Después de una ausencia necesaria, me incorporó a mi trinchera política, para atender un escenario más dentro del combate político que hoy se libra en el país.

Los temas abordar se rebosan por la inmensidad de problemas que sobresaltan a los ciudadanos guariqueños. Sin embargo, cobra destaca importancia la agenda económica, específicamente, el alto costo de la vida; los elevados precios de los servicios y gestiones, la hiperinflación o como mejor lo quieran llamar.

Lo cierto es que el poder adquisitivo de los venezolanos se encuentra peligrosamente menguado. Y lo peor es que no se vislumbra una salida en el corto o mediano plazo.

En el contexto social –dentro otras cosas– sobresalen contradicciones o enfrentamientos –aunque sutiles aun– entre consumidores, trabajadores, importadores, comerciantes, productores y empresarios.

En esta lucha solapada podemos encontrar que los pocos productores y empresarios que quedan, los importadores y comerciantes, resuelven de manera fáctica sus intereses y dentro de las fluctuaciones de una economía anarquizada y depreciada, descargando sobre los hombros de los ciudadanos y los trabajadores todo el peso del desastre económico generado por la dictadura.

Resulta que los productores y empresarios cada día que pasa les es más difícil producir ante la realidad del desabastecimiento de materia prima y sus altos costos. Por su parte, los importadores se encuentran inmersos en una dinámica atada al juego del mercado especulativo de la oferta y demanda y de las cotizaciones oficiales y paralelas del dólar. Los comerciantes se acomodan en la maraña de la dicotomía de precios al consumidor, entre los conos monetarios del dólar, el bolívar y del fantasma del petro.

A todas estas, ¿qué papel representan los trabajadores y consumidores?, sin duda alguna que el papel más dramático y tortuoso, puesto les toca pagar, no solo el desfalco que produce la corrupción del régimen, sino que además debe garantizar los niveles estándar de riquezas de los productores, empresarios, importadores y comerciantes.

Traspolando esta realidad a suelos rosciano y guariqueños, nos conseguimos con unos ciudadanos con poca capacidad de compra. A unos salarios pulverizados y una sociedad que corre detrás de la supervivencia y el regateo de precios. El ALTO COSTO DE LA VIDA, nos está matando paulatinamente, por lo que es necesario que la dirigencia política, gremial y sindical se ponga al frente de la defensa del salario.

En este camino es imperioso redimensionar el ejercicio de la labor de dirección que se ha llevado hasta ahora, para dar paso a nuevas formas y estilos de conducción.

En concreto, los gremios y sindicatos deben pasar de ser lastimeros para convertirse en centros para el combate por salarios dignos; los dirigentes deben salir de las oficinas para convertirse en agitadores en los centros de trabajos, en articuladores de la fuerza laboral activa y parada, y en general, deben ser promotores de un poderoso movimiento asambleario que genere una agenda de lucha sistemática y gradual para enfrentar al principal enemigo de los trabajadores, que no es otro, que la dictadura y sus representantes en la región.

Por otro lado, los trabajadores deben dejar de ser abúlicos al problema que le es propio. Solo quejarse no basta, tenemos que levantar nuestras voces y ponernos al frente de la lucha de forma descarnada, con coraje y valentía, hasta conquistar la victoria.
“Las utopías tienen fuerza material cuando se construyen con nuestras propias manos…”

Publicado en El Tubazo Digital

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