La población venezolana ha demostrado en un poco más de un mes que ha alcanzado una gran madurez política. Estamos siendo testigos de la segunda rebelión democrática del siglo XXI. La primera se dio en 2014 así algunos la quieran omitir. Se exigió en aquel momento un cambio político. Advertíamos que el Gobierno iba a un despeñadero, que Venezuela entraba en una crisis nunca vista. No fuimos escuchados. Más bien fuimos estigmatizados. Hoy, la historia nos reivindica y reivindica dicha gesta. Esta primera rebelión duró varios meses y estuvo protagonizada principalmente por los jóvenes estudiantes y algunos sectores populares y de clase media de las principales ciudades del país. Fue brutalmente reprimida y arrojó un  saldo de más de 40 asesinados por el régimen,  miles de heridos y presos políticos. Esta primera rebelión democrática permitió desenmascarar al régimen de Nicolás Maduro, le quitó la careta, lo mostró al mundo como lo que en esencia es: una dictadura.

Hoy presenciamos una segunda rebelión pero más profunda, más extendida geográfica y socialmente. Ya no solo se rebelan los estudiantes en las ciudades. Ahora lo hacen campesinos, agricultores, mujeres y hombres de todas las edades, trabajadores, la clase media casi desaparecida, los pobres, pequeños y medianos comerciantes, pescadores, profesionales, en fin, un amplio conglomerado social que expresa la unidad superior de la cual hablamos en el 2010. En esta oportunidad la madurez se evidencia en que todos caracterizan al régimen como una dictadura, ya no es solo un sector social o político. También notamos el salto cualitativo cuando la gente asume que estamos en una rebelión democrática y que la misma tiene un objetivo claro: salir de la dictadura y luchar contra un régimen que está dispuesto a permanecer en el poder a costa de lo que sea. Y esa madurez la vemos convertida en fuerza material en las calles. Ríos de gente con un solo propósito: acabar con un régimen que por mucho tiempo se disfrazó de democracia.

Mujeres, jóvenes, adultos mayores sin temor a nada y durante más de un mes han luchado juntos, unidos como un solo pueblo, con un solo objetivo, hacerse escuchar, exigir la reconstrucción de Venezuela. Los hemos visto caminar gritando consignas, agitando banderas, tocando instrumentos, soportando los gases del oprobio y entonando el Himno Nacional con gran gallardía. A su encuentro esperándolos con miradas de odio, con planes de represión, hemos visto a aquellos que, valiéndose de su uniforme, son capaces de torturar y asesinar a sus semejantes. Empuñan sus armas y las apuntan hacia el pueblo desarmado, y sin importarles nada disparan contra él. Pero no lo detienen. No podrán hacerlo. Este pueblo sigue adelante, seguirá adelante. Es un pueblo en rebelión y dispuesto a todo.

Hoy Venezuela llora desconsoladamente a sus hijos asesinados vilmente por esta dictadura. Jóvenes que han perdido su vida enfrentando valientemente en las calles a un régimen fascista y asesino, que cobardemente dispara sus armas contra un pueblo que exige democracia, progreso y bienestar. Un pueblo que lucha por su libertad, un pueblo que tiene como armas su firmeza, valentía, que usa pitos y banderas, que grita consignas, que avanza sin miedo, que con sus manos limpias devuelven las bombas que los esbirros le lanzan, que se protege con sus escudos, que grita con  fuerza Gloria al Bravo Pueblo, ABAJO LA DICTADURA.

El humo, el agua y la sangre cubren hoy nuestras calles. Pero no descansaremos hasta conquistar la democracia que merecemos. Esas muertes que hoy enlutan nuestra patria no serán en vano. Obtendremos la victoria. Nuestra venganza será la liberación del país de la dictadura.

Acompañemos a los rebeldes, sigamos dándole nuestro apoyo desde donde podamos. Es hora de organizarnos y seguir luchando juntos por la reconstrucción nacional.

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