Mientras se disputan el pastel, los criollos podemos colarnos. De eso se trata. De cómo aprovechar la circunstancia de lucha de las potencias imperialistas para salir airosos de esta tragedia. Además, sacar provecho de reservas estratégicas que aparecen acá o allá, y que pueden servir en favor de uno u otro factor de la contienda política venezolana.

Eso de cobijarse bajo un imperialismo para defenderse de otro, termina en la reproducción de las mismas relaciones de dependencia que tenemos con el imperialismo que dice “defendernos”. Esa vieja tesis ha sido debatida desde 1915. Kautsky y compañía acusan una tesis más genérica que lleva a buena parte de la socialdemocracia a defender la participación alemana en la primera gran guerra. De allí se añaden otras variantes como la que nos ocupa. Esa es la idea chavista desde un principio. Pero también es la idea de alguna gente de la oposición aunque en favor de otro imperialismo.

De lo que se trata de ubicar cuáles son las reservas estratégicas que nos permiten enfrentar al régimen, una de la cuales es precisamente las contradicciones entre los imperialismos y la ofensiva que desarrolla alguno de ellos contra el régimen que buscamos desalojar del poder, sin terminar bajo su férula. El chavismo, en su ambición de mantenerse en el poder, ha vendido su alma al verdadero demonio. De allí que ahora somos más dependientes y nuestra economía ha colapsado gracias a mantenernos en manos de quienes solo buscan mercados y materias primas.

Las reservas y algo más

Justamente la principal reserva estratégica la constituye la contradicción entre dos bloques imperialistas. Lo que no significa que no exista la propia en relación con el bloque europeo. Pero la que se impone en el caso venezolano es la que prevalece entre los estadounidenses y el bloque encabezado por los chinos y su aliado estratégico ruso.

En este contexto, es más exigente una posición autónoma, soberana e independiente frente a esta contradicción, precisamente para que sea tal la reserva. Lo que no supone eludir coincidencias como la que nos coloca en igual interés frente a EEUU en relación con la salida de Maduro. Es independiente de la voluntad tal circunstancia. Obedece a motivaciones radicalmente diferentes. Los estadounidenses buscan recuperar espacios perdidos. Buscan hacerse de reservas de petróleo, minerales y mercados. Pero es coincidencia. Lo que nos obliga a, sin eludir tal coincidencia, fortalecer nuestras aspiraciones de rescate de la soberanía, perdida ahora frente a chinos y rusos. Saber aprovechar la coincidencia, de tal manera que sin perder un ápice de autonomía, podamos debilitar al régimen por la presión internacional que se desarrolla, por las medidas que afectan los ingresos que los sostienen. La agudización de las contradicciones dentro del régimen a raíz de tales políticas, toda vez que afecta diversos negocios de las mafias.

Si se actúa correctamente podemos lograr que se anulen buena parte de las fuerzas imperialistas que buscan, cada una, hacerse del botín. Dispuestos pudiesen estar a hacer concesiones, otorgar “privilegios”, con tal de conquistar la presa. Actuar con base en el interés imperialista cuando podemos sacar provecho, resulta un sinsentido y una tontería. De allí que no se entiende el tal Plan País.

La crisis mundial es otra de las reservas más importantes del momento. Retenida con las políticas de crecimiento de la deuda pública mundial, sobre todo la que se desarrolla en las principales economías del planeta, la crisis tiende a hacerse presente de manera inconfesable. La deuda estadounidense, japonesa e italiana alcanzan montos y porcentajes con base en el PIB de cada uno de estos países, nunca alcanzados. Pero la deuda ya no tiene mayores perspectivas de seguir creciendo a pesar de que buscan hacerse espacios en los países débiles, tal es el caso de Venezuela, dadas sus inmensos recursos.

Para mantener ese ritmo de crecimiento de la deuda se ha ido reduciendo la capacidad de demanda social, con lo que se agudizan las contradicciones sociales a escala planetaria. Pero, sobre todo, agudiza las contradicciones interimperialistas por mercados, obreros, materias primas, espacios…

Las potencias imperialistas, centros de la crisis mundial, verán, o ven, cómo la agudización de las luchas son de tal monta que deberán atenderla. Emmanuel Macron, en Francia, anda amarrado en la atención de las demandas de los franceses y ha debido posponer medidas y matizar otras. Para poner un ejemplo de estos tiempos.

Las luchas de los pueblos del mundo por la democracia y el bienestar, representan otras de las principales reservas. La solidaridad, así vistas, se convierte en una fuerza material en favor de la causa democrática de los venezolanos. Mientras, nuestras luchas por la democracia, de igual manera, contribuye con las de los pueblos del mundo.

Eso implica la necesidad de una política de denuncia del chavismo frente a los distintos sectores sociales, partidos y movimientos democráticos y progresistas, revolucionarios o comunistas. De la represión contra los luchadores democráticos. De la tortura practicada en los calabozos de los cuerpos represivos. De las condiciones de vida a las que nos han llevado las políticas entreguistas de los chavistas. De la corrupción, una cuyas consecuencias más claras y patéticas, es la actual crisis eléctrica.

Pero supone también que los luchadores democráticos venezolanos se solidaricen con las luchas de los trabajadores y pueblos del mundo. La solidaridad con las demandas de los chalecos amarillos en Francia, por ejemplo. Es un cambio radical de la política internacional que no la reduzca a la relación con los Estados y sus intereses. Que jerarquice las luchas de los pueblos.

Las reservas también se disputan

Los chavistas, en este aspecto, han sabido potenciar las propias. Bajo el engaño socialista, apoyados abiertamente por los anticomunistas de rigor, logran hacerse de buena parte de estas reservas. La poca vista del reaccionario venezolano, que disfruta “insultando” al chavista de “comunista”, completa la tarea en favor del chavismo. Así, buena parte de los movimientos progresistas latinoamericanos y europeos, terminan defendiendo al chavismo, encandilados. Ciertamente en esto pesa un tanto el financiamiento chavista. Pero su merma, por agotamiento de los fondos de la chequera, nos demuestra que no solamente se trata de sectores tarifados. También cuenta gente que sinceramente se solidariza con un régimen atacado por el imperialismo estadounidense. Es un asunto complejo. Es una historia imposible de ser escondida e ignorada. Estados Unidos ha sido el imperialismo que más directamente ha afectado la soberanía de los países latinoamericanos y caribeños. Mantiene a Puerto Rico en condición de colonia bajo el eufemismo de la condición de estado libre asociado. En realidad botín de guerra. Ha intervenido varios países. Entrenado fuerzas militares asesinas. Dejado una secuela de asesinato en sus intervenciones donde destaca el de Chile y el derrocamiento de Salvador Allende. La lista es larga y tenebrosa. No es de fiar para nada. No busca ayudar al pueblo venezolano. Busca recuperar sus espacios perdidos frente a sus iguales rivales por la hegemonía mundial.

De allí que para realizar esta política, hace falta una dirección que, con sentido soberano, nacional y popular, ponga en práctica una política cuya eficacia bien pueda ayudar a la rápida salida de la pesadilla. Sin que ello suponga una atadura a los designios del rival. En cualquier caso, las contradicciones interimperialistas pueden ser aprovechadas. Venezuela está en peligro de guerra por su control. Son inconmensurables las riquezas en disputa. La cuota media de la ganancia hace lo suyo y empuja a un imperialismo u otro a poseerlas. Eso es un hecho objetivo. Pues bien, son momento en los cuales, habida cuenta que por aquello de la caída de la cuota media de la ganancia a escala planetaria, la crisis cíclica, entre otros aspectos, los conflictos interimperialistas representan la determinación más importante de la política mundial

No pueden faltar los temerarios que, muchas veces desde la ignorancia blanden lanzas contra ideas dichas hace siglo y medio, un siglo o dos milenios. No se ubican que la vigencia de los principios y leyes que determinan el desarrollo de la sociedad, la economía y la política, guardan vigencia, tanto como la ley de la gravedad formulada por Isaac Newton en 1686, hace más de 300 años. Parece que, aun vieja, logra atajar a los relatos que niegan las verdades económicas, cuando se lanza desde cualquier altura. Pesa la idea entre uno que otro científico natural que solamente reconoce como ciencia esa forma de conciencia que impera en el campo de la naturaleza o las matemáticas. Niega, el arrogante científico, que para la sociedad no hay posibilidad de pensamiento científico, sino relatos arbitrarios a los que lo lleva la contemplación de la sociedad. En ella nada más podemos interpretar, dice el cientificista. Pues bien, sucede que las leyes de la sociedad son tan rigurosas como las que imperan en la naturaleza y el pensamiento. La empiria juega un papel similar como criterio de verdad. Solo que no se requiere de la experimentación, pero sí, de la experiencia.

La ley del valor trabajo, con más de dos siglos a cuesta, desde Smith a Marx, pasando por Ricardo, impera en el mundo moderno de manera contundente.  Si no, preguntemos a los chinos. Son más competitivos porque sus mercaderías son más baratas, tienen menos trabajo socialmente necesario. Por su parte, la cuota media de la ganancia y su inexorable caída, determina la política mundial. Esos son los asuntos a analizar y de allí ubicar las tendencias y de ellas sacar el provecho para la causa venezolana.

Son asuntos a ser analizados para ubicar hacia dónde apuntan las tendencias del desarrollo económico y de allí las tendencias políticas que las apuntalan. Eso requiere del conocimiento y el talento sobre estos asuntos, para luego dirigir nuestra política de manera autónoma y soberana, hacia la victoria.

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