En la teoría económica puede que no todo esté escrito. Cada cierto tiempo aparecen nuevos fenómenos que necesitan ser conceptualizados y explicados a profundidad. Gracias a las nuevas actividades y a la reacción social que ocurre a partir de ellas, se crean novedosas formas de estudiar el desarrollo financiero. Así nace el término economía zombie; que tiene un tiempo desde que se conoció, pero aún es desconocido por algunos. Con él se pueden entender fenómenos actuales que son consecuencia de antiguos fantasmas económicos.

El nacimiento de la economía zombie

La primera vez que se usó el concepto de economía zombie fue para explicar un fenómeno que surgía de forma novedosa para la época. En los años 90 Japón vivió una gran abundancia financiera que luego cayó estrepitosamente, para no dar signos de mejorar de ninguna forma.

Así, nace el concepto que da sentido a la economía de los muertos vivientes. Causada por diversos factores, este fenómeno se explica como la situación donde una entidad, empresa o Estado no presenta solvencia alguna; pero gracias a las repetidas inyecciones bancarias no alcanzan su muerte.

Las empresas o naciones que están en este estado; no pueden cubrir sus deudas de ninguna forma. No tienen capacidad para vivir plenamente; pero sus inversores siguen intentando resucitarlas.

Una economía zombie está virtualmente aniquilada. Un acreedor amable y generoso interviene de forma masiva y, a veces, constante; para que el moribundo, en descomposición natural, regrese a la vida parcialmente. Que logre revivir por completo es otro asunto; se necesitarían más inyecciones de dinero, que, muchas veces, no funcionan.

Consecuencias de una economía muerta en vida

El caso de Japón dio inicio a la aplicación del término; después de que su burbuja financiera-hipotecaria explotara, la economía del país quedó estancada. No había manera de revivirla. El zombie casi era un gran cadáver.

Las causas de este estallido fueron claras. Japón experimentó un gran superávit. Los bancos comenzaron a comprar acciones y terrenos. Se popularizó la idea de la abundancia, lo que anunciaba una caída fuerte. Y lo fue, la explosión de esta burbuja financiera se registró como una de las más notables de la historia. Registró un aumento del precio de los activos incomparables; junto con el incremento de los créditos que no se podían cobrar.

Del mismo modo como sucede en las historias de terror donde, ante la aparición de los zombies, el héroe sale al rescate para combatir el mal y salvarlos a todos; así mismo parece suceder cuando los Bancos Centrales de cada país deciden inyectar dinero a la economía zombie.

Este final feliz fue el caso de Japón. El Banco del país decidió bajar los intereses de la deuda, como una medida que permitiera mejorar la economía. En 1991 la tasa de interés era de 7,5%; para 1996 bajó a un 1,5%. Aplicaron mayor cobertura a la red de subsidios estatales.

La intervención del Estado japonés suponía una ayuda enorme para las empresas que estaban a punto de morir. Pero por otro lado, dejarlas en ese estado, al borde de la muerte, las convirtió en un lastre para el país. Una especie de supervivencia obligatoria.

Una cura difícil de conseguir

Aunque los zombies se han puesto de moda y cosechan fanáticos por todo el mundo; en realidad, nadie desea a un muerto viviente atentando contra su salud, vida y comodidad. En el caso económico, es más o menos parecido; por más que el Estado intente revivirlos constantemente, en un punto la tarea se vuelve agotadora.

La economía zombie por la que pasaba Japón no daba señales de mejora, pese a los intentos constantes. Las empresas casi subsidiadas no reflejaban rentabilidad; y solo aumentaron el endeudamiento.

De manera constante estas compañías deben reestructurar sus deudas. Los bancos relajan los términos iniciales de los créditos y puede terminar convirtiéndose en pagos imposibles de realizar. La deuda pública crece; la situación parece no mejorar. La epidemia zombie se expande como el virus que es y no hay a la vista una salida inmediata.

Los Estados intentan contener los daños inyectando más dinero. Intervienen de forma directa como especie de salvadores. Mucho se ha escuchado sobre los efectos de la intervención de un ente estatal; como no dejar al mercado ser libre. La economía zombie parece ser una confirmación de esta idea.

¿Por qué no dejarlos morir?

La Gran Depresión de 1873 a 1896 causó temor, y con razón, en los Estados a nivel mundial. Ningún país desea verse en una situación similar de nuevo. Aunque se trate de salvar constantemente a un moribundo, los gobiernos no van a permitir una crisis financiera similar.

Las empresas zombie no suelen ser pequeñas sociedades que se intentan revivir. Es común que sean empresas ya establecidas y de gran alcance. Muchas veces son compañías que mueven la economía del país.

Toshiba fue, en su momento, una empresa zombie; que no reflejó ganancias hasta mediados del 2013. Ahora está en el puesto siete de las compañías manufactureras de electrónicos más grande del mundo. Un final feliz ante la eminente muerte: una recuperación del estado zombie.

A pesar de que la rehabilitación exitosa de una economía zombie es posible, son muchos más los casos donde la intención de revivir al moribundo fracasa. Las consecuencias a largo plazo son desastrosas. En la actualidad Italia tiene 20% del PIB en créditos bancarios de carácter moroso; se atribuye al financiamiento de empresas zombies.

Europa es un ejemplo de cómo el virus zombie contamina todo el mercado. Al financiar constantemente empresas que solo van a subsistir; sin tener el dinero necesario para hacer aportes sustanciales, o innovar en el mercado la deuda que crece. De esa forma, se cierra el espacio a nuevas compañías.

Grecia, Irlanda, Portugal e Italia son algunos de los casos más destacados donde la economía zombie prevalece. El Fondo Monetario Internacional y la Unión Europea se han encargado de revivir el motor económico de estos países; sin tener éxito en la mayoría de los casos.

Los créditos se siguen dando a las mismas sociedades zombies; la riqueza no es distribuida a las nuevas posibilidades. Se queda en mantener viejas compañías que no viven, pero tampoco están muertas.

Resucitar la economía: ventajas y desventajas

La constante inyección por parte de los acreedores tiene ventajas en el futuro cercano. La tasa de empleo se mantiene constante. Las empresas que están en estado zombie son de gran estructura y alcance; por lo que se convierten en una fuente de empleo significativa para el país.

En los años 90, China experimentó una economía zombie, y a diferencia de Japón y Europa, implementó una estrategia nueva. El presidente cerró 60.000 compañías, y la tasa de despidos rondó los 40 millones.

No es factible una solución que no cause algún daño. Revivir la economía causa que la deuda privada sea incobrable. Los bancos no realizan los cobros porque saben que las compañías no están en condición de pagar; reestructuran la deuda una y otra vez. Las empresas no recuperan su rentabilidad y nuevamente necesitan una inyección para permanecer en el mercado.

Por otro lado, dejarlas morir desata una reacción en cadena: desempleos, pobreza, posibles migraciones; pérdidas de capital, caída de la bolsa, entre otras. Dejar morir a estas sociedades produce un daño igual de fuerte que resucitarlas

Dar espacio a una crisis natural

Algunos expertos señalan que la intervención del Estado, tratando de evitar la crisis, solo consigue generarla con mayor profundidad. Los aportes que ponían para ayudar a la economía zombie solo lograron extender la crisis hasta la actualidad.

Al impedir que un ciclo económico se cierre de forma natural y que la economía se purgue, los gobiernos disimulan la gravedad del asunto, lo que produjo el reino de la economía zombie hoy en día. Son secuelas de nuevos fenómenos; es el resultado de una crisis no desatada en totalidad en su momento.

La crisis financiera del 2008 no se ha resuelto; y hoy las consecuencias son tangibles. Quizá, aunque genere aún más pérdidas, si no hubieran intervenido, el mercado por sí solo podría haber conseguido su cauce natural.

Al momento de aplicar la vacuna a la crisis del 2008, originada en Estados Unidos; se observaron mejoras momentáneas, que parecían ser a largo plazo, pero hemos visto el día de hoy pruebas que demuestran lo contrario.

En ese caso, la exterminación de empresas que habían cumplido su período de vida daría paso a nuevas estructuras comerciales. La capacidad de sobreponerse a las adversidades en la población sería mayor en los países que atravesarían la crisis completa. Estos son los procesos naturales actuando por su cuenta.

Sin embargo, la realidad es otra, y el estancamiento que atraviesa la economía mundial, en muchos aspectos; se debe a la permanencia y crecimiento de economías zombies. Un virus que es muy difícil curar por completo. La clemencia de los acreedores se convirtió en el yugo de la economía sana; que hoy experimenta un estancamiento constante del que se debe salir.

Tomado de https://www.queeseconomia.site/

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