Sobre las sanciones de Trump contra el Estado venezolano, hay dos cuestiones que deben ser abordadas con la precisión y la fuerza que ameritan por su importancia política. En primer lugar, lo atinente al revisionismo, que no ha sido tomado en cuenta por unos y otros. Nos resulta sorprendente que —muy a pesar de que el revisionismo, el discurso socialista, ha tenido tanta eficacia política— no se maneje con la profusión del caso para desenmascarar al régimen. Lo que refleja una inconsecuencia con el principio leninista según el cual hay que enfrentarlo en todas sus variantes. Le brinda más vigencia a este asunto el pliegue que hace el gobierno incorporando a Venezuela, en condición de satélite, claro está, al bloque imperialista liderado por China —imperialismo en el que impera un revisionismo añejo— y Rusia, cada día más identificado con un discurso similar, seguramente, a sabiendas de la eficacia que ofrece para sus planes hegemónicos. Todo en medio de una creciente pugnacidad interimperialista.

En segundo lugar, otro asunto que ha sido subestimado por unos y otros —aunque el gobierno no ha dejado de ventilarlo como parte de su fortaleza— se refiere a los efectos políticos de la presencia imperialista en el conflicto venezolano. Dejan claramente establecida su idea de que el imperialismo yanqui es agresivo, mientras que chinos y rusos son amigos de nuestro pueblo, dispuestos a defendernos desinteresadamente. Pero, en la oposición en general, este asunto no ha sido atendido con la rigurosidad o amplitud del caso, para pedir lo menos. Como mínimo han debido dar cuenta de algo de lo que sucede en el chavismo a partir de las circunstancias que se han abierto. Lo que ha llevado a manifestaciones claras de subjetivismo, sobre todo en relación con las debilidades del régimen por el acoso de la comunidad internacional, a la cual siempre presentan como algo homogéneo, cuando en realidad no existe tal comunidad internacional, sino bloques imperialistas.

Su relación en las actuales condiciones es fundamental no solo para la comprensión de lo que sucede en Venezuela y en buena parte del mundo, sino también para la definición de políticas en momentos en que se vive un reflujo significativo del movimiento de masas, luego de la gesta que representó la rebelión democrática de buena parte del pueblo venezolano contra la dictadura. Decaimiento que puede ser conducido a una “paz” que permita favorecer al régimen de manera importante en camino a su eventual recuperación. Cuenta esta perspectiva no solamente con las determinaciones antes señaladas, sino con los favores que le brindan sectores opositores por la respuesta política que dan, entre otras, frente a las medidas tomadas por el presidente estadounidense.

Oxígeno y algo más al revisionismo…

Hemos señalado de manera clara que enfrentamos un régimen revisionista. Socialista solo de palabra. Que impera en Venezuela una forma de dominación despótica que se disfraza de socialista. Lo que supone un esfuerzo por labrar la mayor comprensión de lo que ello significa, y los efectos que puede traer una respuesta inapropiada. Y es que no hay manera distinta al análisis radical de lo que acontece en Venezuela para definir posturas políticas que contribuyan con la unidad contra el oprobioso régimen chavista. Sobre todo ahora cuando el chavismo cuenta con la iniciativa política, mientras las masas ven pasar el reflujo en medio de una rabia que nuevamente será combustible para la lucha por el cambio político.

Las sanciones de Trump permiten que el chavismo en buena medida se unifique y encuentre argumentos para colocar la cuestión militar en el centro de la política. Le permite afianzar la militarización de la sociedad toda vez que es en el sector castrense donde descansaría la defensa del país frente a una eventual agresión del imperialismo yanqui. Además, lo más importante, el país pasa de manera más clara a formar parte del bloque imperialista encabezado por el revisionismo chino, el más competitivo del planeta. En cualquier caso, son mayores los beneficios que los costos para el régimen chavista.

Sin embargo, la respuesta del imperialismo estadounidense expresada en esas medidas era de esperarse y se corresponde con la agresividad que expresa Estados Unidos ante la pérdida de hegemonía a escala planetaria. Independientemente de que resultan contraproducentes, EEUU está obligado a mostrar su agresividad y espíritu belicista frente a China y Rusia. Es la única salida que le queda, pues es en este sector, el militar, donde encuentra más capacidad competitiva. Con todo y que en áreas sensibles —a saber, aeroespacial, aerea y blindados— ha sido superado por Rusia y en telecomunicaciones por China. Y qué decir en producción energética.

Como hemos indicado, estas sanciones no afectan al chavismo en la magnitud que muchos esperan desde el punto de vista económico. Eso sí, afianzan una tendencia iniciada más de una década atrás, que parece colocar al mundo al borde de una guerra por el reparto del mundo. Si EEUU fuese el acreedor de otros tiempos, ciertamente las cosas fuesen diferentes. Pero China es el principal prestamista mundial muy por encima del Fondo Monetario Internacional. Además, cuenta China con la tenencia de papeles de deuda estadounidense por encima de los 1,3 billones de dólares. De tal manera que el asunto es más político que económico.

La respuesta de Maduro, al anunciar medidas económicas para supuestamente atender la crisis, dejan claramente establecido que la dinámica imperialista, sus pugnas, encuentra en Venezuela, en este régimen, un punto focal que hace época y anuncia el desarrollo de una tendencia de consecuencias inconfesables. Recordemos que una de las razones por las cuales EEUU aceleró la invasión a Irak fue la decisión del gobierno de Saddam Hussein de tranzar con euros con Alemania y la sustitución del dólar como moneda de reserva.

Por su parte, China tiene pospuesta su decisión de convertir al yuan en la principal moneda de cambio y de reserva. Pero esta decisión del gobierno de Venezuela sienta un precedente de significación, aun cuando la economía venezolana no tiene significación desde el punto de vista financiero, circunstancia que se afianza producto de la crisis por la que atraviesa. Su importancia radica en el hecho de que se convierte en una declaración de alineamiento en torno del bloque chino-ruso. Es un mensaje al mundo de una gran connotación política.

Este resultado es ciertamente temprano. Desde que se desarrolla la tendencia al pliegue de Venezuela al bloque chino hasta esta declaración ha pasado muy poco tiempo. Así como ha sido acelerada la entronización de la hegemonía china a escala planetaria, cuestión que todavía no logran asimilar muchos analistas, ni qué decir de talentosos dirigentes políticos que ni siquiera se han percatado de este fenómeno.

Sus efectos en la política venezolana no terminan de ser asimilados. Es más, no se percibe que este asunto sea atendido por buena parte de las fuerzas opositoras. Seguramente es reflejo del poco juicio o la poca profundidad que reina en su dirigencia. Esto hace más urgente profundizar en el análisis de esta determinación inscrita dentro de una estrategia para desplazar el régimen.

Son medidas imperialistas

Ahora, bien, independientemente de la circunstancia venezolana, de la necesidad de hacer uso de todo lo que pueda debilitar al chavismo, debemos ubicar que las contradicciones interimperialistas suponen un mero asunto de pillaje. Que, dentro de esas contradicciones, el imperialismo estadounidense es el más agresivo, por estar en franca desventaja frente al avance de los imperialismos chino y ruso y el bloque que han logrado configurar. Que, siendo el más agresivo, atiza cualquier conflicto hasta convertirlo en posibilidad de guerra, en parte del reparto. De allí que resulta, por decir lo menos, un riesgo importante comprometerse con alguna cuestión que a la postre represente un costo político demasiado costoso para las fuerzas del cambio que demanda Venezuela.

Debemos ubicar que ciertamente las contradicciones interimperialistas resumen una reserva estratégica para los procesos políticos en todo el mundo. Lo que no supone actuar de manera olímpica con tal de alcanzar un objetivo. Se corre el peligro, por ejemplo, de estimular una guerra de rapiña imperialista en el propio país. O, bien, actuar de una manera que conduce a un costo político tan grande que le llevamos agua al molino de quien queremos derrotar. Ése es el caso que nos ocupa. Esto es, convertirnos en reserva estratégica indirecta a los intereses del imperialismo estadounidense. En vez de sacar provecho de las contradicciones interimperialistas, terminamos en lo contrario.

Nos puede excusar el hecho de que los procesos adelantados por el imperialismo son el resultado de su naturaleza. Por ejemplo, las sanciones impuestas por Trump, a todas luces contraproducentes del punto de vista político, son el producto de sus demandas imperialistas. Son independientes de nuestra voluntad. Se podría sacar algún provecho si ello debilitara al régimen, pero no es el caso.

Un buen ejemplo al respecto lo resumen las sanciones contra Rusia que, a la larga, han beneficiado el desarrollo del imperialismo ruso en varias ramas, estratégicas y subalternas, que lo afianza en su perspectiva de competir por la hegemonía mundial.

Además, debemos ubicar que estas contradicciones sintetizan una reserva estratégica que va más allá de la coyuntura venezolana. Son varios los escenarios en el planeta de la misma significación. En todos los casos debemos levantar la condena de que se trata de guerras atizadas por el imperialismo. Ni por asomo debemos brindar el más mínimo apoyo a tales empresas, muchas veces adornadas por fraseología humanitaria, así como los revisionistas la disfrazan de nobleza progresista. Así se trate de guerras contra gobiernos amigos del chavismo.

En cualquier caso —como lo señala Stalin en Los fundamentos del leninismo, refiriéndose a las reservas indirectas—, a sabiendas de que su significación no siempre está clara, su valoración debe ser muy bien atendida. Se trata de contradicciones imperialistas en torno de las riquezas de Venezuela, por lo que en ningún caso debemos plegarnos a favor de uno u otro imperialismo, además de que la agravación de las penurias del pueblo no debe formar parte de políticas para supuestamente debilitar al régimen.

Desenmascarar y enfrentar el revisionismo

Sin duda alguna, la determinación más importante de las actuales circunstancias obedece a la política chavista. Hemos indicado en varios escritos que una cosa es aprovechar las contradicciones interimperialistas en favor del desarrollo soberano e independiente de un país y otra muy distinta plegarse a un imperialismo para enfrentar otro. Aprovechar la reserva estratégica que suponen las contradicciones interimperialistas no niega en ningún caso condenar el injerencismo y su naturaleza.

Por ello hay que ser cuidadosos en el tratamiento de estos asuntos, pues las tesis revisionistas van más allá de la declaración pedestre acerca del ”socialismo del siglo XXI” a la cubana, a la chilena, a la árabe, entre otros. Recordemos que el socialismo, si no es científico, no es. Pero va más allá. Abarca cuestiones concretas en todos los aspectos de la vida. El revisionismo asume la defensa de los derechos humanos, mientras los viola de manera flagrante, como se demostró en Venezuela con el asesinato de decenas de jóvenes durante la reciente rebelión democrática. Dicen asumir la defensa de la soberanía, mientras la entregan a una potencia imperialista que practica exactamente los mismos principios así sea disfrazados de solidaridad. Hasta se arrogan la condición de ser los más grandes defensores de la llamada sexodiversidad: propician el matrimonio gay y lo presentan como parte de las reivindicaciones que son capaces de realizar, mientras cercena los derechos humanos, el derecho al trabajo y auspicia el incremento de la explotación.

Porque es la mejor manera de atender las crisis revolucionarias, la burguesía y el bloque imperialista en torno de China y Rusia recrean formas revisionistas muy diversas. Siempre ha sido así. En las actuales condiciones podemos observar cómo los rusos cada vez más reivindican el pasado socialista y se aproximan a una fraseología del pasado revisionismo desde Jruschov hasta Breznev.

Esa psicología revisionista ha terminado por convertirse en inextricable para quienes encabezan la oposición venezolana. No logran atinar en políticas para enfrentar al régimen. Pues no solo se trata de enfrentar el revisionismo sino el bloque en el cual se apoya que viene adquiriendo cada vez más perfiles en esa dirección. Ahora se suma India, fundadora del Movimiento de los Países No Alineados, suerte de espacio que fue labrando desde hace décadas y que hoy día da los frutos esperados. El MPNA, a su vez, se articula a la teoría maoísta de los tres mundos, lo que la engarza con una forma revisionista más clara. Por lo que resulta risible decir que el gobierno de Venezuela tiene en contra la “comunidad Internacional”, cuando hace apenas un año Maduro presidió la Conferencia en la isla de Margarita. En sus maniobras, los opositores no logran ver la naturaleza de sus acciones. Por lo regular son subestimadas las respuestas chavistas a cada situación concreta. Son analizadas de tal forma que su condena está de antemano llevada al fracaso. Sumemos que siempre han contado con que la respuesta de las mayorías será a su favor.

En este orden de ideas, una de las cuestiones que no logran ver los opositores que dirigen la principal instancia unitaria es que el anticomunismo no cuenta con eficacia política como no sea para satisfacer los oídos de un reducido sector social y político, principalmente radicado en el exterior, y al imperialismo estadounidense. Sigue soñando el chavismo con seguir siendo acusado de comunista y revolucionario. Le sigue brindando beneficios importantes.

Entendemos que llegar a la raíz de estos asuntos supone la realización de un método y una perspectiva de análisis que son ajenos a la ideología burguesa, en cualquiera de sus expresiones. Además, por los intereses específicos que representan en el momento, las expresiones políticas burguesas tradicionales no son capaces de decir las cosas tal cual son. Chocan verdades con intereses en juego, a lo que se le suma la perspectiva estadounidense.

Sin embargo, hay quienes todavía se achicopalan por las oleadas anticomunistas. Tienen cabida en reducidos sectores de la burguesía y la pequeña burguesía, pero no llegan con la misma fuerza a los sectores populares, más cuando las capas medias han sido tan afectadas como resultado de la crisis que ya se encuentran entre quienes nada tienen que perder.

Trump, por su parte, está obligado a profundizar en su ofensiva contra el gobierno chavista. Muchos ven sus respuestas, las del presidente estadounidense, como resultado de sus intemperancias. No se percatan de que son decisiones del imperialismo yanqui que busca afianzar una política de rescate de espacios perdidos. En las actuales circunstancias el imperialismo estadounidense es el más agresivo. Es una tendencia que todo país imperialista —en medio del desarrollo desigual y la tendencia a la nivelación— pugne por un reparto del mundo donde resulte favorecido. Entretanto, en la búsqueda de una tasa de ganancia competitiva, se hace de un espacio acá o allá como mercado, o como fuente de materias primas, o por el simple desgaste del oponente.

El desarrollo capitalista conduce de manera indefectible a un desarrollo desigual signado por el comportamiento de la cuota media de la ganancia. Donde ella sea más elevada que la media, allí se concentrarán los capitales. Durante décadas China fue imán de los capitales a escala planetaria. Estados Unidos desplazó sus capitales al país asiático. La historia ha sido breve, pero contundente. China se convierte en la mayor potencia financiada por el resto de naciones imperialistas.

Venezuela se convierte así en uno de los focos más importantes de la disputa imperialista. Junto a Corea del Norte, centran la atención en este sentido. Corea por el reto a EEUU en su sentido bélico y de irrespeto a la menguante hegemonía yanqui. Venezuela por plegarse de manera clara y genuflexa al imperialismo chino. Más bien al bloque imperialista conformado por China y Rusia.

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