El jueves 10 de mayo sucedió algo importante en el Hospital Vargas de Caracas. Desde días antes la intergremial de la salud —obreros, enfermeras, médicos y paramédicos, empleados, bioanalistas, entre otros trabajadores— había convocado una nueva protesta de los trabajadores exigiendo salarios dignos para la gente que labora al servicio del Estado y dotación de insumos y equipos para poder prestar un mejor servicio a los ciudadanos que obligatoriamente tienen que acudir a los centros hospitalarios de la salud pública, debido a lo costoso que resulta asistirse en las clínicas.

Transcurrían las horas de la mañana y los familiares de los pacientes se incorporaban masivamente en apoyo de la protesta. Se agitaba al viejo estilo de las arengas y los pequeños mítines, teniendo los cuidados pertinentes para no importunar aún más a las personas convalecientes. Cuando la protesta ya se había hecho sentir y se habían denunciado las penurias específicas de este centro hospitalario, aparecen más de una docena de personas armadas con pistolas 9 milímetros: los paramilitares al servicio de Marlon Colmenares, jefe de Seguridad del ministerio para la Salud. De sus chaquetas colgaban granadas fragmentarias y las pistolas las llevaban en sus manos, con la intención de amedrentar y aterrorizar. Buscaban a quienes lideraban la protesta y en especial a uno de sus principales convocantes: el dirigente sindical de Fetrasalud (CTV) Pablo Zambrano. Las enfermeras y los trabajadores, en vez de retroceder, salieron adelante y enfrentaron a los facinerosos, quienes luego de golpear a varios familiares y empleados debieron retroceder, al punto que la masa de gente los sacó del hospital y los siguió retirando hasta de una placita cercana donde usualmente se congregaban para amedrentar y cometer fechorías. Destacó la valentía de una enfermera que al oír de una mujer paramilitar, cubierta la cara con un pañuelo, que decía: “cuál es la tipa que me toca a mí joder”, saltó hacia adelante y la espetó con “soy yo, ¿qué me vas a hacer?”, ante lo cual a la malandrina retrocedió y hubo de escabullirse junto a los otros secuaces.

También merecen un justo reconocimiento los trabajadores de los medios de comunicación presentes en el Hospital Vargas, quienes para cumplir con su deber de informar contaron con la ayuda de los familiares de los pacientes y de los trabajadores del centro, para no ser víctimas de los ataques de los facinerosos paramilitares, aunque algunos sufrieron agresiones físicas y verbales.

Los daños que este gobierno encabezado por Maduro ha causado y sigue causando a los trabajadores venezolanos han llegado a los más graves extremos, pues el ingreso de un mes apenas si alcanza para cubrir un día de alimentación. Ya la rabia y descontento dentro del pueblo trabajador se han transformado en una determinación de no seguir dejándonos humillar por la dictadura que hoy lleva las riendas de la nación. Mantener una actitud de rebeldía exige que nos organicemos mejor para luchar por un pronto cambio político, para exigir una vida digna y espacios para un trabajo enaltecedor que permita que todos juntos reconstruyamos nuestro país hacia el progreso, el desarrollo y la libertad… y allí estará la clase obrera y todo los trabajadores, hombro a hombro, edificando una mejor democracia en la cual el protagonismo social y el poder de base se expresen permanentemente en el impulso de una economía productiva, una sociedad solidaria y la justicia social.

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