender de la importación de Rusia y provoca que los daños provenientes del bloqueo estadounidense fuesen más severos, ya que los obligaba aún más a depender del aporte del campo revisionista. Esta es la tesis que alza el socialimperialismo de Jruschov y Breznev, para consolidar su área de influencia nutrida del amplio espacio que supuso el mercado común socialista, el llamado Consejo de Ayuda Mutua Económica (Came). Al ser asumida por Cuba, era lógico despedir todas las ideas, orientaciones, proyectos y realizaciones del Che.

Sin embargo, un análisis de toda personalidad histórica fuerza a ubicar las condiciones objetivas y subjetivas en las cuales ella se realiza. Son varios los asuntos a atender acerca de la revolución cubana que demandan de una investigación o investigaciones concretas. Por lo pronto, podemos basarnos en las evidencias para concluir que el camino cubano fue establecido por Fidel Castro de manera muy clara. Sus diferencias con la vía labrada por el Che resultan emblemáticas y claramente antagónicas. Pero fue Fidel quien dirige un proceso cuyo resultado, a ojos vista, arroja pocos logros en materia de desarrollo y creación de riquezas.

En las condiciones de reproducción del pueblo cubano ciertamente se dieron avances importantes en materia de salud, educación, deporte, etcétera. Pero el socialismo no es la mera mejoría de la reproducción social, sino la revolucionarización de las fuerzas productivas. La construcción del socialismo es la creación de la base material para el desarrollo de nuevas relaciones sociales de producción. La solidaridad como principio de la construcción de una economía en la cual desaparece la contradicción entre el carácter social de la producción y el carácter privado del usufructo. Esto es, una economía donde se avanza hacia la armonía entre la producción social y el reparto de la misma, basada en la satisfacción de las necesidades sociales colectivas e individuales.

Se presenta como logro de gran significación el no haber sucumbido ante la ofensiva del imperialismo estadounidense. Que la miseria no es lo que prevalece en la población cubana. Logros importantes, si ubicamos las condiciones de dependencia y de miseria que reinan en buena parte del continente. Pero ése no debe ser el balance de medio siglo de un proceso que se define como “socialista”.

En el análisis de la personalidad en la historia también se cumple el principio según el cual lo esencial no se presenta a simple vista. En el caso que nos ocupa la cosa se hace difícil, si ubicamos que Fidel Castro ha logrado sembrar la idea de que representa los más caros valores y principios de la construcción del socialismo científico, independientemente de los logros mostrados. En ese sentido, se presenta la controversia entre quienes asumen su figura como expresión del revisionismo y quienes, al contrario, lo ubican en el sitial de los grandes constructores de la sociedad nueva.

Para los revolucionarios y comunistas venezolanos, por la manera como apuntala la experiencia más amarga y pedestre del revisionismo, la cosa debe quedar bastante clara. Fue el barniz que más le sirvió al sátrapa para hacerse de una careta bastante eficaz.

Nuevamente lo general

Pues bien, Cuba, la revolución cubana, se convierte en un factor que va a estimular las diversas formas del revisionismo moderno en África y América Latina. De una parte, avalando y contribuyendo con las diversas experiencias de marras. Con intercambios basados en apoyos políticos bilaterales. Todo lo cual se convierte en una especie de aval acerca de la política propagada por el régimen en cuestión. Se práctica, durante décadas, aquella tesis del revisionismo soviético de que la cuestión fundamental es la defensa de la URSS en el enfrentamiento contra EEUU. En este caso, lo principal es la defensa de la revolución cubana por encima de aquel principio según el cual la principal tarea internacionalista es hacer la revolución en su propio país.

En su oportunidad en África hubo gobiernos de este tinte que fueron enfrentados por sectores marxistas en la tradición leninista, específicamente por el Partido Comunista de Benín. Experiencia que tiene muchas similitudes con el proceso venezolano. Un presidente un tanto folclórico que terminó abjurando del marxismo, sin haberlo tomado nunca, mientras abrazaba una religión. Largo período de 1975 a finales de la década de los 90. Contaron estos gobiernos con el apoyo del revisionismo soviético o del chino, y de los partidos bajo su égida.

Desde los años 50 hasta principios de los 90, algunos Estados africanos, así como ciertos partidos políticos, se consideraban a sí mismos “socialistas” o defensores de algún tipo de socialismo. Comenzando con Egipto en los años 50; Ghana, Guinea-Conakry, Mali, Tanzania, Congo-Brazaville, Benín y Somalia en los años 60; Etiopía y Malasia en los años 70, y finalmente los países recientemente liberados de Guinea-Bissau, Angola, Mozambique, Cabo Verde y Zimbabwe en los años 70 y 80, todos proclamaron el socialismo como objeto de desarrollo e intentaron, en diferentes escalas, obtener el control de sus recursos nacionales e iniciar programas económicos y sociales dirigidos a su población.

http://fusilablealamanecer.blogspot.com/2013/06/experiencia-socialista-en-africa.html

Se trató de formas revisionistas bastante pedestres. Para nada reflejaron la cultura que mostró Kautski o Berstein quienes fundan esta corriente con base en la revisión del marxismo, ampulosa expresión que fue reducida por Lenin a la simpleza de que se trata de “socialismo de palabra, imperialismo de hecho”, “el revisionismo en el poder es la burguesía al poder”. Cualquiera sea el revisionismo en cuestión. Sentencia que debe ser analizada en sus justos términos. Si el revisionismo es la ideología burguesa —que inicialmente cala en sectores del movimiento obrero en los países de mayor industrialización, que encuentra en la aristocracia obrera su base social—, va desarrollándose hasta emerger en sus formas más primitivas que se presentaron en África y el mundo árabe, para luego prender en Latinoamérica de manera virulenta. Su artífice de vanguardia lo fue indiscutiblemente Chávez en Venezuela.

Las formas del revisionismo que se han propagado en Latinoamérica, una que otra en el poder, cuenta con una base primitiva que se sustenta en el irracionalismo en sus distintas formas. De allí que, sobre todo el chavismo en Venezuela, encuentra en la etapa precedente de bipartidismo su sustento dado el descontento que se había cultivado. El rechazo y agotamiento del bipartidismo se convierte en su fuente principal. Dos partidos burgueses bajo el mando del imperialismo estadounidense, que se turnan el control por el reparto del botín, arruinan el país, profundizan la dependencia y llevan la corrupción a escalas por demás ostentosas que en su conjunto agotan una forma de dominación que había contado con una elevada legitimidad y apoyo de las masas. El resentimiento social de los sectores empobrecidos, por la elevada escala de pobreza y deterioro de los servicios, nutre la base social de apoyo a la nueva perspectiva. Es de destacar que, asimismo, amplios sectores de la pequeña burguesía y de la intelectualidad, en las primeras de cambio, también se vieron seducidos por el discurso encendido de Chávez.

En el desarrollo histórico de nuestros pueblos y países, encuentra el revisionismo un nicho que les resultó fácil de explotar como lo es el resentimiento natural que se fue cosechando durante siglos de explotación, racismo y sojuzgamiento. Ese rencor silente en un momento dado se convierte en fuerza material, que buena parte de los revisionistas latinoamericanos canalizaron para alcanzar sus inconfesables fines.

Junto a lo cual se exaltan ideas propias de la concepción burguesa de la historia, como la de colocar al individuo por encima de los pueblos y mostrar a los líderes no como su expresión sino como figuras que hacen la historia por potencialidades mitológicas.

Es por eso que se crean condiciones para que una que otra idea termine coincidiendo con las de Nietzsche. Por ejemplo, se va nutriendo aquello de que la masa debe obedecer al gran hombre que termina siendo una clara práctica chavista, que le permite que una oferta electoral difusa, de poco sustento teórico en correspondencia con el estilo discursivo, no sea obstáculo para que ascienda a la primera magistratura. En eso se confiaron Chávez y sus propagandistas.

Por ello este revisionismo realiza una política primitiva en su sentido histórico. Pero también primitiva en el sentido de la manipulación de los rencores a cuestas, tras siglos de dominación de unos contra otros. De los dueños de medios de producción contra quienes viven de su trabajo, como esclavos, encomendados, obreros. De la dominación de naciones colonialistas e imperialistas contra los países débiles y sus pueblos. Esos rencores y resentimientos, que son justificados históricamente, son estimulados y lanzados en favor del engaño. En cualquier caso, el resentimiento social debe ser canalizado hasta convertirlo en fuerza para la construcción y no sólo para la destrucción. La posibilidad de la destrucción del Estado burgués —del poder político que busca preservar y reproducir las relaciones de producción capitalistas— cuenta entre sus determinaciones con esa fuerza material que representa el resentimiento. Pero, a su vez, el resentimiento tiende a ser terreno abonado para que prendan ideas irracionales ex profeso. De ello se vale el revisionismo primitivo, sobre todo el inclinado a la “izquierda”, para hacerse del poder y propiciar políticas en favor de las clases dominantes y en nombre de los oprimidos.

Ello explica entonces que cuando se conjugan condiciones que permiten que prendan ideas expresadas por la filosofía irracionalista, de no existir una vanguardia en disputa por la hegemonía, la burguesía catapulta alternativas capaces de contener el descontento y orientarlo hacia sus intereses bajo esta orientación. Marx, en su Dieciocho Brumario, nos deja una enseñanza muy clara en su célebre cita según la cual en Francia se dieron las condiciones para que un personaje mediocre y grotesco, refiriéndose a Luis Bonaparte, cumpliera el papel de héroe, contando con el lumpenproletariado francés como base social de un régimen que se mantuvo en el poder poco más de dos décadas.

La definición del revisionismo termina siendo muy simple, aunque concreta. Como lo sintetizaba Lenin, es socialismo de palabra. Sin embargo, ha habido resistencia al uso del revisionismo como categoría para el análisis del régimen chavista. Uno de los argumentos es que no se conoce la palabra, la categoría más bien. Sin embargo, si no se propaga junto a su contenido, difícilmente pueda llegarse a conocer al menos por los sectores avanzados de las masas. En eso debe haber una labor educativa por parte de los comunistas marxista-leninistas. Las categorías cuentan con un contenido, por ello facilitan la configuración de las corrientes de toda forma de conciencia. Lo que incluye la economía política y el socialismo científico. El marxismo leninismo, pues.

Este asunto, el del revisionismo de marras, a su vez, debe ser atendido con la profundidad del caso. Ahondar de manera radical en el análisis del fenómeno es una necesidad histórica y política por las secuelas que deja y las perspectivas con que seguirá contando aunque sean superadas estas formas primitivas de revisionismo. En el contenido hay expresiones de la categoría, de sus términos en uno u otro país, y de eficacia política, conducen a que la burguesía apele a formas de dominación bajo su ropaje, sobre todo en circunstancias en las cuales adquiere tantas maneras de expresarse debido a la crisis general del capitalismo. A eso contribuyen también, una vez más debemos recalcarlo, las debilidades de las vanguardias comunistas.

De otro lado, muchos parecen no observar los asuntos internacionales. No se percatan de que América Latina es en buena parte área en disputa. Unos países más que otros forman parte del escenario en disputa. Para la mayoría los acontecimientos, cuando se dan, se presentan como hechos que causan asombro. Perplejidad. Cosa que no debe suceder en quienes se asumen como marxista-leninistas. Partiendo de la consideración de que el método y dominio de la teoría revolucionaria a los que estamos obligados nos permiten ubicar el desarrollo de las tendencias y adelantarnos a algunos acontecimientos, hasta adecuar nuestras políticas y prever los desarrollos. En eso debemos estar atentos toda vez que la conversión de buena parte de América Latina en área en disputa amerita adelantarnos a cambios de significación desde el punto de vista estructural y de la superestructura, atizados por uno u otro imperialismo y su influencias acá o allá. Tomemos en cuenta que la penetración de capitales lleva consigo la introducción en el país receptor de orientaciones políticas y culturales claras.

Es más, la lucha por la hegemonía planetaria parece centrarse en China por un lado, primera potencia bancaria y manufacturera, y el imperialismo estadounidense por el otro. Observemos, sin embargo, que EEUU está iniciando una ofensiva para recuperar terreno perdido. El triunfo de Trump atiende esta circunstancia. Sin embargo, son muchos quienes ven el asunto desde una perspectiva subjetiva, asignándole a este señor cualidades que parecen recrear aquello de la mixtificación. O, bien, los que le dan potencialidades a asuntos propios de los medios de comunicación o de imagen y no de las condiciones del desarrollo del capitalismo mundial. EEUU no tiene otro camino que desarrollar su capacidad competitiva frente al desarrollo chino que ha configurado un bloque para afianzar la tendencia que lo pudiese colocar como el más serio competidor por la hegemonía planetaria.

Brexit y ahora Trump representan el regreso a la protección de los mercados interiores de las potencias imperialistas rezagadas. Y es que el desarrollo de las tendencias a la nivelación y el desarrollo desigual dejan en el camino un resultado concreto. De una lado las naciones que se rezagan y, del otro, las que se presentan como emergentes. El cuadro que arroja, en ese sentido, es muy claro. China aparece como la potencia imperialista que busca disputarse la hegemonía, mientras EEUU sería la potencia imperialista hegemónica, pero con un terreno perdido que la fuerza a una política de recuperación sostenida. Lo que supone, a su vez, afianzar tendencias que le permitan resolver problemas hasta ahora pospuestos por la vía de las manipulaciones financieras, el desplazamiento de fases del proceso de producción a otras latitudes que brindan ventajas en relación con la economía propia y, por ende, la exportación de capitales financieros a esas economías, principalmente, por supuesto, a China. Todo lo cual fue minando la economía interna que hoy se presenta al borde del colapso pues, por ejemplo, encuentra grandes limitaciones para seguir sosteniendo al dólar como la divisa universal, mediante la emisión de papel moneda sin respaldo, el dólar fiat o fiduciario. Asunto que se sostiene con base en la emisión de deuda pública y tasas de interés en torno de cero, entre otras orientaciones. Estimulando el mercado especulativo de dinero y las burbujas consabidas que incluyen la inmobiliaria. Aunque la industria bélica sigue siendo la principal palanca de la economía yanqui y le permite seguir en el primer puesto de la exportación de armas. Ciertamente en medio de una dura competencia con Rusia con la cual tiene perdida la carrera aeroespacial y de buena parte de la industria de armas, específicamente en blindados.

En cualquier caso, los vientos que soplan desde Inglaterra y Estados Unidos van en la dirección de las disputas por mercados. Tienen plena vigencia las tesis de Marx y Lenin al respecto. El asiento de los capitales supone un mercado. El capital financiero es internacional, pero tiene un asiento nacional. A partir de lo cual los Estados imperialistas actúan como capitalista ideal. Se impone haciendo suyo el interés supremo del sistema. Ésa es la contradicción que vive tanto Inglaterra como EEUU.

Dependiendo de la industria de armas, puede Estados Unidos mantenerse como gendarme. Sólo que sus debilidades frente al imperialismo chino y el bloque que configura, en materia manufacturera y de ramas sensibles del capitalismo moderno, lo llevan a desarrollar el camino de la protección. Parece marcar el inicio de una nueva época.

Estas nuevas circunstancias resultan interesantes de cara a las ideas propagadas durante décadas que resumen la apologética burguesa en el terreno de la filosofía, de las ideas en general y particularmente de la economía. El liberalismo y la globalización y su sustento filosófico, la posmodernidad, darán paso a otras ideas que buscarán remozar el orden burgués a escala planetaria.

Una de las tesis revisionistas esgrimidas es aquello de aliarse a un imperialismo para enfrentar a otro. Aliarse a los chinos y rusos para enfrentar a EEUU. Esa tesis, que ya la historia la ha atendido, resulta coloquial por aquello de venderle el alma al diablo con tal de mantenerse en el poder. Olvidan o dejan a un lado, o porque no las dejan, que las leyes del capital son objetivas en uno u otro imperialismo. La prueba más palmaria la observamos en estos tiempos cuando el llamado esquema ponzi, o el esquema ponzi invertido, se practica en buena parte del mundo capitalista. Escalera ilimitada que obliga a que cada peldaño que se asciende supone la distracción cada vez mayor de plusvalía obtenida en la producción hacia la ganancia especulativa. En China es donde más se viene desarrollando esta fórmula del mercado especulativo de dinero, que ha conducido a un crecimiento inusitado de aquél. Siendo el más grande acreedor del planeta, la primera potencia en producción manufacturera, y por ende primera demandante de materias primas, China busca hacerse de cada vez mayores áreas de influencia, de preservar sus espacios comerciales, de fuentes de materias primas y de economías donde presentarse como acreedor competitivo, para convertirse en el imperialismo hegemónico frente a la debilitada pero rabiosa potencia estadounidense, hasta ahora el gendarme planetario. En el ínterin que describe esta disputa, la pelea por áreas de influencia no se hará esperar. Sumemos que China capitanea el más importante bloque económico del momento, integrado, además, por Rusia, India, Brasil y Suráfrica.

Por eso, luce una ingenuidad buscar cobijo en la potencia bancaria mundial. Resulta ingenuo pensar que de allí vendrá solidaridad para que algún país alcance la soberanía y el desarrollo autónomo. China y Rusia, potencias imperialistas acordadas para debilitar la hegemonía yanqui, realizan las mismas orientaciones de la oligarquía financiera y han sido tan agresivas como Estados Unidos en la realización de negocios que condenan a Venezuela a cumplir el papel de proveedor de materias primas, petróleo y minerales. Mientras, a cambio, además de inversiones indirectas, esto es, préstamos al Estado venezolano, colocan bienes finales diversos, que incluye los correspondientes al parque militar.

Ahora, bien, el revisionismo adquiere ribetes cada vez más sutiles. Ahora es Rusia la que se presenta cada vez más inclinada a asumir posiciones de “izquierda” y “progresistas”. Articulan medios de comunicación a escala planetaria con sus pares en la búsqueda de plasmar una estética en esta dirección, expresión de las formas muy sutiles mencionadas. Sin embargo, bien vista la cuestión, observamos que son muchos quienes no logran ver el problema en su esencia, no alcanzan a verlo desde el punto de vista de clase y científico.

Que el revisionismo, como expresión de la ideología burguesa, resulta muy eficaz en favor de las relaciones burguesas en condiciones revolucionarias se ha hecho evidente como nunca antes en Latinoamérica. Su eficacia puede ser directamente proporcional al grado de desarrollo de la situación revolucionaria, al no existir una vanguardia lo suficientemente fuerte capaz de guiar al movimiento hacia caminos transformadores.

El revisionismo es un arma poderosa para la burguesía. No sólo se trata de darle continuidad al proceso de explotación del trabajo y el proceso de acumulación de capitales, sino también de las relaciones imperialistas. Lo que a su vez supone un mayor esfuerzo de los comunistas por empinarse para atender una realidad que se hace más compleja por las confusiones que crea y el estímulo a sectores oportunistas de toda ralea, así como por la permanencia de corrientes socialdemócratas que ven realizado su sueño de “cambios”, aunque apenas sean en el discurso.

Imitar. Imitar al socialismo. Imitar el estilo literario. Imitar mediante la fraseología revolucionaria y socialista. Imitar el socialismo es revisionismo. Imitar en su sentido exacto: hacer una cosa copiando fielmente otra.

El revisionismo al estilo Kautsky, el renegado, quien lo origina junto a Berstein, es de un talante diferente en su forma y contenido. Es la elaboración teórica para tergiversar el marxismo. Busca descartar o anular su carácter revolucionario. Se trata de teóricos en estricto rigor. Con una cultura que marca un hito en la historia del marxismo. Pero es pensamiento vulgar. Con argumentos sacados de la filosofía, la historia, la economía política, entre otras disciplinas, para revisar el marxismo. El debate se centra en cuestiones fundamentales del movimiento comunista internacional. La transición pacífica al socialismo. La dictadura del proletariado. La posición de los comunistas frente a la guerra imperialista. Son asuntos que encontraron posiciones alejadas del marxismo. Con todo, se trata de un pensamiento vulgar. Culto, pero vulgar.

En una primera etapa se centra en buena medida en lo atinente a la dictadura del proletariado. Desde la perspectiva del leninismo, se parte de la tesis que sintetiza Marx en carta a Joseph Weydemeyer, el 5 de marzo de 1852, cuando afirma:

“Por lo que a mí se refiere, no me cabe el mérito de haber descubierto la existencia de las clases en la sociedad moderna ni la lucha entre ellas. Mucho antes que yo, algunos historiadores burgueses habían expuesto ya el desarrollo histórico de esta lucha de clases y algunos economistas burgueses la anatomía económica de éstas. Lo que yo he aportado de nuevo ha sido demostrar: 1) que la existencia de las clases sólo va unida a determinadas fases históricas de desarrollo de la producción; 2) que la lucha de clases conduce, necesariamente, a la dictadura del proletariado; 3) que esta misma dictadura no es de por sí más que el tránsito hacia la abolición de todas las clases y hacia una sociedad sin clases”.

Por su parte según Lenin:

Quien reconoce solamente la lucha de clases no es aún marxista, puede mantenerse todavía dentro del marco del pensamiento burgués y de la política burguesa. Limitar el marxismo a la doctrina de la lucha de clases significa cercenar el marxismo, tergiversarlo, reducirlo a algo aceptable para la burguesía. Solo es marxista quien hace extensivo el reconocimiento de la lucha de clases al reconocimiento de la dictadura del proletariado. En ello estriba la más profunda diferencia entre un marxista y un pequeño (o gran) burgués ordinario. Esta es la piedra de toque en la que deben comprobarse la comprensión y el reconocimiento reales del marxismo.

Esta tesis acerca de la dictadura del proletariado marca en buena medida un aspecto esencial de diferenciación entre el marxismo-leninismo y el revisionismo. Negarlo o fundamentar teorías acerca de formas de dominación que niegan la dictadura del proletariado es una de las herramientas que esgrime toda suerte de revisionismo para legitimarse frente a la burguesía.

Pero el revisionismo adquiere formas muy diversas, pues en esencia sólo busca preservar las relaciones burguesas bajo lenguaje “socialista”, de “izquierda” o “progresista”. Lenin, en marxismo y revisionismo, nos indica:

El exmarxista ortodoxo Bernstein dio su nombre a esta corriente al proclamar con gran alharaca y con grandilocuentes expresiones las enmiendas de Marx, la revisión de Marx, el revisionismo. Aun en Rusia, donde —debido al atraso económico y a la preponderancia de la población campesina oprimida por los vestigios de la servidumbre— el socialismo no marxista se ha mantenido durante mucho tiempo, hoy se convierte sencillamente en revisionismo ante nuestros propios ojos. Y lo mismo en el problema agrario (programa de municipalización de toda la tierra) que en las cuestiones programáticas y tácticas de índole general, nuestros socialpopulistas fueron sustituyendo cada vez más con “enmiendas” a Marx los restos agonizantes y caducos del viejo sistema, coherente a su modo y profundamente hostil al marxismo.

Cierto, el “socialismo” no marxista se transmuta en revisionismo. El socialismo, para ser tal, debe ser científico. De lo contrario, no es. El socialismo supone la realización de las leyes científicas de su desarrollo. Objetivas pero conscientes. Esa es la diferencia en relación con las leyes en el capitalismo. Son, pero no conscientes. La conciencia de las leyes del capitalismo es producto de la mente identificada con los trabajadores. No con el capital. No con el capitalismo. La capacidad para identificarlas, en uno u otro caso, pasa por la asunción de la ciencia marxista. De lo contrario se andará tras la perpetuación del capitalismo, de manera consciente o no. Vale una cita de Lenin escrita en 1908 en Marxismo y revisionismo:

… «el objetivo final no es nada; el movimiento lo es todo»: esta expresión proverbial de Bernstein pone en evidencia la esencia del revisionismo mejor que muchas largas disertaciones. Determinar su comportamiento caso por caso, adaptarse a los acontecimientos del día, a los virajes de las minucias políticas, olvidar los intereses cardinales del proletariado y los rasgos fundamentales de todo el régimen capitalista, de toda la evolución del capitalismo, sacrificar esos intereses cardinales en aras de las ventajas verdaderas o supuestas del momento: ésta es la política del revisionismo. Y de la esencia misma de esta política se deduce, con toda evidencia, que puede adoptar formas infinitamente diversas y que cada problema más o menos «nuevo», cada viraje más o menos inesperado e imprevisto de los acontecimientos —aunque sólo altere la línea fundamental del desarrollo en proporciones mínimas y por el plazo más corto— provocará siempre, sin falta, una u otra variedad de revisionismo.

La circunstancia que presentan los países de poco desarrollo capitalista —cuyo papel dependiente del imperialismo frena su progreso— ha conducido a un debate desde los tiempos de la II Internacional. Acerca del tránsito al socialismo pasando por la etapa democrático-burguesa. Lenin dio una respuesta con aquello del proceso ininterrumpido y, más adelante, con la teoría y práctica sobre el socialismo en un solo país.

Puede desarrollarse una revolución democrático-burguesa con base en las leyes del capital. En términos ideales. Abstractos, claro está. Lo que supone la existencia de una burguesía con sentido nacional, capaz de llegar hasta el fin en función de alcanzar la independencia nacional y hacerse de un mercado interno sólido, defensor de las áreas de influencia de un mercado exterior, entre otros aspectos. Lo que supone convertir una nación en una fábrica de fabricantes. Sin embargo, la articulación de los capitales financieros con los nativos conduce a la pérdida del sentido nacional por parte del sector hegemónico de la burguesía y a una merma en general de todos los sectores burgueses quienes se ven sometido por la oligarquía y sus socios internos.

Por ello, alcanzar o cubrir la etapa democrático-burguesa supone articular esta meta a la construcción del socialismo. Entendiendo por socialismo el científico de Marx, Engels, Lenin y Stalin. Lo que implica, a su vez, el respeto y apertura del camino para la realización de las leyes del socialismo cuyo primer eslabón no puede ser otro que el de la socialización de los principales medios de producción. Base a partir de la cual se cumple el inicio de la armonía entre desarrollo de las fuerzas productivas y relaciones sociales. Mismas que, a su vez, deben contar con la democracia socialista expresada en las asambleas para la toma de decisiones. No se trata de un socialismo con otro adjetivo lo que permite alcanzar la nueva etapa de desarrollo histórico social.

El revisionismo y la condena de Stalin

Si en algo venían coincidiendo las varias formas de revisionismo, es en la condena a Stalin. Muchas corrientes además de condenar a Stalin reivindican a Trotski. Al menos muchas de ellas lo soportan o le reivindican un papel destacado en la historia. Sin más. Pero en lo que sí están unificadas muy buena parte de ellas es en la defenestración de Stalin. No puede ser de otra manera. Veamos.

Es algo que resulta lógico si tomamos en cuenta que la construcción del socialismo supuso un proceso histórico lleno de tensiones. Muchas de las cuales se centraron precisamente en su realización con base en los principios y en la aplicación y realización de la democracia de los trabajadores y la dictadura contra la tradición burguesa, valga decir la dictadura del proletariado.

Las polémicas y pugnas en torno de la democracia proletaria, indiscutiblemente, condujeron a la elevación de las pasiones propias de la lucha de clases, de la lucha en torno del poder entre la tradición de los comunistas, ya en el poder, y las fuerzas burguesas que buscan reconquistarlo, consolidando la resabiada y sojuzgada cultura burguesa, apelando precisamente al expediente revisionista.

Los episodios de 1936, la virulenta propaganda lanzada contra Stalin en este contexto, opacaron ostensiblemente el debate en torno del proyecto de la nueva Constitución soviética, la democracia y el papel del partido y de las masas. El peligro que representaron las conspiraciones contra la URSS distrajo la atención, ya perturbadas por los esfuerzos centrados en los preparativos para enfrentar la inminente incursión nazifascista y eventos como la guerra civil española. Es así como lo fundamental para el avance en la construcción del socialismo se ve perturbado por cuestiones que demandaron el mayor de los esfuerzos.

En este contexto, la influencia de la ideología burguesa de tradición socialdemócrata o autoritaria, en sus distintas expresiones, encuentra en el combate contra la dictadura del proletariado un buen argumento contra el comunismo. Se ha dado a la tarea de reivindicar a Trotsky para de esa manera combatir a Stalin, entre otros artificios. Pero nada como el informe secreto de Kruschev en el XX Congreso del Pcus y las nuevas tesis revisionistas para, a la postre, restaurar el capitalismo y frenar el avance a escala mundial de las fuerzas revolucionarias por el socialismo.

Grover Furr, en su libro, Kruschev mintió, investiga una a una las 61 afirmaciones de Kruschev en su informe secreto de 1956. Así, fruto de su investigación, una de cuyas virtudes es la posibilidad de chequear las fuentes primarias, concluye en que:

De hecho, he descubierto algo totalmente diferente. Ni una sola afirmación de la revelación que hizo Kruschev sobre Stalin o Beria, resultó ser cierta. Entre las que pueden ser comprobadas para ser verificadas, cada una resultó ser falsa. Resulta que Kruschev no solamente mintió sobre Stalin y Beria, virtualmente no hizo nada más que mentir. Todo el Discurso Secreto está hecho de fabricaciones.

Asimismo: Demostrar, como yo lo intento, que las afirmaciones hechas en el discurso de Kruschev son falsas es tomado como un alegato de que todos los otros componentes de este paradigma, la mayoría de los cuales Kruschev jamás menciona, también son falsos.

Para concluir en que el tal informe secreto, cuya versión publicada no fue la misma vertida en la sala:
Pronto se convirtió en el documento fundacional para un nuevo completo paradigma de la historia soviética. Este paradigma no era enteramente nuevo. Confirmó en parte, y en sí mismo se inspiraba, aquellas tempranas interpretaciones trotskistas, mencheviques, y de los émigrés de la URSS sobre la realidad soviética.

Miguel Urbano Rodrigues, presentador del libro de Doménico Losurdo, Stalin. Historia y crítica de una leyenda negra, sintetiza el proceso contra el dirigente soviético cuando afirma:

La demonización de Stalin comenzó en los años 20, adquirió proporciones mundiales con el XX Congreso del PCUS, fue retomada durante la Perestroika y prosiguió después de la desaparición de la Unión Soviética, aunque con características diferentes. Al proclamar “el fin del comunismo”, la intelligentsia burguesa, empeñada en demostrar la inviabilidad del socialismo, diversificó la ofensiva, atribuyendo a Marx, Engels y Lenin grandes responsabilidades por el “fracaso inevitable de la utopía socialista”. Stalin sobre todo fue presentado como creador y ejecutor de una técnica de gobierno dictatorial monstruosa. La palabra “estalinismo” entró en el léxico político como sinónimo de un sistema de poder absoluto que habría negado el marxismo al imponer “el socialismo real” mediante métodos criminales.

Sin embargo, si algo no han podido esconder, no sin esfuerzos por lograrlo, es que solo con base en la política dirigida por Stalin es como se puede enfrentar el avance nazifascista. No solamente esta epopeya reivindica a Stalin, sino los logros alcanzados luego de 1945. Sin embargo, es natural encontrar cualquier petimetre, con algún que otro logro en la academia burguesa, o en la política pragmática propia de los oportunistas, hablar de la manera más arrogante contra la figura de Stalin basado en la leyenda construida en torno de su papel diabólico.

Es así como toda suerte de revisionismo se va a escudar en el antiestalinismo y cae en la trampa de la leyenda negra de Stalin. Imperialistas, trotskistas y revisionistas de todo el mundo hacen causa común contra el estalinismo, detrás del cual se encuentran las diversas formas revisionistas dominantes para el momento. Muchos partidos comunistas de todo el planeta se convencen de las mentiras de Kruschev y de la propaganda imperialista. Asumen las tesis del XX Congreso como la transición pacífica al socialismo, la división internacional del trabajo socialista y la tarea de defender a toda costa la defensa de la Urss en su lucha contra el imperialismo, a costa de lo cual debía supeditarse la revolución acá o allá. Rompiendo con el principio leninista de que el primer deber internacionalista de los comunistas es hacer la revolución en su propio país.

Entretanto, la burguesía reivindica cada vez más toda la literatura en contra del socialismo científico y de sus teóricos y edificadores. Así, la obra de George Orwell es convertida en emblema contra el estalinismo. Según el escritor español Manuel Medidas-Anaya este autor y su letra:

… fue una creación de la CIA, independientemente de la opinión que se tenga acerca de la calidad literaria de su obra. La Agencia no escatimó a la hora de invertir fondos para promocionar su obra. Era conocedora del efecto devastador que el mensaje de un supuesto representante de los valores de la izquierda podía tener sobre amplios sectores de la opinión.

Es así como Rebelión en la granja y 1984 se hayan convertido en obras de gran difusión por parte de los artistas ideológicos de lo establecido.

Contribuyendo en la propagación de la leyenda negra de Stalin, desde una perspectiva marxista, dando su aporte, nada modesto, a la confusión creada sobre todo en sectores juveniles. Sirven de perla a la causa de la burguesía.
Este es el contexto que explica el poco éxito del que han gozado los comunistas en la tarea de reivindicar a Stalin. Y es que, desde el punto de vista teórico e histórico, supone un combate muy enconado contra un enemigo muy poderoso: el prejuicio sembrado y cultivado. Forjada durante décadas, la figura de Stalin ha sido convertida en estigma. Si muchos, frente a la ofensiva ideológica anticomunista, vacilan a la hora de asumirse como marxista-leninistas, qué quedará a la hora de reivindicar la obra de Stalin. En medios intelectuales y académicos la cosa es mucho peor. El prejuicio guía cualquier opinión adversa, al punto de que se niega, de antemano, siquiera cualquier posibilidad de debate con base en las evidencias empíricas. En la más resaltante entre ellas, por la importancia histórica del pueblo soviético en la derrota al nazifascismo, no sólo se niega la figura de Stalin, sino que cualquier académico se aventura a decir alguna tontería fruto de la tergiversación kruschovista, trotskista o del revisionismo y el reformismo. Otros, frente a esta adversidad, olvidan que la confianza se forja es con base en la convicción de que la revolución es el resultado de condiciones objetivas y subjetivas donde el accionar de la vanguardia se convierte en determinación. Por lo que terminan, en el mejor de los casos, evadiendo la afrenta o escondiendo alguna opinión, e incluso argumentos que solamente podemos encontrar en la obra del vilipendiado. Así, las clases dominantes han hecho una labor que termina por hacer mella en las fuerzas que buscan reivindicar la obra teórica y práctica de Stalin.

En estos tiempos, resulta un tanto paradójico, en las primeras de cambio, el cada vez más evidente coqueteo de Rusia con las formas revisionistas. Putin, a todas luces una figura inscrita en formas despóticas burguesas, parece recoger el testigo dejado por la tradición revisionista forjada luego del golpe de Estado, tras la muerte de Stalin y el asesinato de Beria. La dictadura que se instaura, hasta la adecuación correspondiente de la superestructura burguesa a la estructura fraguada durante décadas, se valió de su condición para estimular y apoyar formas revisionistas diversas para así hacerse de espacios como áreas de influencia. Tras mercados interiores, de capitales, de bienes finales, entre otros, se practica un internacionalismo proletario al servicio del socialimperialismo. Se presenta una coincidencia entre el revisionismo de la antigua tierra de los sóviets y diversas expresiones del revisionismo, e incluso de gobiernos militares como el de Videla en Argentina, apoyos relativos por el interés del capital de los revisionistas. Se crea así una tradición cuya eficacia política no está en cuestión, claro, en favor de los intereses del socialimperialismo.

No es de extrañar en estos momentos el retorno a la práctica de esta tradición. Es de tal desarrollo y creatividad que hasta se sirven de Stalin y de los logros de la construcción del socialismo entre los cuales destaca la victoria sobre el nazifascismo y las conquistas económicas, sobre todo en la industria aeroespacial y bélica, en franco desarrollo hacia la supremacía mundial en esas ramas en competencia con EEUU y China que también cuenta con lo suyo.

Partiendo de que el revisionismo en el poder va a afianzar las leyes del desarrollo a favor de la producción de plusvalía, de la oligarquía internacional y, por ende, del papel del país en cuestión en la división internacional del trabajo, no atenderá estos asunto sino de esa manera. Solo que con un ropaje socialista.

Por lo prolífico y creativo del revisionismo, hay quienes, aunque asumen la defensa de Stalin, practican el revisionismo y el oportunismo más ramplón posible. Como ejemplo, veamos las posiciones de quienes fueron cobijados por la Cipoml como representantes por Venezuela. O buena parte de quienes los promovieron. Es de tal grado su ceguera que no logran separar lo que dice y lo que hace el chavismo. No logran ver que revisionismo es precisamente una fraseología que esconde la naturaleza burguesa de su política. El grupo en cuestión asume la defensa de Stalin, pero su práctica nada tiene que ver con la ideas del maestro del proletariado mundial.

Si no es científico, no es…

El socialismo, si no es científico, no es. Es revisionismo en cualquiera de sus formas. Es ideología burguesa que guía las relaciones de producción y de cambio hacia la apropiación privada del producto social mientras socializa de distintas maneras el proceso productivo.

Cuando se trata de países dependientes y semicoloniales, como es el caso que nos ocupa, bajo el disfraz socialista, se adelanta una política que afianza la dependencia y el sojuzgamiento del imperialismo de turno. Se agrava la situación en el momento a partir del cual se convierte, verbigracia Venezuela, en área en disputa. En su expresión política, nada tiene que envidiar el despotismo primitivo a las modernas formas de dominación revisionistas.

El socialismo se construye con base en leyes que de ser atendidas de manera arbitraria conducen al desarrollo capitalista. Para muestra, recordemos las variantes iniciales en la Yugoslavia de Tito y la URSS de Kruschev. Las modificaciones constitucionales a partir del XX Congreso del Partido Comunista de la URSS bajo Kruschev sirvieron para crear una nueva base jurídica en función de apuntalar las relaciones capitalistas, la restauración del capitalismo con ropaje, solo eso, de socialismo. Queda evidenciado el carácter erróneo de la tesis trotskista de que en la URSS no existía capitalismo sino un Estado burocrático pero que seguían existiendo relaciones socialistas de producción, olvidando el principio según el cual la superestructura se erige a partir de la base real que suponen las relaciones sociales de producción, esto es, en su conjunto, la estructura económica, a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. Pues, bien, el revisionismo es una de esas formas de conciencia.

Las leyes del capitalismo son apuntaladas por políticas económicas concretas. De allí que, a momentos imperen políticas liberales y en otras circunstancias políticas proteccionistas. Trump representa actualmente esta última opción. Todo indica que está encaminado a ser consecuente con la implantación de políticas en favor de la reindustrialización de Estados Unidos.

Para nada se producirá una variación de las leyes del capitalismo. Simplemente se podrían adelantar medidas de protección que serían acompañadas con otras que permitan elevar la competitividad y productividad. La pauperización sería primordialmente el sustento de esta política. Vía, claro está, de elevar la cuota media de la ganancia.

Igual sucede en el socialismo. Las leyes de funcionamiento que buscan armonizar el desarrollo de las fuerzas productivas con las relaciones sociales de producción son las que permiten realizar el principio “de cada quien según su capacidad, a cada quien según su trabajo”. A diferencia de las ciencias naturales, la economía política aborda un objeto que, al obedecer a leyes históricamente determinadas, se expresa solo en la conciencia de una clase dispuesta a llevar su trayectoria hasta el fin. Lo que no niega su cientificidad. Esto es, son el resultado de relaciones de producción concretas. Son tan objetivas como las que se realizan en la naturaleza, pero se corresponden con las relaciones de producción imperantes.

Así como el hombre, al dominar las leyes de la naturaleza, es capaz de encauzar a su favor su realización para colocarla al beneficio de su desarrollo, para aprovecharlas en favor de su cada vez mejor vivir, el conocimiento de las leyes económicas permite conducir a un cada vez mayor desarrollo de las fuerzas productivas. El revolucionario comunista debe conocer a profundidad las leyes económicas del capitalismo para convertirse en fuerza material consciente, en vanguardia revolucionaria. Una de las leyes de la lucha política, por ejemplo, desde la perspectiva de los comunistas, es el aprovechamiento del movimiento espontáneo de masa para encuadrarlo hacia la transformación revolucionaria de la sociedad. Tendencia que se puede precisamente prever en la medida en que logramos establecer el desarrollo de las tendencias objetivas. A su vez, por aquello de que las formas de conciencia se corresponden con el desarrollo de esas tendencias, podemos ubicar el discurso en correspondencia hasta hacer buena la sentencia de que, cuando la idea de cambio prende en la conciencia de las masas, ella se convierte en fuerza material.

El proceso revolucionario supone convertir la fuerza de las masas, guiadas por la vanguardia comunista, en un catalizador del proceso objetivo que busca abrirse paso y dar cuenta de la contradicción entre el desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones de producción imperantes. Relaciones que, por frenar el desarrollo de las fuerzas productivas, debe ser superado mediante el proceso revolucionario. Dar cuenta de manera precisa de la contradicción entre el carácter social de la producción y el carácter privado del producto. En eso consiste el accionar del verdadero partido comunista.

En definitiva, la conciencia del desarrollo de las relaciones de producción y de cambio en general, y burguesas en particular, la poseen los marxista-leninistas. Las obras de Marx, Engels, Lenin y Stalin, principalmente, dan cuenta del desarrollo de esa forma particular de la materia que es la sociedad. La conciencia supone el dominio teórico de las leyes del desarrollo de la forma burguesa de producción. Eso es lo que permite ubicar las tendencias económicas y en general objetivas del desarrollo y de sus contradicciones.

Por su parte, la burguesía apenas puede producir apologética. Las leyes del capitalismo se le presentan como fetiches imposibles de ser desentrañados. Se comporta por tanto de manera ciega, incapaz de prever, por ejemplo, las crisis cíclicas y sus consecuencias. La producción de plusvalía dispara un mecanismo que va a poner en funcionamiento el resto de las leyes que objetivamente se van realizando, creando cada vez más las condiciones para la superación positiva del régimen burgués. Configurando su sepulturero. De eso no puede dar cuenta el apologeta burgués. Esto es independiente de su voluntad. Apenas puede desarrollar políticas económicas que le abran paso a la localización de los capitales allí donde halla mayores beneficios. En la esfera de la producción y donde se brinden mayores ventajas, principalmente obreros baratos, para obtener una mejor cuota de la ganancia en relación con otra economía, así no sea la propia. O en la esfera de la circulación, allí donde se obtengan mayores beneficios, así sea en el mercado especulativo, aunque demande un creciente drenaje de parte de la plusvalía hacia la ganancia que obtiene en ese mercado. Minando así las bases del sistema en su conjunto.

Atender las leyes de la construcción del socialismo, por otra parte, supone partir de la consideración de que la ley más general de este tránsito es la que corresponde a la armonía del desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones sociales de producción, sólo posibles de alcanzar mediante las relaciones socialistas y los principios que permiten su potenciación. A saber: la solidaridad como principio humano de convivencia; el desarrollo de la industria pesada por encima de la industria ligera; la primacía de la industria por encima del desarrollo agrícola, sin descuidar éste, entre otros.

En tal sentido vale la idea de Stalin, tomada de su obra, Los problemas económicos de la construcción del socialismo en la Urss, según la cual:

El marxismo concibe las leyes de la ciencia —lo mismo si se trata de las leyes de las Ciencias Naturales que de las leyes de la Economía Política— como reflejo de procesos objetivos que se operan independientemente de la voluntad de los hombres. Los hombres pueden descubrir estas leyes, llegar a conocerlas, estudiarlas, tomarlas en consideración al actuar y aprovecharlas en interés de la sociedad; pero no pueden modificarlas ni abolirlas. Y aun menos pueden formar o crear nuevas leyes de la ciencia.

Desconocer, relajar o subestimar y tergiversar estas leyes, por ejemplo, condujo a impedir un mayor desarrollo de China durante el período de Mao Ze Dong. Ralentizó el desarrollo. Incluso, el llamado gran salto adelante derivó en un fracaso. En el Discurso secreto del 27 de enero de 1957, en su Tres textos inéditos, publicados con el título de La construcción del socialismo, y en sus Diez grandes relaciones, podemos encontrar las diferencias que plantea Mao con respecto a Stalin y su escrito antes indicado, que reflejan limitaciones e ideas ajenas a los desarrollos alcanzados en teoría y práctica para la construcción del socialismo. De allí se desprenden, también en teoría y práctica, errores que sientan las bases para la restauración capitalista, sobre todo en el tratamiento a problemas económicos que afianzan el desarrollo y consolidación de la ley del valor y no su freno. Así, cuando afirma que: “Podemos recurrir al intercambio de mercancías y a la ley del valor para facilitar el desarrollo de la producción y el paso al comunismo”, sienta un principio que va a tomar cuerpo como idea motriz durante y después del período en el cual China es liderada por Mao. No sabemos si se apoya o no en la política adelantada durante la NEP. Lo importante es que no ubica la limitación en la cual debe desenvolverse la ley del valor y el freno en su accionar durante un período concreto en la construcción del socialismo. Esta afirmación que parece no ubicar límites en el accionar de la forma valor es la base objetiva de la restauración capitalista. Ubiquemos que el socialismo se realiza en medio de la acción de las leyes propias de las nuevas relaciones producción y de cambio, pero también sufriendo del accionar de las formas moribundas, pero no muertas, del régimen burgués. En tal sentido hay que tener presente que, tal como señala Stalin en su texto citado:

Los hombres pueden descubrir esas leyes, llegar a conocerlas y, apoyándose en ellas, aprovecharlas en interés de la sociedad, encauzar en otra dirección la acción destructiva de algunas leyes, limitar la esfera de su acción, dar vía libre a otras leyes que van abriéndose camino; pero no pueden destruir unas leyes económicas y crear otras nuevas.
La sustitución de la libre concurrencia y la anarquía en la producción por la armonización del desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones sociales de producción supone reducir la acción de la ley del valor al intercambio mercantil sujeto a la revolucionarización del desarrollo hasta que sea inútil su realización. Por ello la importancia del estudio de la forma valor y su desarrollo histórico desde que aparece hasta que su acción resulta un accesorio superable por el cuerno de la abundancia. Razón tenía el Che en su estudio y realización en condiciones del socialismo y la necesaria oposición de las nuevas leyes del socialismo, cuya afectación conduce indefectiblemente a la restauración capitalista, cuando no se le brinda un correcto tratamiento desde el nuevo Estado.

No se trata necesariamente de ignorancia. En cualquier caso, se acusa una concepción metafísica en relación con el funcionamiento de la forma valor en la construcción del socialismo. Se soslaya o desconoce el desarrollo contradictorio en la construcción del socialismo, en el cual aquélla opera como freno a la armonización del desarrollo de las fuerzas productivas con las relaciones de producción imperantes en el tránsito al comunismo. Esta cuestión creó la base material para la restauración del capitalismo en China, que se materializó en el golpe de Estado encabezado por Deng Xiaoping. Aunque cuenta con antecedentes que no se limitan a los asuntos de la economía, sino que abarca otros aspectos de la política como la concepción sobre la dictadura del proletariado y el papel del partido.

Las leyes del socialismo van desarrollándose de manera objetiva, pero la forma valor no ha desaparecido. Así como la burguesía adelanta políticas económicas para abrirle el cauce al desarrollo de las relaciones de producción y de cambio basadas en la explotación y la apropiación privada del producto —que lo conduce a minar su propia base—, en el socialismo sucede igual. Las orientaciones de la economía deben conducir a afianzar las relaciones de producción y de cambio basadas en principios cuyo riguroso manejo frena y busca anular la acción de las formas mercantiles en el comercio y las relaciones salariales, las diferencias entre la ciudad y el campo, entre otras. La forma mercancía aparece con las clases. La forma mercancía desaparecerá con la definitiva extinción de las clases y de la propiedad privada. En las relaciones primitivas no existía propiedad privada, debido a que prevalecía la escasez. En el comunismo no tiene razón de ser porque está asentado en la construcción de la abundancia. Hacia esa dirección debe marchar la política económica en el socialismo.

La hegemonía del proletariado, la perspectiva del proletariado, es fundamento esencial para el futuro socialista y comunista. La base material la encontramos en el desarrollo de la producción capitalista a escala planetaria. De las contradicciones que se desarrollan en su seno. Aunque la herencia teórica y científica es un continuo, hacer valer su vigencia descansa en el dominio que sobre la ciencia de la economía y el desarrollo social en el socialismo tenga la vanguardia conductora del proceso. Esto es, sin la hegemonía y la perspectiva socialista no hay garantía de futuro socialista. La realización de las leyes del socialismo y la política para abrirle cauce a su accionar, hasta potenciarlo a su máxima expresión, sólo pueden ser garantizadas con la hegemonía de la óptica de la clase obrera. De allí la vigencia de la tesis según la cual la dictadura del proletariado se convierte en instrumento —como todo Estado al servicio de una clase— para crear las condiciones generales de reproducción de las relaciones imperantes.

En el caso de la Rusia zarista, durante el breve período democrático-burgués, la clase obrera no representaba un porcentaje elevado de la población. La estructura económica estaba configurada por relaciones capitalistas y enfeudadas. El campesinado pobre representaba la mayoría de la sociedad. El proletariado industrial tenía poco peso en la configuración demográfica. Pero ello no fue obstáculo para que Lenin y los bolcheviques ubicaran con certeza una alianza que permitiría el inicio de la revolución socialista, ni tampoco del carácter hegemónico que debía adquirir la clase obrera en la dirección del proceso.

La superestructura que se erige sobre la nueva estructura económica no puede ser otra que la que descansa en la dictadura del proletariado: la democracia socialista para señalar la categoría que también puede y debe dársele. Esto es, la democracia socialista es una forma de Estado que se corresponde con la estructura económica que se va afianzando en el socialismo. Al ser un Estado, es una forma de dictadura de una clase. De la clase obrera en alianza con otros sectores, campesinos por ejemplo, bajo su hegemonía, sobre la burguesía y otros sectores que buscarán hasta su extinción la restauración de las relaciones burguesas. Se inicia así el proceso hacia la extinción del Estado, hacia la extinción de las clases.

El revisionismo niega todo esto. Lo camufla. Lo tergiversa. Se presenta de mil maneras hasta hacerse sinuoso y, en definitiva, vulgar. Es pensamiento revisionista, teoría y práctica vulgar por muy culto que sea. No es científico.

El revisionismo primitivo chavista, por ejemplo, avanzando a troche y moche, solo busca sacarle provecho político a cualquier medida o política económica para ganar simpatías. Pero en lo absoluto busca construir el socialismo. Nos preguntamos, ¿cómo puede quien se asume como marxista-leninista, obnubilarse por la fraseología del impostor de marras?

Pero el revisionismo no solamente formula ideas vulgares en el terreno de la construcción de la nueva sociedad. También lo hace en relación con la política, la cultura, la estética y en general. Es más, el revisionismo chavista, caso emblemático, sin atender asuntos propios de la construcción del socialismo, sí lo hace en relación con aspectos superestructurales desde una perspectiva muy propia del irracionalismo, del revisionismo de izquierda. Pero el revisionismo más culto —además de abordar las cuestiones de la construcción del socialismo y aspectos fundamentales de la teoría política revolucionaria— busca, en cualquier caso, hacerse o sostenerse en el poder con ideas también vulgares, no científicas. Trata de usar nuevos ropajes para garantizar la reproducción de las relaciones burguesas. Aunque a momentos se acopla a las circunstancias revolucionarias, busca hacerse hegemónico hasta gozar de la capacidad para dirigir el movimiento acá o allá. Como expresión de la ideología burguesa, como parte de la superestructura capitalista, busca hacerse dirección política.

Dejarse engañar por este u otro revisionismo, a estas alturas, nos resulta una ingenuidad que raya en lo ridículo. Una cosa es la ingenuidad del ignorante de buena fe que es burlado por la fraseología y el sentimiento o resentimiento, y otra, muy distinta, ese engaño sui géneris del oportunista. Resaltan, por ejemplo, las notas de duelo dirigidas a organizaciones y al pueblo venezolano a propósito de la muerte de Chávez. Ubiquemos que el sátrapa —en rigor figura política por antonomasia del despotismo— es también representativo de esas formas de revisionismo latinoamericano de estos tiempos, de cuyas consecuencias el pueblo venezolano tendrá recuerdos de antología. Destacan la destrucción de la economía venezolana y la entrega de las riquezas a las potencias imperialistas en general, sobre todo a chinos y rusos, que condenan al país a la dependencia y a convertirse en pasto a ser pisado por los elefantes en su eventual pelea, resultados para nada halagadores desde la perspectivas de los trabajadores y los pueblos. El único argumento que encontraron esos partidos, siguiendo el lugar común creado, fraseología mediante, fue que las posiciones de Chávez, por una que otra estridencia, muchas veces vulgar, lo convertía en un antiimperialista.

La realidad ya deja evidencias muy claras sobre la naturaleza de estos regímenes. Quienes se aventuraron en su oportunidad —desde la ignorancia, la propaganda oficial o el oportunismo— a defender el chavismo, el correato o el kirschnerismo, difícilmente osen reivindicar la más mínima loa, luego de constatarse las circunstancias en las que dejan a los países que capitanearon. Suponemos que ya ha pasado el efecto que pudo haber tenido la fraseología de la personalidad carismática de alguno de sus adalides, o las intemperancias propias del histrión de vodevil que era Chávez, o bien el discurso acerca de la “guerra económica” para derrocar el progresismo.

Otro de los dislates de estos partidos u organizaciones —marxista-leninistas, revolucionarios o de izquierda, que apoyan o apoyaron estos procesos— es la crítica utilizada contra la política de diferentes sectores revolucionarios enfrentados a estas farsas. Denostaron especialmente de sus tácticas de unidad y alianzas, levantadas para unificar fuerzas contra el enemigo principal en que devinieron esas formas de dominación usadas por la oligarquía financiera para cancelar la situación revolucionaria. Parecieran desconocer la tradición marxista-leninista al respecto. Desde el Manifiesto Comunista, pasando por los frentes populares contra el fascismo, ha sido una constante destinar el centro de los esfuerzos para alcanzar una y otra etapa sucesiva, en la perspectiva revolucionaria. Valga aquella sentencia de Lenin según la cual:

Todo el arte de un político estriba justamente en encontrar y aferrarse con nervio al preciso eslaboncito que menos pueda ser arrancado de las manos, que sea el más importante en un momento determinado y mejor garantice a quien lo sujete la posesión de toda cadena. Si tuviéramos un destacamento de albañiles expertos que trabajasen de un modo tan acorde que aun sin el cordel pudieran colocar las piedras precisamente donde hace falta (hablando en abstracto, esto no es imposible, ni mucho menos), entonces quizás podríamos aferrarnos también a otro eslaboncito. Pero la desgracia consiste justamente en que aún carecemos de albañiles expertos que trabajen tan bien concertados, en que las piedras se colocan muy a menudo al azar, sin guiarse por el cordel común, de manera tan desordenada que el enemigo las dispersa de un soplo como si fuesen granos de arena y no piedras.

Ubicar ese “eslaboncito” en las circunstancias revisionistas, con claro rasgos fascistas que cercenan las libertades públicas, se hace un tanto más complejo si tomamos en cuenta la confusión que levantan los discursos engañosos. Sin embargo, aferrados a esa tradición del movimiento comunista y a los principios revolucionarios, el camino es claro. Esa enseñanza leninista y las múltiples experiencias históricas han sido la guía de nuestro accionar, sin olvidar nunca la tesis del proceso ininterrumpido, también aleccionador.

En ese sentido parece necesario aclarar que debe existir plena conciencia de la naturaleza de esos “compañeros de ruta”. Siempre son de circunstancia. Sabemos, por ejemplo, que sus intereses nada tienen que ver con los de los trabajadores, pues son los de la burguesía y el imperialismo. No les llamemos bandidos, como lo hizo Lenin en su oportunidad, sino agentes del capital y del capitalismo en crisis. Su objetivo es salvar al capitalismo. El objetivo es restablecer sus relaciones con el imperialismo estadounidense, aun cuando ya anden negociando con otros imperialismos particularmente el chino.

Su objetivo es mantener las relaciones capitalistas y los vínculos con la oligarquía financiera. Superar la crisis preservando lo establecido. De eso y más debemos estar conscientes. Sin embargo, en esta etapa pueden contribuir con el desarrollo de acontecimientos que pudiesen acelerar el proceso hacia el momento estratégico. De eso apenas se trata. Más cuando la crisis, al menos la que vive Venezuela, es general y abarca todos los órdenes, siendo el económico y social una expresión superlativa.

La táctica de los comunistas, en cualquier caso, siempre debe estar inscrita en logros que permitan que el proceso ininterrumpido nos vaya aproximando al momento estratégico. Es la naturaleza del régimen chavista, para referirnos al caso de Venezuela, lo que nos llevó a tales políticas que tan poco o nada han comprendido muchos de quienes se asumen como seguidores del maestro del proletariado mundial. Aun cuando, como en el caso de Ecuador, los mismos que tanto criticaron las políticas de Bandera Roja terminaron apoyando al candidato Lasso, frente al de Correa, Lenin Moreno.

La táctica correcta, en cualquier caso, tal como lo señalara Stalin, siempre debe partir del principio según el cual:
La dirección táctica es una parte de la dirección estratégica, a cuyos objetivos y exigencias se supedita. La misión de la dirección táctica consiste en dominar todas las formas de lucha y de organización del proletariado y en asegurar su empleo acertado para lograr, teniendo en cuenta la correlación de fuerzas existente, el máximo resultado necesario para la preparación del éxito estratégico (Fundamentos del leninismo).

Dejando a un lado el oportunismo del que hacen gala, estas organizaciones confunden experiencias de carácter popular y nacional en tiempos pasados con estas formas de dominación al servicio de la oligarquía. Una cosa fue la experiencia guatemalteca, para citar un ejemplo emblemático en tal sentido, y otra distinta las parodias al estilo Chávez. Muy a propósito de la estancia del Che en Guatemala en esos días convulsos, el periodista Carlos Martín García escribe y cita al Che:

En el paso tuve la oportunidad de pasar por los dominios de la United Fruit, convenciéndome una vez más de lo terrible que son estos pulpos. He jurado ante una estampa del viejo y llorado camarada Stalin no descansar hasta ver aniquilados estos pulpos capitalistas. En Guatemala me perfeccionaré y lograré lo que me falta para ser un revolucionario auténtico (…) Tu sobrino, el de la salud de hierro, el estómago vacío y la luciente fe en el porvenir socialista. Chau. Chancho.

Jacobo Árbenz, y previo a él Juan José Arévalo, profundizó un proceso de cambios en Guatemala de carácter radical, sobre todo en cuanto al problema de la propiedad de la tierra y la reforma agraria. Nada de lo sucedido en Venezuela y resto de experiencias revisionistas en Latinoamérica guarda el más mínimo parecido.

Lo fundamental para la formulación de la táctica comunista radica en la identificación de la naturaleza de clases de un régimen político y su identificación o no con los intereses del imperialismo, de cualquier imperialismo. Por ejemplo, el régimen de Jacobo Árbenz en Guatemala, que se enfrentó a los intereses del imperialismo estadounidense, sufrió las consecuencias de tamaña osadía. Se trató de un proceso antiimperialista genuino que derivó, no podía ser de otra manera, en una intervención imperialista en defensa de los intereses de la United Fruit. Mientras, en el caso que nos ocupa, la circunstancia es otra. Se trata de formas de dominación al servicio de la oligarquía, de la vieja oligarquía y la que la nutre conformada con base en los negociados de las riquezas subastadas y malhabidas. Los sectores chavistas que alcanzaron a amasar una incalculable fortuna van a integrarse a esa vieja oligarquía. En el peor de los casos van a disputarle espacios para los negocios, siempre dentro de la misma lógica del proceso de acumulación de capitales. Nada lo diferencia de las formas primitivas del proceso de acumulación de capitales basados en la piratería y la rapiña, sustituidas por el robo de la corrupción administrativa.

Puede darse el caso en que un país se convierta en área en disputa, como Venezuela. Las razones del régimen chavista para acercarse a los imperialismos chino y ruso son diversas. Una de las cuales, ya con las evidencias del caso, fue sin duda alguna resistir a la injerencia del imperialismo estadounidense. Si bien se adelantaron las exigencias en materia económica y jurídica, destacando la Constitución aprobada en 1999, los decretos de eliminación del doble tributo y de protección y promoción de inversiones, la jerga chavista no era del gusto de los gringos, con todo y que se presentaron coincidencias de intereses, cuando la diatriba conducía a un creciente incremento en los precios del crudo.

Pero es de suponerse que chinos y rusos se acercaron al nuevo gobierno en su oportunidad. Más cuando el discurso chavista, de Correa, Lula, entre otros, apuntalados por el gobierno cubano, brindaron las condiciones favorables por el discurso socialista. Se legitima el acercamiento de la llamada República Popular de China, bajo la égida del Partido Comunista Chino. O la tradición rusa que busca preservar como herencia la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. El chino, un revisionismo bastante maduro, tanto como el de sus capitales, fue recibido como el gran aliado estratégico. Otro tanto reciben los rusos como calificativo. Tienden sus tentáculos y abrazan estas economías hasta convertirlas en áreas de influencia en disputa.

Tales acercamientos, que se tradujeron en asociaciones y negocios, derivaron en un elevado grado de dependencia del imperialismo chino, principalmente, y del ruso en menor medida, que conducen a que la política económica tenga el sello del acreedor de turno. La deuda con China, incalculable e inmanejable, es de antología. Buena parte del presupuesto nacional se destina al pago de deuda, mientras el hambre abarca a buena parte de la población, alcanzando la pobreza a cerca de 85 % de los venezolanos. Esta política presentada con barniz nacional se centra en esta etapa en la venta de las riquezas del subsuelo, destacando la subasta del arco minera en el que se encuentran riquezas inconmensurables. Oro, coltán, diamantes, entre otros, son minerales de contenido estratégico, dada la circunstancia del capitalismo mundial y se subastan al mejor postor. El negocio y la puja de la subasta darán paso, más temprano que tarde, a la disputa por los medios de rigor. Cada cual exigiendo lo suyo. Ya hay quienes hablan de la perspectiva de sirianización de Venezuela como resultado de esta perspectiva. Lo cierto es que la política venezolana viene siendo determinada por la injerencia de estos imperialismos, cada uno halando para su lado, aunque los convenimientos por el reparto del botín todavía son dominantes. Tal vez por eso la relativa coincidencia en la idea de sostener a Maduro, debido a las ventajas gubernamentales de sostener el conflicto social con base en la represión sostenida mientras sigue trillando el discurso en favor del socialismo y el interés popular.

También es revisionismo renunciar a la asunción de la perspectiva revolucionaria basada en la concepción leninista del proceso ininterrumpido. La tesis del etapismo, de raíz metafísica —esto es, esperar que se cubra la etapa democrático-burguesa para luego luchar por el socialismo—, es una de las limitaciones presentes en esos partidos y organizaciones, como parte de los argumentos para apoyar a quienes se asumen de la dirección de estas formas de dominación del capital para atender las crisis revolucionarias.

Renunciar a la idea de avanzar hacia la perspectiva socialista, partiendo de la consideración de que se deben realizar las tareas propias de la democracia burguesa, luego de las experiencias del movimiento comunista mundial resumen parte de esas ataduras y bridas que frenan a los factores revolucionarios. Se propaga la idea de que no existen condiciones en un momento determinado para construir el socialismo… El criterio del programa de coyuntura desde una perspectiva etapista conduce indefectiblemente a la posibilidad de restauración de condiciones para la pervivencia del capitalismo.

Mientras, estimulados por las confusiones creadas, no faltan, además, quienes a pesar de que vivimos una situación revolucionaria prefieren, amparados en sus principios —que no de los comunistas—, esperar a estar en mejores condiciones teóricas y políticas para acometer las tareas por el cambio revolucionario. Es el caso de grupos o partidos que se asumen del campo marxista-leninista y que se frenan en su accionar como resultado de su debilidad orgánica o por su inseguridad acerca del manejo del marxismo-leninismo. O de una búsqueda que los aproxime a definiciones más claras para la atención de los problemas complejos que les toca vivir. Caen en posiciones librescas y se desvinculan del accionar práctico. Se paralizan por la imposibilidad de formular tácticas que los aproximen a partidos burgueses, para referirnos al caso venezolano, sin tomar en cuenta que frente a la naturaleza del régimen chavista se justifican esas alianzas.

Partiendo de la consideración de que se trata de agrupaciones revolucionarias, aunque inconsecuentes con el marxismo, partiendo de la premisa de que se trata de una posición sincera, creemos que son tiempos de arriesgar. Cabe el célebre episodio que vivieron Marx y Engels a propósito de la Comuna de París. Conscientes de lo poco maduro que estaba el proletariado y la debilidad de sus organizaciones, le brindaron todo el apoyo posible. A nuestro juicio, resulta por tanto errónea esa actitud de esperar hasta estar en mejores condiciones. Más cuando el legado teórico y práctico permite decir que estamos en muy buenas condiciones para aventurarnos a pensar en la posibilidad de, una vez más, tomar el cielo por asalto.

La circunstancia mundial señala posibilidades revolucionarias acá o allá. De eso no hay dudas. Prepararse para dar respuesta a esta perspectiva supone consolidar una fuerza material, una fuerza política y una fuerza social. Pero también supone, y esto con la primacía de principal, elevar las capacidades teóricas de las organizaciones marxista-leninistas. Uno de cuyos aspectos es precisamente el combate al revisionismo en sus diversas expresiones, así como la recreación del marxismo-leninismo para el diseño de tácticas que siendo eficaces en ningún caso desdeñen los principios.

La decadencia

Pero es evidente que las formas de dominación basadas en posturas revisionistas, valga decir el revisionismo latinoamericano de estos tiempos, hacen aguas. Es por eso que avanzan factores políticos que resumen la tradición burguesa convencional a favor del imperialismo yanqui, aunque avanzan en la articulación con chinos y rusos, sin abandonar las ya sostenidas con alemanes, franceses e ingleses, entre otros.

Circunstancia que es descrita como “avances de la derecha” por quienes se identifican con tales proyectos de izquierda y de esos gobiernos. La confrontación izquierda y derecha parece ser encauzada al estilo europeo. La derecha apenas guarda uno que otro matiz con la izquierda y viceversa, sobre todo en política económica y social. Las posiciones keynesianas, por ejemplo, tienden a ser identificadas con la izquierda. Mientras que el liberalismo es identificado con la derecha. Pero cuando las analizamos de cerca, ambas políticas económicas, además de apuntalar el proceso de acumulación de capitales, se mueven de acuerdo con las especificidades de las economías de cada país para sacar de ellas el mayor provecho y así favorecer a la oligarquía financiera. En unos casos se aplican políticas expansivas, ampliando la demanda interna, en otros, a la inversa, aplicando políticas liberales restrictivas. Venezuela, en los últimos 30 años, ha visto cómo se realizan estas orientaciones, sobre todo en las últimas dos décadas. Independientemente de que la tradición liberal en estos tiempos ha sido dominante por las demandas de la oligarquía financiera, dadas las colocaciones de inmensas masas de riqueza-dinero en la esfera especulativa. Lo cual conduce a la implantación de políticas que, a la par que incrementan la explotación del trabajo, resultan erosivas del proceso productivo y destruyen fuerzas productivas.

Brexit y más adelante Trump parecen colocar las cosas en su sitio, toda vez que van a contravía de la tradición liberal y globalizadora, a la par de expresar posiciones de derecha. Apuntan en la dirección de la protección y la preservación del mercado interno. De tal manera que ahora las cosas se les complican a los revisionistas, toda vez que son factores de derecha tradicional, para usar adjetivos en boga, los que rompen con los esquemas liberales. Le Pen en Francia, entre otros, apunta en la misma dirección. Esto es, tendencias fascistas son las que en estos tiempos comienzan a asumir posiciones de enfrentamiento al libre mercado. Lo que demuestra que se trata de políticas concretas del capital. Vale en tal sentido la vigencia del célebre Discurso sobre el librecambio de Marx.

En la expansión de la demanda, las nuevas formas de revisionismo parecen haber jugado un buen papel. Recordemos que la conformación de la demanda interna de muchos países, con su contribución a la ampliación del mercado mundial, permite frenar la caída de la cuota media de la ganancia de los capitales oligárquicos y, a su vez, garantiza el retorno de las ganancias extraordinarias que obtienen de los países dependientes y semicoloniales.
De tal manera que los vaivenes en el comportamiento de los precios de las materias primas conducen a la propensión de una u otra orientación. Siempre inscritas en las tendencias del mercado. Eso no debe obnubilar a quienes han de guiarse por la ciencia marxista, la economía política marxista-leninista. Pero no son pocos quienes, desde posiciones “marxistas”, terminan enceguecidos por la reducción de la pobreza en una circunstancia determinada, o la reducción del índice de Gini, o cualquier logro subalterno producto de estas orientaciones. Aun cuando tal circunstancia obedece a un vaivén en el comportamiento de los precios de una materia prima, los llamados sectores de izquierda o progresista le brindan una caracterización que nada guarda con la naturaleza de clases de tales políticas. Además de ser contingentes y no inscribirse para nada en una perspectiva de desarrollo soberano, les dan un carácter progresista.

Por eso, la burguesía y sus ideólogos saben identificar el revisionismo como una expresión política cuya eficacia bien puede servir a sus intereses. Desde sus múltiples expresiones, la experiencia histórica les ha corroborado esta percepción. Sumemos que la eficacia política es clara en determinadas condiciones cuando se pone en peligro el orden imperante, las las relaciones sociales capitalistas. Allí recurren a estas corrientes que terminan adormeciendo al movimiento popular.

Los ventarrones de la crisis mundial, la caída de los precios de buena parte de las materias primas, la tendencia recesiva dominante en el mundo capitalista, entre otros aspectos, merman las perspectivas de estas formas del revisionismo. No significa que se hayan evaporado, simplemente se han debilitado. A ellas pueden recurrir una vez más, aquí o allá, donde puedan jugar ese perverso papel de engañar al pueblo con mera fraseología.

El agotamiento de estas formas de dominación, de revisionismo moderno, en medio de estas nuevas circunstancias revolucionarias como las que se viven en Venezuela, una vez más, pudiese ser motivo como para que se preserven. Aunque por la rabia contenida del pueblo venezolano somos de la idea de que su agotamiento viene dando paso a una circunstancia revolucionaria que parte de la consigna ¡ahora le toca al pueblo! Y allí estaremos los comunistas revolucionarios buscando crear condiciones para hacer buena nuestra estrategia revolucionaria. De eso se trata.

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