No me gusta la polarización, por ser un maniqueísmo negador de la diversidad de pensamiento y la disidencia política. La polarización está reñida con la democracia. La polarización es un síntoma del autoritarismo.

Sin embargo, el título de este corto ensayo plantea dos posiciones que son opuestas: la democracia y el autoritarismo; que son asuntos que toman cuerpo en el actual acontecer venezolano.

Entiendo por democracia, como el sistema político que defiende la soberanía del pueblo y el derecho de los ciudadanos a elegir y controlar a sus gobernantes. Cuando esto no funciona, entonces lo entiendo como autoritarismo.

La democracia no es un formalismo: es un cuerpo vivo, diverso y dinámico que debe ejercerse, a mi parecer, cotidianamente. Las civilizaciones antiguas más prósperas y ricas en la producción de acervos, fueron las que dieron algunos ensayos de ejercicio democrático. Por ejemplo, cuando Roma cambio su sistema parlamentario, respetando las distancias  idiosincráticas de la época, por el sistema autoritario, aceleró su caída como civilización avanzada. Todo el poder romano lo asumió un dictador, que dio rienda suelta a sus  locuras y caprichos.

La democracia es un asunto civilista, de los civiles. Porque los civiles la entienden, comprenden y asimilan. No podemos esperar democracia, por ejemplo, en el seno de la Fuerza Armada Nacional. Allí funciona una voz de mando que no debe ni puede ser cuestionada, so pena de ser acusado de insubordinado y propenso a penalidades. No esperemos democracia de los hombres que son formados en la ciencia y arte de las armas y la dirección militar. Por ende, la Fuerza Armada siempre debe estar al servicio de los civiles y para la protección de la Constitución y la democracia. Ese fue su juramento…

Partiendo de estas premisas, expuesta de manera llana sin intenciones en esta ocasión de abrir un debate de lo que ha sido el ejercicio de la democracia venezolana post 23 de enero de 1958; concluyo que la democracia es la oportunidad que tiene el pueblo civilista para participar discutiendo acerca de su destino. La democracia es el espacio para decidir el/los gobernante(s) que queremos. La democracia es el sistema que debe permitir que ideas contrarias puedan convivir, respetándose entre sí.

La democracia no es sólo el mero ejercicio del voto, cada vez que se presente un acto electoral. La democracia, como bien lo señalé líneas atrás, debe ser un ejercicio civilista cotidiano y de organización  a todos los niveles de nuestra sociedad.

Para esto se cuenta con las Asambleas de Ciudadanos,  en correspondencia con lo que establece la CRBV, en su artículo 70, que las señala como expresión de una participación libre, autónoma, oportuna, igual y efectiva sobre aquellos asuntos que afectan a los ciudadanos. Esto es el ejercicio de la democracia directa y protagónica.

A mi parecer, el impulso organizativo de las Asambleas de Ciudadanos, con fuerza y rango constitucional, es un freno para todas aquellas intenciones autoritarias que se pretendan implementar en Venezuela.

(Opinión exclusiva del autor)

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