Parece que se reiteran viejos males. Parece que no terminamos de llegar al fondo. La guerra nacional de independencia fue sucedida por la guerra federal. La segunda trajo más muerte y destrucción que la primera. Esperemos que la debacle del chavismo no traiga como consecuencia un momento histórico más dramático al creado por quienes han llevado al país por el despeñadero, tras el mesías de turno.

Es tarea de todos, sobre todo de quienes asumen la condición de dirigentes, no contribuir con otro episodio qué lamentar. Debemos colocar en el tapete del debate el rumbo a seguir si no queremos que la historia tome ese rumbo. En tal sentido, levantamos, como siempre, las banderas del interés nacional y popular que debe tener el proyecto alternativo como garante de un rumbo de paz y bienestar.

Carácter nacional

Pero con justa razón alguien comentaba acerca de la necesidad de definir eso del carácter nacional que debía tener la salida de la crisis y la superación positiva del chavismo.

Aquello de la fábrica de fabricantes señalado por Marx, a propósito del debate entre proteccionismo y el mercantilismo, supone precisamente colocar al mercado interno y externo, al servicio del proceso de acumulación y concentración de capitales. La producción nacional por encima de la importación del producto extranjero. La balanza comercial positiva que permita el desarrollo del mercado interno y el fortalecimiento del aparato productivo nacional.

Por lo que no se trata del nacionalismo liberal al estilo fascio. De eso conocemos mucho en América Latina. Tampoco de otros nacionalismos que reivindican los desarrollos culturales y tradiciones autóctonas, sin atender la independencia y autonomía en el desarrollo económico. Son varios los contenidos y tradiciones que ha tenido la categoría.

Hoy lo ubicamos en el sentido de que el desarrollo de un país semicolonial y dependiente está sujeto al interés de la nación imperialista de la cual depende. De allí el afianzamiento del papel del país dependiente en la división internacional del trabajo (DIT). Los intereses particulares del imperialismo dominante en relación con el país en cuestión, así como las tendencias generales del capitalismo monopolístico mundial, determinan lo dominante del papel de cada país. De allí las especializaciones de la producción de uno u otro rubro que complementa la economía mundial y el intercambio, cada vez más desigual.

Esta circunstancia, la de la dependencia y el sojuzgamiento, también produce un freno al proceso de concentración de capitales en áreas distintas a las “negociadas” con uno u otro país dependiente.

Se impone entonces un interés distinto al del país dependiente, usando armas poderosas, entre las que destaca de manera muy clara las llamadas “inversiones indirectas”. Esto es, el empréstito de entes multilaterales o de alguna nación acreedor, como china, que engordan de manera desmesurada la deuda pública. Pero, de igual manera, la inversión directa también va a condicionar el desarrollo en el contexto de la DIT y el grado que podrá alcanzar en área como la industria. Si no, veamos lo que acontece con las maquilas.

Por lo que se trata es de superar ambas cuestiones que frenan el desarrollo de las fuerzas productivas de los países débiles. Lo que supone reivindicar el carácter nacional y soberano del desarrollo rompiendo con el rígido papel que se juega en la DIT impuesta, y estimulando el desarrollo diversificado. Lo que implica concentrar capitales en áreas diversas, definidas con base en criterios que apuntalen el camino de la revolución industrial nacional.

El carácter popular

No se trata del mero descontento. La rabia acumulada, la desesperación dada la imposibilidad de apenas alimentarse, de millones de venezolanos, marcan un estado de conciencia hacia el cambio. Es una fuerza material acumulada que en cualquier momento se desborda. Es el momento en el cual con cualquier detonante se superará con creces el arma de la crítica.

Convertir esa fuerza ciega en torrente de transformación nos compromete con un rumbo que debe ser popular. De lo contrario, esa fuerza rápidamente será capaz de detectar un nuevo engaño. Una nueva trampa que busque burlar la aspiración popular será rápidamente percibida por la gente y la respuesta será contundente. La conciencia popular se convierte así, en el principal factor para la liberación de las fuerzas productivas.

Aquello del freno al desarrollo de las fuerzas productivas al que ha llevado el chavismo se expresa principalmente en el hambre de millones de venezolanos. El desempleo. La migración de gente desesperada buscando una alternativa. Por eso truena la sentencia según la cual, llegado un punto en que las relaciones sociales imperantes frenan de tal manera el desarrollo de las fuerzas productivas, que se abre un período de revolución social y política. Se busca superar las relaciones imperantes.

Por eso, el asunto no es que se deban hacer “concesiones al pueblo”. Se trata, en última instancia, de que, para liberar las fuerzas productivas, hoy frenadas, debe satisfacerse la demanda popular, principal palanca para el desarrollo.

La idea “abstracta”

Así, son dos las cosas fundamentales para salir de la crisis de manera airosa, luego del desalojo del chavismo del poder. Idealista la propuesta dirán algunos. Solo que se trata de una propuesta abstracta. Dejando a un lado elementos estructurales que representan un freno al camino del éxito de esta empresa. Esto es, la unidad para salir de esta tragedia supone recoger las aspiraciones de sectores diversos, que permita salir del chavismo y echar las bases del desarrollo nacional y popular.

Que sea abstracto no supone que sea idealista ni subjetivo. Se trata de una propuesta que busca conciliar intereses tomando en cuenta de que su carácter se define con base en la condición semicolonial y dependiente de Venezuela. Lo que obliga a ubicar el carácter nacional, sin descuidar la naturaleza popular. No puede ser de otra manera tomando en cuenta que las contradicciones con el imperialismo, chino, ruso o estadounidense no pueden esconder las propias en la estructura que se ha erigido.

Se trata, luego, de edificar una nueva democracia, cuya base material sea el desarrollo. Lo que supone una nueva política económica cuya palanca sea la configuración de un proceso de concentración de capitales, que apunte a la diversificación. Que permita aprovechar la principal fuerza productiva, el hombre trabajador. A su vez, que aproveche las grandes reservas de riquezas del suelo venezolano para, aprovechando lo que supone la minería mediante explotación racional para exportar, sirva principalmente para convertir esa riqueza en materia prima para el desarrollo de ramas industriales diversas.

Nueva política bancaria, que fuerce al sistema a canalizar el ahorro social a la inversión productiva. La definición de las áreas sujetas a inversión principalísima, debe ser definida de manera centralizada. Establecido el ahorro social, se podrá y deberá ubicar la inversión extranjera, cuya confianza la brindará la perspectiva del desarrollo nacional.

Nueva política fiscal y tributaria. Que paguen los que más tienen. Que la recaudación descanse en el impuesto a la producción. El tributo para los bienes suntuarios, eliminación del IVA mediante.

La deuda pública debe ser atendida de manera rigurosa y solamente para asuntos claramente establecidos. Recordemos, que si la deuda pública fuese palanca para el crecimiento y el desarrollo, Estados Unidos no hubiese perdido la carrera en la lucha por la hegemonía mundial. Grecia sería, mínimo, una economía boyante. Ni lo uno ni lo otro han alcanzado dos de las economías más endeudadas del planeta.

Quienes pretenden llevar a Venezuela por el camino de la entrega al capital financiero internacional, dizque para salir del atolladero, más endeudamiento mediante, parten de axiomas, nada demostrados en la realidad. Por el contrario, son claras las evidencias que indican que la deuda pública descapitaliza al punto que frena el desarrollo y el crecimiento. Hablan del plan Marshall como un episodio que permitió la recuperación de Europa. vaya dislate. Este plan, no solamente fue subalterno para la recuperación de Europa, sino que los países que más recibieron del plan en cuestión, sobre todo Inglaterra, fueron los que menos crecieron. Los que menos recibieron, sobre todo Alemania e Italia fueron los que más se desarrollaron. La recuperación de Europa es el resultado de que su economía se convirtió en receptáculo de capitales que se articularon con los nativos. Luego de lo cual, el sentido nacional, condujo a un desarrollo importante, ya que brindaba una cuota media de la ganancia superior a la presentada por Estados Unidos.

De no seguirse el rumbo líneas atrás definido, de no atenderse la demanda nacional partiendo de nuestras propias fuerzas y capacidades, de no atenderse las demandas del pueblo, es fácil vaticinar una cadena de hechos que abonarán una rápida inestabilidad política y social, colocando a la sociedad en la disyuntiva entre la barbarie y una salida radical.

Por su parte, la idea mesiánica presente en alguna gente, sobre todo de quienes se asumen como “personalidad indispensable”, además de que no define un proyecto para el desarrollo, nada tiene que ver con la aspiración unitaria del pueblo venezolano. Cada hecho histórico configura sus personalidades. Las que se corresponden con ese episodio o época. Ciertamente, los perseverantes, los más aventajados en diversos aspectos, sobre todo los que recogen el sentir de la gente y asumen sus intereses, tienen más posibilidades de convertirse en expresiones de ese hecho o momento histórico. De allí que la confianza debe nacer en el hecho de que vivimos una época de cambio. Quienes dirijan deben ganarse el sitial con base en una posición de defensa de las aspiraciones populares y nacionales. Las condiciones empujan en esa dirección.

El nuevo año apunta a ser tiempo de cambio. Tiempo de construcción de un nuevo futuro. Hay que aprovechar el descontento para acabar con lo establecido y para construir un nuevo rumbo.


Tomado de Efecto Cocuyo

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