El Aula Magna fue ayer 6 de marzo un espacio de confluencia, donde se sentía en todos los rincones un espíritu de rebelión democrática. Representantes de la llamada sociedad civil tomaron la iniciativa y produjeron un encuentro que abarrotó esta gran sala. Se concretó una propuesta que fue creciendo de tal manera que, a las 10 am (hora a la cual fue convocado el evento) ya el lugar estaba repleto. Esta vez se rompió el paradigma de la impuntualidad venezolana, también el de la apatía.

Allí, frente a ese salón atiborrado y henchido de esperanza, alzaron su voz representantes de los sectores sociales: petrolero, productivo, salud, medios de comunicación, magisterio venezolano, vecinal, estudiantil, trabajadores universitarios, religioso, centrales sindicales y familiares de las víctimas de la represión, para llamar a la unidad, concordando en la urgencia por salir del régimen que gobierna a Venezuela y responsable de la alarmante crisis que agobia al pueblo venezolano.

Algunos diputados, así como algunos políticos conocidos y representantes de los partidos que asistieron, les tocó estar entre el público y escuchar el llamado de los sectores sociales a la más amplia y participativa unidad para luchar por Venezuela. Una tremenda lección proporcionó la sociedad civil en este encuentro popular, en el que posiciones ideológicas y políticas diferentes coincidieron en la necesidad de articular las luchas, las reivindicativas y las políticas, enlazarlas para el logro de una real transformación en Venezuela.

Este encuentro inicial, que ha de tener una proyección en todo el país, es un ejemplo de la unidad superior que debe emerger en Venezuela, con un modelo de participación y de lucha organizado desde las bases, que integre y articule a todos los sectores sociales y políticos, con igualdad de derechos en la toma de decisiones. Una organización que asegure la unión y la insurgencia de una fuerza de rebelión democrática que converja en el derrocamiento de la dictadura.

Solo una unidad real y confluyente, puede conquistar la nueva democracia que Venezuela requiere, con verdadera participación y protagonismo social. Ese modelo hay que instaurarlo desde ya con la  organización para luchar. El país también exige una nueva ética, elemento impostergable que debe estar presente en la reconstrucción nacional, porque cuánto daño ha hecho la corrupción, el oportunismo, el protagonismo y los cogollos. La nueva ética es impostergable, su germen también debe prevalecer en las organizaciones unitarias ante este nuevo levantamiento que va naciendo y que ha de enfrentarse, en una diversidad de formas de luchas, a la dictadura.

En este encuentro unitario, todas las voces coincidieron en denunciar las diferentes formas de miseria que ha impuesto la tiranía y reflejaron cómo la crisis azota inhumanamente todos los sectores. Con los salarios más indignos, los servicios más depauperados y carencias de todo tipo, los venezolanos sufrimos las consecuencias de una dictadura plenamente neoliberal, que simula en el discurso ser socialista, pero que en la realidad condujo al país a los niveles más bajos de dependencia, al saqueo imperialista de nuestras riquezas y a las condiciones más paupérrimas a la clase trabajadora. Eso revela que desde ya, en el debate, hay que perfilar una nueva economía, que asegure la industrialización y la producción nacional, respetando la soberanía y elevando los derechos de los trabajadores y de todos los ciudadanos.

Se han abierto rutas, el reflujo se revela como una resaca que debe traer nuevos y más fuertes bríos.

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