…o cómo hacer que los venezolanos se sientan culpables por la crisis

El Gobierno realiza grandes esfuerzos para crear un sentido común acorde con su política antipopular. Con el anunciado incremento del precio de la gasolina —al igual como lo hicieron durante el período bipartidista y fueron coreados por los economistas de postín—, sacan la propaganda que asegura que un vaso de agua es más caro que un litro de gasolina. Le agregan, en esta oportunidad, la idea del costo de producción y el resultante beneficio capitalista sin que les titile el ojo de su engañoso “socialismo” de discurso. Se olvidan los propagandistas de la perorata que en su oportunidad gritaron voz en cuello para justificar el no incremento del precio de un bien que, por sentido común —de un carácter menos común, claro está—, indica que algún beneficio directo debe recibir el venezolano de un recurso propiedad del Estado, del suelo nacional en este caso. Además, en medio de una crisis tan grave, tan calamitosa para la población venezolana, el incremento del precio de la gasolina sería como echársela a un fogón.
Para este año, se calcula una inflación de 200%. Una caída del producto interno bruto (PIB) de –7%. Esto es, sufriremos una estanflación de las más profundas y jamás conocidas en Venezuela. Así, el aumento de la gasolina conducirá a una caída brutal de la capacidad de demanda social y con ello un mayor derrumbe del PIB.
No piensan los propagandistas que el precio vigente de la gasolina es un subsidio directo para mantener un relativo nivel de demanda, golpeado por la inflación y la especulación que ha creado el propio gobierno. Trabajadores de la ciudad y el campo, desempleados, estudiantes, la gente que vive de su trabajo, son venezolanos que reciben un subsidio sin cuya existencia las cosas serían más duras aún. Su eliminación o disminución harían inevitablemente más caro todo. El trasporte en general, de pasajeros y de carga, elevarían los precios de servicios y productos.
Así como se subsidia a países —verbigracia Petro-Caribe—, debemos exigir se mantenga el subsidio a los venezolanos. La religión liberal que tanto cuestiona el subsidio olvida que Estados Unidos destina miles de millones de dólares en subsidio para los productos agrícolas salidos de su territorio. Todos los países, como algo obligante, subsidian uno u otro rubro para mantener niveles de competitividad y protección de sus mercados respecto de otros.
Además hay otro engaño: subir el precio de la gasolina no permitirá disminuir la brecha fiscal de manera significativa. Este desequilibrio —resultado de la política chavista que destruyó buena parte del aparato productivo— debe atenderse con base en la elevación de la producción, pero ello supone adelantar una nueva política económica. Elevar la producción implica una nueva orientación de la política con el sector externo. Mientras las importaciones gocen de las ventajas que le brinda el gobierno, la producción nacional seguirá siendo menos competitiva. El incentivo a la producción nacional debe basarse en créditos baratos, asistencia técnica, mercados amplios con base en canales de comercio eficaces y control de calidad y producción. Pero en eso no está interesado este gobierno.
Por otra parte, para frenar el contrabando por la vía del precio, tendrían que elevar a más de 50 bolívares el litro del combustible. Esta decisión conduciría a un empobrecimiento atroz de la familia venezolana. Aparte del precio de la gasolina venezolana respecto del que rige en Colombia, el contrabando es alimentado por las mafias orquestadas en connivencia con miembros del ejército y la guardia nacional. No es este un asunto solo de precios.
Estos argumentos para nada son tomados en cuenta por el gobierno. Han retrasado la medida por el costo político que representa su asunción. Más en un año electoral. Se trata de una exigencia de los prestamistas chinos, rusos y demás naciones acreedoras. También buscan con esta medida implantar un precedente que cree una cultura dócil frente a medidas que a fin de cuentas se inscriben en la orientación general de mantener la capacidad de crédito y de solvencia frente a los compromisos contraídos con otros países. Por eso pretenden hacer sentir a los venezolanos culpables por obtener la gasolina “tan barata”. Sobre todo, siembran de manera machacona el “sentido común” de que la elevación del precio es impostergable.
Debemos preguntarnos ¿por qué en vez de aumentar la gasolina no anulan los acuerdos de doble tributo con 36 países de desarrollo industrial importante —entre los que destacan Estados Unidos, China, Rusia y Brasil—, debido a los cuales el Estado venezolano deja de percibir más de 20 mil millones de dólares anuales?
La gasolina es un derivado del petróleo, propiedad del Estado. Los venezolanos formamos parte del Estado y debemos recibir ventajas de esa condición. Quienes quebraron al país ahora quieren descargar su peso en la gente. Que la crisis la paguen quienes la causaron. No es mediante la elevación del precio de la gasolina como se podrá superar esta catástrofe: solo un cambio de gobierno hará posible una salida de la crisis de manera positiva para Venezuela y su gente.
 
Carlos Hermoso

 

Caracas 5 de febrero de 2015

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