Prever termina siendo relativamente sencillo cuando asumimos de manera rigurosa el método y la doctrina del marxismo-leninismo. Pero siempre, la magnitud de los hechos, aun previstos, sorprende. Y es que anunciar el acontecimiento, ubicados siempre en el análisis de las tendencias, debe ser un ejercicio frío, desapasionado, propio de las ciencias. Pero vivir el acontecimiento humano nos toca el corazón, despierta la emoción y los sentimientos. Nos enerva y conduce a esa sensación contradictoria de apreciar la belleza de un pueblo rebelado contra la dictadura y la injusticia, y el dolor de sentir esa sangre joven manchando la calles aquí o allá.

Era natural que la política chavista nos llevara a esto. Destruir la economía para importar, al caer los ingresos por concepto de venta de petróleo, indefectiblemente conduciría a una catástrofe. Casi tres décadas de esta política erosiva no puede llevar a otra cosa, de ellas casi dos llevaron la impronta de la profundización al estilo chavista. Así que era de esperar consecuencias aún más graves.
Se cumple, una vez más, aquello de que las fuerzas productivas, al desarrollarse en el marco de relaciones de producción y de cambio caducas, se ven frenadas. El chirrido de ese freno se convierte en un clamor trepidante que anuncia la erupción de un volcán cuya lava no es otra que este hermoso y rebelde movimiento de masas, que deja inevitablemente en el camino esa cuota de sacrificio de vidas humanas, en su mayoría jóvenes, como siempre, reiterando la experiencia histórica. Se enluta con su entrega el hogar venezolano. Dramatismo y rabia que nos disponen aún más a la pelea por un mundo mejor.

Se ha abierto una época de revolución social. El freno es de tal naturaleza que el hambre ha llegado a los sectores medios de la sociedad. Y qué decir de lo que viven los pobres de siempre, desempleo, inflación, escasez, hambre, entre otras calamidades, resumen la traba en la que se han convertido las relaciones imperantes, sustentadas por una política económica concreta de ropaje revisionista. Acicate que ha motivado la rebelión. Por lo que no solo se trata de una catástrofe: más que eso, se ha abierto un período de revolución social que debe ser realizado en la perspectiva de la liberación de las fuerzas productivas para el desarrollo nacional y el bienestar de los venezolanos.

Las masas y los dirigentes

También se pone en evidencia, una vez más, quién lleva el protagonismo: las masas populares. El ascenso de esta rebelión nos resulta una experiencia única en la historia venezolana. Inédita. Llena de rasgos originales difícilmente repetibles. Además de no tener antecedente alguno, siquiera en la más reciente rebelión de 2014, ni en la más lejana, el levantamiento del 27 de febrero de 1989. Aun cuando es justo señalar que el enfrentamiento de calle, con los jóvenes haciendo uso de una técnica muy de estos tiempos, es heredada de la rebelión del 14. Así, el desarrollo de estas formas de lucha, asumidas de manera generalizada, va acompañado de escenas tan originales como conmovedoras. Vamos aprendiendo en el duro camino. Nos vamos templando hasta convertirse los grupos de jóvenes que se lanzan a la pelea en los emblemas más valorados por las masas en medio de las movilizaciones. Una intifada mucho más desarrollada, contra fuerzas tan criminales como las israelitas.

La gente ya no tiene miedo de hablar de estos asuntos. Es ya cotidiano discutir acerca de estos aspectos de la lucha política. Ya habrá tiempo para estudiar si en la historia hay algún hecho histórico similar en cuantía, al menos en la modernidad. Es que resulta muy elevado el porcentaje de venezolanos que se ha movilizado en estas siete semanas. Además de que la participación es cualitativa en el sentido de los criterios que se expresan en cuanto a las formas de lucha y la disposición a participar. En eso radica la originalidad de esta jornada. A su vez, la conciencia apunta a la búsqueda de una perspectiva al cambio verdadero.

Hay quienes le dan una importancia superlativa al acto heroico o a la maniobra política individual, o al uso de algún espacio mediático de gran impacto, capaz de cambiar el rumbo de los acontecimientos. Aunque se trata de una perspectiva burguesa, que hace pensar que con eso se puede lograr un giro definitivo al proceso de cambio que vive Venezuela, eso en algunas condiciones ciertamente puede permitir alguna eficacia política, sobre todo en favor de alguna individualidad. Pero en ocasiones, hay quien le asigna tal relevancia que les hace pensar que tal o cual acto puede permitir catapultar una política hasta alcanzar la meta. Pretenden sustituir la confianza en las masas y en las leyes del desarrollo natural de la sociedad con el uso eficaz de alguna treta, o de algún acto heroico.

Sin embargo, es la fuerza de las masas, en su despertar, la fuerza material capaz de cambiar el rumbo de la historia y superar cualquier escollo en su camino cuando se decide echar a andar. Es nuestro caso. El despertar proviene de las condiciones revolucionarias de la sociedad. Es de suponerse que en la acción, en su realización, está la presencia en la lucha de una suma de individuos cuyo acto particular puede trascender y destacar. Bien porque se convierte en ejemplo y acicate, o porque algún percance lo coloca en la palestra o las estadísticas. Actos heroicos aparecen acá o allá. Es espontáneo. Se ve estimulado por el furor y conciencia colectiva. Se hace valer una vez más la tradición de lucha de los venezolanos.

También está en desarrollo la configuración de las personalidades del momento político. No nos referimos a las personalidades creadas con base en la acción masmediática. Nos referimos a esa personalidad que crea la situación política como resultado de la confrontación. Eso es un asunto que está por verse, aun cuando la gente reconoce entre sus líderes a quienes se han comprometido en la primera línea del combate de calles. De eso saben los políticos, por eso el apresuramiento. Legítimo o controversial, son tiempos en los cuales cualquier ciudadano se convierte en símbolo de los tiempos.
Estamos en un torbellino que dejará huellas, entre las cuales una u otra personalidad resultará emblemática. Si no, veamos el 4 de febrero, cuando una personalidad mediocre y grotesca resulta con la aureola de héroe. Pero, así como la sociedad venezolana y mundial hubo de sufrir al personaje en cuestión, la historia puede gratificarnos con quien resuma los intereses nacionales y populares. Todo dependerá de la escala alcanzada por la conciencia de las grandes mayorías. De la correlación de fuerzas políticas. De la eficacia política alcanzada por las expresiones de las distintas clases, de su propaganda, agitación y organización. De la incidencia que alcance una u otra y, por tanto, de sus dirigentes. Por lo pronto, desde la perspectiva revolucionaria resulta un aporte en su dirección el hecho de que se hayan entronizado los dos emblemas que guían a las grandes mayorías y que nacen de su seno: ¡Abajo la dictadura! y ¡Rebelión democrática!

Asimismo, ha calado el programa de reconstrucción nacional. Aunque poco propagado por el limitado alcance de nuestros medios, resulta una propuesta que encuentra aceptación por resumir las aspiraciones de los venezolanos. Así, organización, agitación y propaganda de nuestras consignas y propuestas programáticas es lo que a fin de cuentas puede contribuir a que Bandera Roja ~como personalidad colectiva~ y sus dirigentes, alcancen tal incidencia y liderazgo en el movimiento de masas, que sea identificada con capacidad de guiarlas hacia la meta de salir del chavismo y pugnar por un mundo mejor.

Junto a la confianza en las leyes del desarrollo, y por ende, en las masas, en su fuerza y protagonismo, se encuentra también la que corresponde a las posibilidades de crecimiento y consolidación de la vanguardia. Estamos en presencia de un movimiento de masas que, como nunca en nuestra historia, ratifica la sentencia de Lenin de que los cuadros están en su seno. Por eso hay que estar allí donde ellas se encuentran. Contactar a la gente, hablarles, confiando en la política de vanguardia y exponiendo puntos de vista que ya no resultan altisonantes, hasta ganar su simpatía y confianza. No reducir la vinculación a los asuntos de las marchas y las formas de lucha, sino abordar en paralelo las cuestiones del futuro, de la salida y la perspectiva para Venezuela, en especial difundir el programa de reconstrucción nacional.

Vinculación que debe permitir apreciar a los más dispuestos, avanzados y con dotes de dirigente. A eso nos debe llevar conocer gente en medio de la actividad. Eso lo permite la politización natural producto del conflicto que ha llevado a millones de venezolanos a participar en las acciones de protesta. Allí están los cuadros. Hay que tenderles la mano.
Y es que la acción de las masas requiere de una vanguardia. En nuestro caso, independientemente de que la MUD trace una orientación general y que convoque semana a semana las acciones a realizarse para mantener viva la rebelión, eso no debe restar autonomía ni de los sectores de vanguardia ni de las organizaciones de las masas. Todo sin restar en nada la unidad que demandan las mayorías para alcanzar la meta de salir del régimen. Tampoco eso debe restar en la necesaria conducción política del proceso, cuyas carencias deben ser cubiertas sobre la base de la participación y las definiciones más precisas, tanto en las cuestiones prácticas de la lucha de calle, como en la organización y contenido de las asambleas. Hay tendencias al desbordamiento del movimiento rebelde, por lo que esta orientación adquiere más relevancia. Eso nos puede permitir seguir e incidir en el ritmo propio de su desarrollo que debe de estar articulado a la cuestión política, las maniobras, entre otras determinaciones.

Hacia el cambio

En otro sentido, este episodio histórico, ejemplarizante y lleno de gloria, valentía y actos heroicos, demanda de un mayor contenido. Luchamos contra este presente pero debemos delinear un futuro, que no puede ser otro que un porvenir donde los venezolanos alcancemos verdaderamente la felicidad que es capaz de brindar el desarrollo y el bienestar. La tarea de reconstruir el país supone un cambio a favor de quienes más sufren e históricamente más han sufrido, y no de los beneficiarios de siempre. Por lo que se debe propiciar la política que lo garantiza.

La salida no puede conducir a la moderna tragedia griega. En Edipo Rey, no hubo manera de evadir la sentencia del oráculo. En la modernidad, los griegos tampoco pudieron evadir la propia. Solo que el oráculo no se halla en Delfos sino en las oficinas del Banco Central Europeo y del Fondo Monetario Internacional. Con tanta fuerza como aquélla, se cumple el vaticinio.

La salida no debe centrarse en los favores que recibirán los llamados empleadores. La salida debe garantizar el desarrollo nacional expresado en producción venezolana de creciente calidad, capaz de sustituir el producto importado. Mientras, la mejora real de las condiciones de vida de los venezolanos debe plasmarse en empleo, mejores salarios, estabilidad laboral y cada vez mejores servicios públicos.

Y es que, siendo un momento histórico que no deja lugar a dudas acerca de su carácter revolucionario, el cambio debe ser tal, que permita liberar las fuerzas productivas hoy frenadas por una política que atenta contra el desarrollo, el interés nacional y popular, y que está al servicio de la oligarquía financiera. Política que, aun cuando no fue inventada por el chavismo, este régimen la elevó a su máximo grado. Iniciada por los adecos en 1989, la heredan los chavistas, le dan rango constitucional y jurídico, profundizan la sustitución del producto nacional por productos importados. El cambio debe suponer sustituir esta política para realizar una orientación que coloque a Venezuela en la senda del desarrollo. Lo que supone una nueva relación con el sector externo, con la banca y los acreedores.

La Fuerza Armada

En medio de este escenario y las aspiraciones nacionales, los integrantes de los componentes de la Fuerza Armada se debaten en la contradicción que supone el compromiso con el régimen y su área de confort, unida a la mafia castrense, por un lado, y el clamor y la lucha del pueblo por el cambio. Es seguro que las contradicciones están en su máximo nivel. Que los altos mandos comprometidos con el régimen y usufructuarios de sus bondades han desarrollado mecanismos para contener los brotes rebeldes en sus filas. La represión a esas expresiones se hace sentir. Sin embargo, lo generalizado de la crisis hace que el descontento se extienda a cada vez más sectores. La Fuerza Armada no solo está constituida por oficiales de alta graduación u oficiales. La tropa, que representa el mayor contingente en todos sus componentes, está compuesta por jóvenes provenientes de los sectores pobres, hijos de obreros, de trabajadores desempleados muchos de ellos, a quienes a sus hogares de origen ha llegado la crisis en toda su extensión. Así, más temprano que tarde, la mayoría de esos jóvenes ya identificados con la protesta, se prestarán al menos para dejar que el curso del movimiento alcance su meta, si no es que se convierten en factor activo en contra del régimen.

En esa dirección, debemos estimular las relaciones entre quienes hoy estamos en la calle, y los soldados. Así como impulsando asambleas en las urbanizaciones y barrios, también debemos hacer lo propio con la soldadesca. Reuniones secretas bien se pueden ir realizando, aun cuando se trate de grupos pequeños. A la postre, estos pueden convertirse en mensajeros para otros de sus compañeros. En general, hay que minar positivamente las bases de la institución castrense por arriba y en sus bases. La idea de que deben voltear sus armas contra los opresores, tiene que ser acompañada siempre por la idea de un mundo mejor.

Los tiempos que vivimos demandan de los mayores esfuerzos de quienes manifiestan una conciencia de compromiso por el cambio. Es hora de brindar grandes esfuerzos y contribuir con la causa popular. Si hoy día cualquier ciudadano se dispone al sacrificio, es de suponerse que quienes se asumen integrantes de la vanguardia manifestarán una mayor disposición a cumplir con su deber y sacrificio revolucionario. Son tiempos que no esperan. Aceleremos el paso y pongamos al servicio de esta rebelión democrática lo mejor de cada uno de quienes propagamos el compromiso por el cambio de verdad.

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