UNIVERSIDAD CENTRAL DE VENEZUELA

FACULTAD DE CIENCIAS ECONÓMICAS Y SOCIALES

Trabajo para optar a su publicación en la Revista de Faces

 

Apuntes acerca de la Autonomía Universitaria

y su pertinencia histórica en la Venezuela actual

 

Autor: Dr. Carlos Hermoso

Julio de 2017

RESUMEN

 

Analizamos el origen histórico de la autonomía universitaria y su desarrollo contradictorio en el seno del cristianismo. De origen cristiano no supone que haya sido aupada por el establecimiento religioso de manera homogénea y dócil. Vistas las demandas del capital y la articulación de la iglesia católica con formas industriosas como propietarios y base ideológica de la clase feudal, comercial y de la usura, deben hacer concesiones al saber. De allí que se brinden espacios que permitan la libertad para desarrollar el saber científico y filosófico. Los principios que rigen las asociaciones gremiales permiten sentar las bases a las universitates. Siendo un producto que nace en el cristianismo, encuentra en el mundo occidental bajo el catolicismo una realización concreta. En Venezuela la autonomía tiene un desarrollo que observa en la renovación de 1968 1969 un episodio que aun expresando lo más avanzado de nuestra autonomía, fue silenciado, luego del allanamiento por aquella verdad de que lo dominante de la ideología de quienes someten a la sociedad es un principio que se aplica a costa cuando pone en peligro a sus intereses. La autonomía guarda pertinencia histórica y política. Los nubarrones que se ciernen sobre la universidad venezolana cuya realización sufre los embates de un régimen político que avanza en el cercenamiento de las libertades.

Descriptores: Autonomía universitaria. Cristianismo y catolicismo. Ciencias. Industria.

 

UNIVERSIDAD CENTRAL DE VENEZUELA

FACULTY OF ECONOMICS AND SOCIAL SCIENCE

Notes on Universitary Autonomy

And its historical relevance at the Venezuela current times

 

Author: Dr. Carlos Hermoso

July 2017

SUMMARY

 

We analyze the historical origin of universitary autonomy and its contradictory development within Christianity. Being of christian origin doesn’t suppose that it has been exalted by the religious establishment in an homogenous and docile way. Given the demands of capital and the articulation of the Catholic Church with industrious ways as owners and being the ideological base of the feudal, commercial class and of usury, they must do concessions to knowledge. Therefore spaces are provided allowing to develop scientific and philosophical knowledge within freedom. The principles governing trade unions allow the foundations of universities to be laid down. Being a product that is born in from christianity, it finds in the western world under the catholicism a concrete realization. In Venezuela autonomy has a development that observes in the 1968 1969 renewal an episode that even expressing the most advanced features of our autonomy, was silenced, after the search for that  truth that the dominance of the ideology of those who subdued society is a principle that applies at all cost when it endangers their interests. Autonomy has historical and political relevance. The dark clouds that hover over the Venezuelan university whose realization suffers the onrush of a political regime that advances in the curtailment of freedoms.

 

Descriptors: University autonomy. Christianity and Catholicism. Science. Industry.

 

Apuntes acerca de la Autonomía Universitaria y

su pertinencia histórica en la Venezuela actual

 

Origen de la autonomía. Industriosidad y autonomía. Libertad para el desarrollo de las ciencias naturales.

El origen y desarrollo histórico de la autonomía universitaria lo asumimos como un requerimiento para el avance de las fuerzas productivas, expresado en el progreso de las ciencias naturales, de la astronomía, las matemáticas, entre otras. Es lógico suponer que el desarrollo de las ciencias supone perspectivas filosóficas diferentes a las implantadas por la dogmática religiosa o de cualquier índole. Su realización crea condiciones que abren las perspectivas de una subjetividad proclive al desarrollo científico y de su aplicación para la creación de medios de producción e instrumentos de trabajo que han contribuido cada vez más con la productividad del trabajo. Por ende, supone un incremento de la composición de capitales, la producción y realización de la plusvalía.

Así, su permanencia y vigencia en condiciones del capitalismo es tal en tanto es requerimiento de este campo científico de cara al desarrollo industrial, como reacción y medio para evadir al oscurantismo de cualquier signo. Dicho de manera más general, la autonomía universitaria, ese medio que permite la libertad de pensamiento para el encuentro de la verdad, está sujeta al desarrollo de las fuerzas productivas materiales inscritas dentro de procesos industriosos, frenados en su oportunidad por el catolicismo patrístico, dominante durante siglos en los espacios cristianos. Episodio emblemático de esta circunstancia lo encontramos en el asesinato mediante lapidación, según historias, de la filósofa y mártir de las ciencias, como algunos la indican, Hypatia de Alejandría, a manos de una turba orientada por quien lideraba el cristianismo de entonces:

El historiador Hans von Campenhausen dice que Uno de los Padres de la Iglesia más polémicos fue Cirilo de Alejandría (c. 375-444). … Cuando era obispo de Alejandría, se valió del soborno, la publicación de libelos y la calumnia para deponer al obispo de Constantinopla entre otros adversarios.

Sobre Hypatia y sobre toda la humanidad se abatió la irracionalidad: el creciente poder de la Iglesia católica y su pacto de sangre con un imperio romano en decadencia. La supresión del paganismo, la liquidación de las bibliotecas, del saber y de los sabios, la anulación del librepensamiento y de la investigación científica (…) La prohibición del acceso a la mujer a todo conocimiento para ser sometida, en pocos decenios consiguió llevar a cabo la casi totalidad del proyecto. Pero Ambrosio, Juan Crisóstomo, Agustín y Cirilo, los gigantes del naciente imperio de la Iglesia, toparon en su camino, cimentado de hogueras y regado de sangre, un último escollo: una mujer que dirigía la Escuela alejandrina, una sabia de rectitud moral inquebrantable que, al término de una jornada de investigación y estudio, se echaba sobre los hombros el tribon, (manto de los filósofos), y deambulaba por Alejandría para explicar a sus habitantes el significado de la libertad de pensamiento, del uso de la razón.

Cirilo, obispo y nuevo patriarca de Alejandría urdió el asesinato de Hypatia, de nada sirvió la voz aislada del prefecto imperial Orestes, que intentó defender y salvar a esta mujer de ciencia. Ella hizo ver que, en realidad, no podía definirse como “pagana”, porque “cualquier religión, cualquier dogma, es un freno para la libertad de investigación y puede convertirse en una prisión que impida indagar libremente sobre el origen de la vida y el destino del hombre”.

Hypatia simbolizaba el aprendizaje y la ciencia, que en ese momento de la historia occidental fueron precisamente identificados como paganismo. En declaraciones conservadas, el obispo Cirilo, la acusó, de: “Enseñar supersticiones como verdad” pensamientos tan indignos y subversivos de Cirilo, que espoleó a la multitud cristiana contra Hypatia acusándola de pagana, impía y bruja. Los asesinos eran Parabolanos, monjes fanáticos de la iglesia de San Cirilo, el ejército privado y fuerza de choque del propio obispo Cirilo.

El asesinato de Hypatia está descrito en la obra de un historiador cristiano del siglo V, Sócrates el Escolástico: Como drástica solución a un problema moral, ya que al ser virgen no podía ser asesinada, fue violada, desgarrada, descuartizada y quemada por los propios Parabolanos.[1]

Superar este ambiente, que imperó por siglos, supone una nueva perspectiva aguijoneada por necesidades supremas del desarrollo. Hubo de esperarse hasta el siglo IX cuando se desarrollan nuevas ideas que se abren camino con no pocas dificultades. Su palanca inicial la encontramos en:

El pensamiento escolástico. La aparición y desarrollo de las universidades se produce a lo largo del período en que se extiende la escolástica, del siglo IX al XVI. Escolástica (lat. scholasticum, del gr. Skholastios) quiere significar “perteneciente a las escuelas” o a los que estudian en ellas; pero en su tiempo tenía un significado restringido: lo perteneciente o relativo a las escuelas de la edad media…[2]

Esta demanda por establecer un espacio que garantice la libertad del pensamiento, de las ideas, de la filosofía, de la interpretación del mundo en función de la realización de principios conducentes a innovaciones científico tecnológicas, supone comprender el papel de la escolástica cristiana, cuando nos referimos a los orígenes universitarios en el llamado mundo occidental. La autonomía universitaria es un producto del cristianismo católico. La patrística, que encuentra en la lapidación de Hipatia de Alejandría un emblema, que evidencia el oscurantismo al que sería sometida la sociedad europea, da paso a un período que permite el rearme del catolicismo hasta entrar en decadencia y desgaste. La escolástica producto de las mayores ambiciones epistémicas permite el rescate del pensamiento helénico y los aportes de los árabes y judíos en distintas áreas del saber más allá de la filosofía.

El renacimiento, punto culminante de la escolástica, encuentra en Leonardo Da Vinci (1452- 1519) y su obra, una representación y realización de la libertad de pensamiento que imperó en medio de estas circunstancias.  Los Médicis, mecenas del arte, que vieron en Leonardo una gran promesa, le facilitan el camino, garantizándole las condiciones para la libertad de pensamiento y acción.

Giordano Bruno (Filippo Bruno, Italia, 1548-1600), por su parte, ese mártir del pensamiento, quien no claudicó frente al oscurantismo de la reacción inquisidora, que se enfrenta a esa perversa relación inquisición y escolástica, hasta ser quemado en la hoguera, es el emblema que representa esta confrontación. Pero es así como se presenta ese terrible binomio. La escolástica supone la fusión de la razón con la fe. Sólo que la inquisición está allí para hacer valer el imperio de la fe por encima de la razón. Además, los aires propios del enfrentamiento a la reforma protestante hacen más enconado el combate a la razón y la reivindicación a la dogmática católica. Víctimas de este proceso lo son la ciencia y las artes, así como los avances alcanzados por Galileo, entre otros. La reacción inquisidora se hace tan creativa que conduce a tapar partes íntimas de los desnudos en el fresco de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina El Juicio Final.  El papa Pío V, le encomienda la tarea al mentado por esta “obra”, “il braghettone”, Daniele Ricciarelli (Volterra, Italia, c. 1509 – Roma, 4 de abril de 1566), mejor conocido como Daniele da Volterra, pintor y escultor manierista.

Así, las vidas de Leonardo da Vinci y Giordano Bruno, estuvieron cruzadas por circunstancias opuestas, mientras el segundo padeció la inquisición, Leonardo disfrutó del renacimiento amparado por el desarrollo de la industria, la banca y el comercio, y la influencia política sobre el papado que alcanzaron hasta ese momento. Sumemos la liberalización de la iglesia en manos de una familia díscola en extremo, vinculada al comercio, las finanzas y el poder político, ambiente propio del surgimiento de la burguesía en Europa.

Sin embargo, hemos de reconocer que la escolástica supone una superación positiva de la patrística. Sobre todo por aquella concepción de esta etapa del cristianismo de reducir la filosofía a los asuntos de la letra de los apóstoles y del antiguo Testamento. La verdad está en las letras de los padres de la iglesia, no más allá. Las ideas filosóficas del cristianismo patrístico sumen al llamado mundo occidental en un oscurantismo que contribuye con su rezago en relación con el mundo asiático y árabe. Sin embargo, las demandas del lento pero terco desarrollo de las fuerzas productivas frenado al extremo por las relaciones enfeudadas y terrible férula patrística─ van propiciando nuevas formas de conciencia. La sola idea de fundir la razón a la fe implica un avance sustancial como forma de conciencia inspirada por una base objetiva que se abre paso a trompicones, lo que deriva en el renacimiento como expresión emblemática.

Los vientos controversiales de la iglesia católica, dando origen al renacimiento, no encuentra manera de zafarse de los conflictos que derivan en la reforma y el surgimiento del protestantismo en sus variantes alemana e inglesa y de otros espacios europeos. Por lo que el renacimiento italiano y sus incidencias en Francia y en los nacientes Estados Nacionales, se ve ahogado en buena medida por la contrarreforma que encuentra entre sus manifestaciones más claras, llenas de oscurantismo, la creación del Índice de libros prohibidos (Índice Librorium Proibitorium). Entre estos se encontraban las ideas de Galileo y Giordano Bruno. Autores y obras fueron prohibidas y quemadas por la llamada santa sede, teniendo efectos esta oscuridad, aunque muy menguados, hasta 1965. La cada vez menor influencia de la iglesia católica deja a un lado sus rastras en la medida en que avanzan las ciencias, el método científico y la ética burguesa. Por lo que resulta ridículo encontrar autores de una talla universal como Descartes, entre muchísimos otros genios de las ciencias, la literatura, la poesía, entre otras manifestaciones del saber y la cultura. Este oscuro ambiente, dadas las demandas del naciente capitalismo en el seno de las relaciones feudales europeas, motiva aún más la idea autonómica y universitaria. Se funden cuestiones propias de las relaciones feudales como el gremio o corporación, con la necesidad del desarrollo del conocimiento demandado por la industriosidad. Gremios e iglesia confluyen para crear este principio de autonomía y así garantizar la libertad de pensamiento fuera de la autoridad religiosa.

Siglos antes encontramos los primeros pasos en esta dirección. En primer lugar, la influencia árabe es determinante en las bases a partir de las cuales se da origen a las universidades europeas. Así:

Entre los siglos IV y V los sirios cristianos fundan la Escuela de medicina de Gundishapur (Persia), que se hará famosa en todo el mundo; luego, por motivos políticos y militares, la escuela se traslada a Bagdad, –Siglo VIII– denominándose Bayt al Hikma, “la Casa de la Sabiduría”, para traducir las obras científicas de médicos y filósofos griegos clásicos. Durante este siglo también aparecen los hospitales que se vincularán estrechamente con las escuelas de medicina, terminando por definir un modelo empirista, laico, tolerante y riguroso de universidad, que dará fama mundial a aquellos establecimientos, e impactarán en el modelo de las primeras universidades europeas. El nuevo modelo adoptado por las universidades árabes y persas se caracterizó por el rigor en el estudio, y muy especialmente por la investigación y la enseñanza de la medicina. Este modelo dio origen al college, característico del sistema de altos estudios estadounidense e inspirará el surgimiento de la universidad moderna en Europa. Algunas de las más famosas universidades árabes y persas antiguas fueron: la universidad de Bagdad, la de Córdoba (España), la de al-karaouline (Marruecos), la de Damasco (Siria), la del Cairo (Egipto), la de Salerno (Italia). En el proceso de expansión del Islam a finales de la edad media, los árabes fundan universidades en áfrica.[3]

Aun cuando los árabes designaban con el nombre de madraza o madrasa a sus instituciones educativas, se construye la sinonimia con universidad dado que tales centros llegaron a alcanzar elevados niveles de desarrollo intelectual en varias ramas del saber. La sociedad europea, con todo y el imperio de las ideas oscuras se ve forzada a heredar aspectos positivos de esos desarrollos árabes en el terreno educativo. Por lo que:

La primera universidad europea apareció en Bolonia, Italia. (Algunos afirman que fue la de Salerno, también en Italia) formada a partir de escuelas municipales. La fundación de la Universidad de Bolonia en 1088, coincidió con la renovación del interés por el derecho romano sobre todo por el redescubrimiento del Código de Derecho Civil de Justiniano. En el siglo XII un gran maestro, como Irnerio (1088-1125) podía atraer a estudiantes de toda Europa. La mayoría de ellos eran seglares, a menudo individuos de edad que desempeñaban funciones de administradores de los reyes y príncipes, y estaban deseosos de aprender más sobre derecho para aplicar sus conocimientos en sus profesiones.

Para protegerse, los estudiantes y profesores de Bolonia formaron un gremio, o universitas, que el emperador Federico Barbarroja reconoció por cédula en 1158. Aunque el cuerpo docente también se organizó como grupo, la universitas de estudiantes de Bolonia tuvo mayor influencia, obteniendo por parte de las autoridades locales, una promesa de libertad para los estudiantes, regulación en el precio de los libros y del hospedaje además de los estudios, las cuotas y el profesionalismo de los maestros. Se multaba a los profesores si faltaban a una clase o comenzaban tarde sus lecciones. La Universidad de Bolonia siguió siendo la mejor escuela de leyes de Europa durante la Edad Media.

En el norte de Europa, la Universidad de París se convirtió en la primera universidad prestigiosa de iniciativa eclesiástica (…) A finales del siglo XII estos maestros de París formaron una universitas, o gremio de maestros. En 1200, el rey de Francia Felipe Augusto reconoció de manera oficial la existencia de la Universidad de París. La Universidad de Oxford, en Inglaterra, se organizó según el modelo de la de Paris, y apareció por primera vez en 1208. Una migración de académicos de Oxford, ocurrida en 1209, condujo a la fundación de la Universidad de Cambridge. En la Alta Edad Media los reyes, papas y príncipes rivalizaron en la fundación de nuevas universidades. A finales de la Edad Media había ochenta universidades en Europa, la mayoría de ellas localizadas en Inglaterra, Francia, Italia y Alemania. [4]

Existe una clara relación entre la idea de protección a partir de la asociación gremial y la cuestión religiosa.

El modelo de la nueva organización fueron los gremios y cofradías medievales; de ellos poco a poco maestros completamente desconocidos empezaron a imitar en algunas catedrales la práctica de los gremios y a organizarse ellos mismos corporativamente, en lo que en latín medieval dieron en llamar universitates y su singular es universitas. Cuya intención era probablemente, la de regularizar la enseñanza y asegurar el mantenimiento de niveles adecuados por parte de quienes aspiraran a ser admitidos en la sociedad de maestros.

En el latín clásico y de la alta edad media una universitas era un conjunto de personas, bienes y entidades abstractas. La universitas rerum era el conjunto de todo aquello que existe, el universo. En el siglo XIII, el término sufrió un interesante desarrollo, pasando a designar a grupos sociales dotados de un estatuto colectivo o a toda comunidad organizada con cualquier fin, como comunidades eclesiásticas o corporaciones profesionales.[5]

Otro tanto aporta el colombiano Guillermo Páramo Rocha, para apuntalar nuestra idea de que la universidad moderna encuentra una imbricación entre el hecho gremial y las demandas del saber, cuando señala que:

La universidad en su conjunto es una institución de siglos que transfiere un poder de siglos. En nuestra cultura se aspira a que sea la institución de los sabios que reconocen y forman a los sabios. El ejercicio soberano del saber que se les reconoce es su autonomía. La autonomía universitaria nació al compás de las conquistas de los fueros por las corporaciones, gremios y guildas en la sociedad medieval. Tal cual un gremio de orfebres reclamaba de las más altas autoridades eclesiásticas y civiles fuero para regirse, determinar quién podía ser un maestro orfebre, escoger, formar e incorporar a los aprendices y velar por la calidad en el ejercicio del oficio que mejor que nadie conocía, grupos de profesores o estudiantes, que quisieron acometer sus estudios por fuera de las escuelas catedralicias, reclamaron fuero para determinar quién podía enseñar y quién no y para mantenerse en eso a salvo de la interferencia de cualquier poder local. Papas, emperadores y reyes concedieron esos fueros a los studia generlia, en especial el privilegio de determinar quién podía enseñar en cualquier parte, el ius ubique docendi, con el cual, según los historiadores, nació la universidad (Pedersen 1997: 122, ss.; Rashdall 1997: I, 1, ss.). Algo de esos fueros medievales quedó también en otra institución asociada con el control del saber en nuestra sociedad, la profesión con su colegio profesional. Sabemos que en esos días ‘universidad’ significaba apenas “comunidad y ayuntamiento de gentes y cosas”, como aún decía a comienzos del siglo XVII Covarrubias en su Tesoro de la lengua castellana o española (cf. También Rashdall ibid) y que los privilegios que recibieron los studia generalia fueron tocantes a muchas materias y servían para muchos propósitos: para que estudiantes y profesores pagaran más bajos arriendos, fueran aprehendidos y juzgados sólo por sus colegas -salvo en caso de asesinato o mutilación- o para que tuvieran el monopolio del ale, la fuerte cerveza medieval (cf. Rashdall, ibid.)”.[6]

Así, junto a las primeras universidades modernas, que surgen en los nacientes Estados Nacionales, encontramos una autonomía universitaria incipiente pero llena de principios que aún tienen vigencia. Junto a estos principios, fundamentalmente el de la libertad de pensamiento, el desarrollo y realización del conocimiento científico, se va articulando y nutriendo con el desarrollo de la industria. A su vez, las demandas de la competencia estimula aún más el desarrollo de las ciencias. El capitalismo es competencia. Composición orgánica supone desarrollo de innovaciones tecnológicas que demandan de la ciencia el dominio de principios del desarrollo de la naturaleza.

A su vez, las ideas mercantilistas, van parejas a estos desarrollos, junto al de la libertad de pensamiento. Derruir las fronteras feudales pasaba, en primera instancia, por la ampliación del mercado exterior por encima de los mercados interiores. Comercio y desarrollo de las ciencias van parejos. El astrolabio, el sextante, entre otros instrumentos son el resultado de ese desarrollo. Supone un avance científico de la física, matemáticas, oceanografía, astronomía, entre otras.

La libertad de pensamiento, que permite enfrentar las ideas escolásticas, ya en su fase decadente, que reprimían el desarrollo de teorías fundantes de las ciencias modernas, de las ciencias naturales, va derruyendo algo más sólido: las ideas oscurantistas y la dogmática religiosa. Esa era una necesidad impostergable para la pujante y naciente industria y con ello de la burguesía que daba sus primeros pasos como clase social en sí y para sí, con el corsé que suponen las relaciones enfeudadas. Es así como las primeras corrientes autonomistas, que las encontramos en el corazón de la Europa medieval, en Bolonia, París, entre otras ciudades, se desarrollan y cristalizan al lado de las ideas económicas que amplían el horizonte del mercado hasta configurar su carácter mundial.

En definitiva, el capitalismo en ciernes, más bien, el desarrollo de las formas primitivas de la industrialización, en el marco de los pininos del proceso de acumulación originaria de capitales, uno de cuyos resultados fue el cisma de la iglesia católica apostólica y romana, demanda de manera pujante e indetenible el desarrollo de la ciencia y su aplicación en tanto innovaciones científico técnicas.

Ello es lo que la da un carácter concreto a la autonomía, en el sentido de que junto a ella se va entronizando la idea según la cual lo natural es el orden político imperante hasta las revoluciones burguesas, a partir de las cuales esta idea es sustituida por la misma especie pero referida al orden capitalista.

De tal manera que este principio permite la liberación de la conciencia científica que sienta las bases del desarrollo de las fuerzas productivas industriales en el marco de las relaciones enfeudadas y más adelante las capitalistas. Sin embargo, desarrollos científicos en el campo de las ciencias naturales que no se correspondan con las demandas del capital en una circunstancia concreta se ven frenados por quienes hegemonizan el proceso, esto es, por el segmento del capital que lidera el proceso.

La autonomía y su realización contradictoria. La ideología dominante.

La articulación dialéctica entre la base material y objetiva y las relaciones imperantes, conduce a subjetividades concretas. Esto es, el resultado de la confrontación entre las relaciones sociales de producción y el desarrollo alcanzado por las fuerzas productivas, frenadas por aquellas, impulsan o crean espacios para la realización de la libertad de pensamiento, sobre todo en condiciones del incipiente capitalismo. Aunque es de destacar que en cualquier circunstancia la aplicación de principios que liberan las fuerzas productivas es una constante en el desarrollo de la humanidad. Por lo que no es de extrañar que, en la medida en que el hombre va aprehendiendo los principios que rigen el movimiento de la materia, se va liberando de lo que entiende como manifestaciones mágicas. A la postre, se va imponiendo la conciencia en la aplicación de tales principios para el progreso, lo cual no supone que no se encuentren obstáculos en el camino. Las evidencias son demasiado contundentes como para negar esta afirmación. Por lo que podemos concluir que, a pesar de las limitaciones que imponen las fuerzas reaccionarias en cada momento histórico, siempre han terminado por imponerse las formas de conciencia que apuntalan el desarrollo de las fuerzas productivas materiales, expresado, en primera instancia, en la entronización en el cerebro de hombres concretos hasta convertirse en una tendencia social.

Ahora bien, junto a ello, se le da un carácter metafísico al orden burgués, así como antes se le dio al feudal. Eso supone una contradicción que va pareja al grado en el cual avancen las ideas subversivas en relación con lo establecido. De allí que la autonomía se inscribe en el marco de la libertad burguesa, de sus principios y se articula con la fórmula judeo cristiana del libre albedrío y, por ende con el de la libertad de elegir. Esto es, se imbrica con principios fundamentales del orden burgués. De esta manera se realiza en el marco de las libertades burguesas así como de su naturaleza metafísica por lo que sus alcances son inversamente proporcionales a la trascendencia alcanzada por las ideas que pudiesen subvertir el orden o que encuentren asidero en la conciencia de los oprimidos. De allí el avance impetuoso de las ciencias naturales y metodológicas y la conversión de las ciencias sociales en apologética burguesa.

Por su parte, el desarrollo de las artes, de las distintas manifestaciones culturales, de igual manera encontrarán las mismas condicionantes. Mientras se ubiquen como expresiones que afiancen la cultura dominante, mientras contribuyan con el principio según el cual en el capitalismo se producen bienes que satisfacen necesidades, por lo que se crean los sujetos en correspondencia, no sufrirán freno alguno. Mientras no subviertan lo establecido, o no representen un peligro sustancial a una forma de dominación burguesa, la producción cultural y artística encontrará una relativa libertad.

La complejidad de esta relación, articulación y contradicción radica en el hecho de que las fuerzas productivas son frenadas pero no detenidas. Su desarrollo es permanente. Incluso hasta las confrontaciones bélicas han supuesto su desarrollo. Si no, veamos las innovaciones alcanzadas al calor de la confrontación armada en todos los tiempos. Es necesario ubicar que esta categoría encierra muchas determinaciones y continentes, aunque debemos identificar que el hombre, la especie, la fuerza de trabajo, es la fundamental y principal. Fuerza productiva es crecimiento vegetativo, cultura, ciencia, estética, cuya derivación es y será cada vez más, esperanza de vida y humanización en su expresión más acabada.

Cuando la ideología hegemónica de las clases dominantes no encuentra resistencia en las sociedades capitalistas y, por ende, en sus centros de estudio, la autonomía ciertamente abarca de manera muy amplia todos los campos de las ciencias, el saber, la cultura y las artes. Sin embargo, en el momento en el cual las ideas subversivas, que no sólo logran determinar el curso de los acontecimientos sociales de manera científica, sino que presentan una perspectiva diferente al orden imperante, esto es, presentan como alternativa un proyecto que plantea nuevas relaciones sociales de producción, la autonomía, el libre encuentro de las distintas corrientes del pensamiento, se enfrenta a limitaciones que impiden su plena realización.  Eso es lo que explica que la autonomía, con base en las demandas del capital, puede llegar a ser plena de cara al avance de las ciencias naturales, pero no para el caso de las ciencias históricas.

A su vez, todas las formas del irracionalismo reaccionario se convierten en frenos para el avance de formas de conciencia que coadyuvan al progreso de la humanidad. Ahora bien, esta afirmación supone que la Autonomía Universitaria, o la libertad de pensamiento, para decirlo en términos más generales e históricos, siendo la institución burguesa más acabada para propiciar la conciencia científica y crítica, se ve envuelta en la contradicción antes dicha. Por lo que termina convirtiéndose en un instrumento al servicio del orden imperante por aquello de que la ideología dominante es la ideología de las clases dominantes y que la superestructura jurídico política se corresponde con la estructura económica. De allí que la idea filosófica dominante en materia política e histórica sea la metafísica en sus diversas variantes. Negar la verdad y el espíritu crítico, en las ciencias sociales o apologética burguesa, tiende a ser absoluta.  Todo en aras de evitar la transformación social. Sólo que, en el caso del capitalismo, al demandar de un impetuoso desarrollo de los medios de producción y de la ampliación ilimitada del mercado, propicia la idea de cambio y transformación. Esto es, propicia ideas dialécticas.

Las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes en cada época; o, dicho en otros términos, la clase que ejerce el poder material dominante en la sociedad es, al mismo tiempo, su poder espiritual dominante. La clase que tiene a su disposición los medios para la producción espiritual, lo que hace que se le sometan, al propio tiempo, de los medios para la producción espiritual, lo que hacen que se le sometan, al propio tiempo, por término medio, las ideas de quienes carecen de los medios necesarios para producir espiritualmente. Las ideas dominantes no son otra cosa que la expresión ideal de las relaciones materiales dominantes, las mismas relaciones materiales dominantes concebidas como ideas; por tanto, las relaciones que hacen de una determinada clase la clase dominante son también las que confieren el papel dominante a sus ideas. Los individuos que forman la clase dominante tienen también, entre otras cosas, la conciencia de ello y piensan a tono con ello; por eso, en cuanto dominan como clase y en cuanto determinan todo el ámbito de una época histórica se comprende de suyo que lo hagan en toda su extensión y, por tanto, entre otras cosas, también como pensadores, como productores de ideas, que regulan la producción y distribución de las ideas de su tiempo; y que sus ideas sean, por ello mismo, las ideas dominantes de la época. Por ejemplo, en una época y en país en que se disputan el poder la corona, la aristocracia y la burguesía, en que, por tanto, se halla dividida la dominación, se impone como idea dominante la doctrina de la división de poderes, proclamada ahora como “ley eterna”.[7]

Aun así, la autonomía se convierte en un resquicio nada despreciable para la propagación de ideas de cambio y científicas en el campo de las ciencias sociales. Bajo el amparo que da la realidad concreta es fácil la tarea. La resistencia de quienes propagan la metafísica y apologética burguesas es un escollo sencillo de superar en términos teóricos. Pero muy difícil en términos ideológicos y políticos cuando su hegemonía se expresa de manera prepotente. La evidencia empírica permite lanzar la ofensiva. Pero se encuentra, en primera instancia, con la hegemonía del irracionalismo metafísico en sus distintas expresiones. Sólo la correlación de fuerzas en favor de las ideas dialécticas permite que este resquicio sea bien aprovechado. Se convierte, para quienes propiciamos la transformación revolucionaria de la sociedad, en una libertad democrática que permite incidir en la conciencia nacional partiendo de los principios de búsqueda de la verdad y espíritu crítico.  Eso supone una conciencia avanzada sobre todo en los estudiantes.

Así, articulada con el necesario desarrollo de las ciencias naturales surge una superestructura ideológica que busca legitimar el orden imperante. Se presenta una articulación, nada homogénea ni lineal entre las condiciones objetivas y las subjetivas, en sus aspectos jurídicos y culturales, que permiten una realización concreta pero no ilimitada de las ciencias naturales y metodológicas.

Con todo, la autonomía es esencial en la condición de toda universidad burguesa inscrita dentro de la investigación y la creación artística y cultural. Por ello no podemos concebir el concepto de universidad desligado de ella. Si la autonomía no es realizada, más que universidad, ese centro educativo que no cuente con ella, es apenas reproductora de una fuerza de trabajo de relativa calificación para satisfacer la demanda del aparato productivo. Sólo eso. En palabra de Tecla Jiménez, en su libro Universidad, burguesía y proletariado, se convierte en apena una universidad fábrica de fuerza de trabajo calificada.

Por todo lo anterior, más que una ingenuidad resulta una inconsecuencia el planteamiento según el cual la autonomía encuentra en la autogestión, en la cogestión o, en general, la independencia financiera, la condición para ser realmente plena y efectiva. Inconsecuencia que trasiega el tufo liberal detrás de una postura (¿o impostura?), supuestamente de progreso y autonomista. Es como el remedio que consiguieron los profesores universitarios al privatizarse el servicio de salud y descargarlo en sus propias espaldas, con el ánimo de independizarse del Estado.

La autonomía está sujeta, como hemos tratado de plasmar, a las demandas objetivas y subjetivas del orden burgués. Si nos ubicamos en el carácter relativo de la autonomía, así como también en las condiciones que le dan vigencia, nos percataremos de que esta institución prevalece y es auspiciada por el estado burgués como una de sus instituciones fundamentales en aras del saber que demanda la industria y la cultura burguesa.

La ubicación histórica de la autonomía universitaria y su pertinencia en el mundo moderno

La autonomía nace, se realiza y desarrolla, en sus orígenes, de manera muy controversial dado que los procesos industriosos aparecen en el marco de las relaciones feudales. Aunque, de igual manera, en condiciones de mayor desarrollo capitalista sigue imperante la contradicción. El feudalismo demanda de un relativo desarrollo de la industria -expresada en esta etapa en la artesanía- para satisfacer tanto las demandas de medios de producción, como de bienes de consumo de las clases dominantes, de la nobleza y aristocracia feudal, en el marco de la camisa de fuerza que representa el orden servil. Ello explica estos episodios históricos llenos de confrontación. A su vez, el desarrollo de la industria supone el dominio de principios del movimiento y estos, su descubrimiento e identificación, entrando en contradicción con la escolástica reaccionaria del momento y su instrumento represivo, la inquisición. Las ideas de Copérnico (1473-1543), quien vivió en el período del renacimiento -además, estudió en Bolonia y París, esto es, en el ambiente liberal- y las de Kepler (1571-1630) en el marco del protestantismo, encuentran resistencia en la escolástica cristiana. Logran estar ilesos, el primero por el ambiente autonomista y el segundo, superado el período oscurantista, lo ampara aún más el protestantismo. De allí podemos encontrar la raíz de las diferencia entre las universidades del mundo católico romano y el protestante o sajón.

La patrística, dominante en la iglesia católica durante el tenebroso período, vistos sus efectos perversos en el desarrollo de las fuerzas productivas -que dejaron a Europa en las tinieblas mientras los árabes, persas y asiáticos alcanzaban niveles elevados en las ciencias y las matemáticas, la medicina y las artes-, fue superada por la propia iglesia. Ello le permitió traer algo de Prometeo, sólo algo, creando la institución universitaria y con ella la autonomía para así brindar un espacio que permitiera el desarrollo de algunas ciencias y la legitimidad de la iglesia cobijada en lo sucesivo en la razón. De allí que rescataran a los griegos luego de siglos de imperio de la idea según la cual la verdad está en el evangelio. Negando, claro está, cualquier interpretación libre. Negando la hermenéutica pues, desde una perspectiva crítica, no positivista.

Es por ello que la universidad, que nace crítica buscando la verdad no debe arrodillarse ante una corriente filosófica que parece llevarnos a ese espíritu sojuzgado que sólo espera el paraíso. Mientras, acá en la tierra, hay que aprender a vivir, aunque sea en las peores condiciones. Aprender a quedarse quieto y apenas hablar para que otros sujetos igual a él lo oigan, lo estudien, lo contemplen. Peor aún, lo adocenen.

Como toda categoría histórica, la Autonomía Universitaria tiene una ubicación concreta. Es la demanda del desarrollo de las fuerzas productivas materiales lo que marca su origen y desarrollo subsiguiente. Más específicamente, el desarrollo industrial en condiciones feudales, empuja a la creación de espacios para la búsqueda de la verdad lo que a su vez conduce a la confrontación con la escolástica religiosa del momento. En lo sucesivo, esta determinación va a estar a momentos en confrontación con lo establecido. Ubiquemos que se trata de una institución que, aparte de ser propia del llamado mundo occidental cristiano, está sujeto su desarrollo a circunstancias que obedecen a condiciones objetivas del proceso de acumulación de capitales.

Indiscutiblemente que, en última instancia, es la composición orgánica de capitales la que determina las ramas de la industria que más impulso van a recibir. El estímulo que recibe es fruto de la competencia capitalista, así como el comportamiento de la cuota de la ganancia, dado su desarrollo desigual y su tendencia a la nivelación. Esas son tendencias absolutas del desarrollo del orden burgués. De allí el estímulo y, por ende, el condicionamiento de las líneas de investigación en las grandes universidades de los países imperialistas o de gran desarrollo industrial.

Así, siempre la autonomía está sujeta a estos intereses. Los mayores desarrollos de las ciencias naturales, de las innovaciones científico tecnológicas, a escala planetaria, hoy día, se encuentran estrechamente vinculadas a la industria armamentista, a la industria bélica. Más aún, buena parte de los grandes avances en la industria civil son el resultado de aplicaciones que se desprenden de la industria de la guerra. En estos tiempos, juega un papel principal, es determinación absoluta, la orientación de la oligarquía financiera en los países imperialistas. La autonomía, en aquellas naciones imperialistas en las cuales impera, guarda bastante distancia a la que prevalece en los países de América Latina. Las universidades en Estados Unidos, sufrieron una ofensiva de la cual no se recuperan. Esto las convirtió en espacios privados al servicio del capital, por lo que el control de los desarrollos científicos está sujeto a las demandas de los inversores y financistas. De ello no escapan las diversas áreas del saber y la cultura. La autonomía apenas es una vaga idea sin efecto alguno. No existe esta tradición en esta potencia imperialista, por lo que la realización del saber universitario está más condicionado a los intereses del capital.

Asimismo, la realización de esta institución está sujeta a los vaivenes políticos del Estado burgués. Si la autonomía se convierte en un medio para el desarrollo del pensamiento subversivo, que atenta contra el estado de cosas imperante, se limita su realización o se anula. El proceso de renovación universitaria de 1968-1969 en las universidades autónomas de Venezuela es un vivo ejemplo, aunque olvidado, de esta afirmación. Consideramos que la Renovación es el más grande intento por convertir la universidad venezolana en espacio al servicio del desarrollo y la independencia nacional, con base en el espíritu crítico.

Sin embargo, repetimos, este proceso fue silenciado al punto de que su olvido es muy ruidoso. Al respecto vale lo anotado por Nelson Méndez en su artículo La Renovación en la Universidad Central de Venezuela (1968-1969): Érase una vez el futuro:

Cuando uno se propone reconstruir y analizar cualquier aspecto de la experiencia de la Renovación en la Universidad Central de Venezuela – UCV – entre 1968 y 1969, se sorprende con el contraste entre el enorme interés que ese proceso generó en su momento y el silencio que luego cae sobre el tema. Esta afirmación cabe porque tras escudriñar en los bancos de datos computarizados y los ficheros de la Biblioteca Nacional y de las Bibliotecas Central, de Humanidades, de Economía, de Educación y de Ingeniería de la UCV, encontramos que de 21 títulos allí localizables referidos exclusiva o principalmente a las experiencias históricas de la Renovación universitaria en Venezuela en 1968-1969 o al debate teórico que la acompañó, apenas uno fue escrito fecha posterior a 1975, como podrá constatarse en la Bibliografía comentada que incluimos al final de este trabajo.[8]

La renovación adquirió tal empuje en su oportunidad que el rector Bianco afirmó, según cita que reseña la doctora María Elena González Deluca en La UCV y la autonomía, entre la toma estudiantil y la toma militar, que:

Los problemas de la UCV eran… producto de los desajustes de una experiencia revolucionaria que chocaba con las viejas estructuras. La renovación, afirmaba, superaría las fallas y vicios, y sus resultados serían los más extraordinarios en la historia de la educación, superiores incluso a los obtenidos por la Reforma de Córdoba.[9]

Este movimiento, debe ser rescatado en momentos en los cuales la universidad autónoma sufre la mayor ofensiva de toda su historia, toda vez que sirve de ejemplo para elevar las luchas en ciernes. Tal fue el grado de participación que en la facultad de arquitectura:

La toma de las instalaciones por estudiantes y algunos profesores, y la reunión de una asamblea paritaria, señaló allí el comienzo de la renovación desde abajo, que se declaró solidaria con los estudiantes de ingeniería. La toma impidió la elección de nuevos miembros del Consejo de Facultad y la Asamblea declaró el carácter experimental de la facultad, el desconocimiento de las autoridades y el establecimiento de una Comisión Paritaria que incluía entre sus miembros al arquitecto de la Ciudad Universitaria, Carlos Raúl Villanueva.[10]

Con 70 años a cuestas tuvo una destacada participación en el proceso de renovación. Ese gran arquitecto, cuya principal obra fue declarada patrimonio de la humanidad por la Unesco en el año 2000, nutrió la vanguardia universitaria en el proceso de renovación. Su idea de que “la arquitectura es un acto social por excelencia”, inspiró no solamente a su facultad sino en todos los espacios del movimiento renovador.

Ciertamente la renovación universitaria de 1968-1969, representa el movimiento más inspirador de América Latina. Los debates realizados fueron de lo más avanzado del momento y de la historia universitaria venezolana, al punto de que se ventilaron ideas programáticas para el país, su desarrollo y perspectivas. De cómo colocar la ciencia, el conocimiento y la cultura universitaria a su servicio.

Sin embargo, por aquello de que las relaciones capitalistas de producción, de su estructura económica, van a determinar que la autonomía forme parte de la superestructura jurídico política dominante del orden burgués, el movimiento renovador fue asumido como un peligro que debía ser cercenado. Más que eso, se silenció. La universidad, nuevamente, se encaminó, luego de la acción militar, a servir de base de la democracia burguesa representativa, en la cual imperó una relativa alternancia política como forma de legitimación de la explotación del trabajo, hasta entrar en una crisis terminal que encuentra en los eventos del 27 de febrero de 1989 su expresión más emblemática.

En el entendido de que toda superestructura encuentra su razón de ser en tanto permite afianzar el carácter dominante de la ideología de la clase dominante, la autonomía universitaria encuentra limitaciones en su realización en el marco del orden capitalista. Valga el caso, principal y fundamentalmente del desarrollo de las ciencias naturales enfrentada a la apologética burguesa, y las manifestaciones culturales entendidas como la contracultura enfrentada a las expresiones dominantes de su expresión burguesa. Aunque, como hemos indicado, no toda la producción científica en los otros campos de las ciencias naturales encuentra posibilidades de desarrollo, limitada y orientada por las orientaciones del capital.

Las instituciones burguesas, como las de cualquier Estado, están al servicio de las relaciones de producción imperantes, a la estructura económica que dimana de ellas. Por supuesto, de ello no escapa la universidad burguesa así como la Autonomía Universitaria. No obstante, ellas resumen una condición controversial, contradictoria. Así como lo encierran otros principios de la democracia burguesa como forma de dominación por excelencia del orden capitalista. Los comunistas, perspectiva del autor de estas letras, defendemos el principio de libertad de prensa ubicados en su carácter contradictorio, a saber, sirve para legitimar el orden de explotación del hombre por el hombre bajo el principio de la igualdad entre hombres desiguales. Pero de igual forma, cuando la realizamos desde la perspectiva revolucionaria, sirve para desenmascarar la naturaleza de lo establecido, así como para educar a los trabajadores y a los oprimidos. Así también levantamos la bandera de la defensa de la autonomía bajo esta misma perspectiva. La búsqueda de la verdad en cualquier campo, fuerza a la elevación de la conciencia, al dominio de las leyes que rigen la materia, una de cuyas formas de expresión es la sociedad. El dominio de esas leyes tanto de la naturaleza como de la sociedad conduce al camino de la transformación. Ese principio es revolucionario.

La autonomía en Venezuela, las ideas dominantes y perspectivas.

Como hemos indicado, la Autonomía Universitaria supone un principio que se desprende de cuestiones objetivas y subjetivas; de la estructura y de la superestructura. Está ligada al desarrollo de las fuerzas productivas pero, a su vez, deriva en un principio de la democracia burguesa. Específicamente de la democracia burguesa de los países bajo la influencia de ese cristianismo apostólico y romano, resultado en nuestro caso, de Latinoamérica, de la colonización española y portuguesa. La escolástica cristiana echa bases que fundan esta institución para liberar, en términos relativos, tendencias que, de no ser atendidas positivamente, podrían convertirse en un freno mayor al alcanzado durante el oscurantismo. Lo que pudo poner en peligro el orden establecido cuyo eje era precisamente la iglesia.

Por ello, en Venezuela, más en general, en América Latina, la autonomía ha tenido una realización desde esa perspectiva. Cierto que impera el principio de la libertad de pensamiento, junto a las ideas de la democracia burguesa. Lo que no supone que su realización haya contado ni con una dimensión plena, ni que haya servido para una liberación de las fuerzas productivas en correspondencia con las potencialidades. Pesa la condición dependiente y semicolonial de los países latinoamericanos, bajo el dominio de la oligarquía financiera. Es de suponerse que es en los países en los cuales las posibilidades de desarrollo industrial han sido más claras, donde esto se ha expresado de mejor manera. No es gratuito, que el Manifiesto de Córdoba, Argentina, haya tenido como epicentro la economía de mayores perspectivas industriales en toda Latinoamérica para ese entonces. Llegó a ser Argentina la octava potencia económica mundial para ese período.

Mientras, la autonomía y la institución universitaria en Venezuela han estado circunscritas, históricamente hablando, principalmente a las libertades políticas y a la reproducción de fuerza de trabajo con la calificación que demanda un aparato productivo cuyo desarrollo lo determina la división internacional del trabajo y las necesidades de la oligarquía financiera. Así, profesiones diversas al servicio de la acumulación capitalista en condiciones de semicoloniaje se reproducen en la universidad venezolana con las limitaciones que ello supone. Abogados, economistas, administradores, médicos, entre otras, son las profesiones que van a nutrir el aparato de estado. La empresa capitalista, la red de salubridad y educativa que permite la reproducción de fuerza de trabajo barata y de determinada calificación, son los demandantes básicos. Así, nuestra condición de país dependiente y semicolonial, con gobiernos que nada o muy poco han contribuido con la liberación de las fuerzas productivas en el marco del proyecto antinacional que propician, ha limitado la universidad a estos aspectos. La autonomía no se ha convertido en un medio que permita desarrollos importantes en materia científico tecnológica. Por su parte, el desarrollo del pensamiento en el campo de las ciencias sociales, en las últimas décadas, desde la renovación hacia acá, ha sido incapaz de plasmar una crítica lo suficientemente rigurosa de nuestro desarrollo histórico y de brindar una alternativa nacional y popular. Lo cual no significa que no se hayan producido realizaciones importantes en estos aspectos desde una perspectiva revolucionaria y popular, sólo que su eco apenas ha servido a un pequeño sector de la academia. Tal el caso de aportes como en su oportunidad dejaron Salvador de La Plaza, Rodolfo Quintero, Raúl Domínguez, Carlos Raúl Villanueva, entre otros. De igual manera en otros campos de la ciencia y la cultura, siempre han destacado valiosos intelectuales que se han abierto paso a la limitación que encierra lo afirmado líneas atrás.

Estas consideraciones se articulan y heredan los efectos de la represión contra el movimiento estudiantil y universitario durante la década de los sesenta cuyo punto más emblemático lo constituyó el allanamiento de la Universidad Central de Venezuela y de otras universidades autónomas del país. La violación de la autonomía y su cercenamiento transitorio, condujo a una nueva Ley que limitó aspectos formales de cierta significación. Por su parte, el elemento esencial de la autonomía como medio que garantiza el libérrimo encuentro de las distintas corrientes del pensamiento, en el marco del desarrollo de las fuerzas productivas materiales, siempre ha estado limitada por la naturaleza política del Estado venezolano. Ese continuo ha estado presente desde que se establece el régimen autonómico con las leyes de universidades del período bipartidista y del régimen chavista.

De resto, sobre todo en estas tres últimas décadas, esta institución ha servido, fundamental y principalmente, para defender una libertad fundamental para el pensamiento crítico, para su libre expresión. Hay libertad de cátedra y democracia universitaria. Eso es una cosa muy buena.

Sin embargo, es justo señalar que ello se ha dado en el marco de la hegemonía de las ideas dominantes de la oligarquía financiera. Si no, veamos cómo se han propagado y afianzado tesis que, aparte de servir de soporte de la política del gran capital, han sido usadas como base para que el revisionismo chavista encuentre argumentos para denunciar el carácter reaccionario de las universidades autónomas, desde la perspectiva del “socialismo” que impulsa el régimen, lo que facilita el engaño, toda vez que sí es cierta la presencia y hegemonía de las ideas reaccionarias en las universidades autónomas. De ello han derivado cambios de contenidos programáticos en los cuales se eleva a dogma las tesis del posmodernismo, la globalización y el neoliberalismo. Los nuevos tiempos pudiesen permitir al menos bajar del altar de los dogmas estas teorías, ya que desde Inglaterra y Estados Unidos, principalmente, comienzan a soplar vientos de recreación de las supuestas antítesis del liberalismo. El proteccionismo parece venir para quedarse un tiempo. Derruidos los dogmas de la economía, se caerán estrepitosamente sus bases filosóficas, sociológicas y morales, buscando dejar intactas las relaciones sociales de producción. Es que la crisis capitalista bien puede alcanzar tal profundidad que puede poner en peligro a toda la humanidad.

La apologética prooligárquica ha aprovechado esta circunstancia imperante durante décadas, para colocar al marxismo como una teoría absolutamente folklórica e irrealizable, por decir lo menos, mientras, avanzó la metafísica de marras. La universidad perdió el espíritu crítico. En las circunstancias chavistas se comporta en forma similar a como lo hace la sumatoria de factores políticos que adversan al régimen dictatorial. Luchan por su derrocamiento pero sin propuesta alguna para reconstruir el país desde una perspectiva progresista y de desarrollo.

Se trata de un fenómeno similar al que se presentó con los medios de comunicación, al menos de los que en su oportunidad fueron los más emblemáticos a favor de la oposición venezolana, que terminaron formando parte constitutiva de la estrategia chavista aun sin saberlo, antes que el chavismo les echara mano. Para el chavismo, en particular para Chávez, los medios le facilitaron la estafa cuando, al ser acusado de revolucionario, socialista o comunista, se entronizó en la conciencia de amplios sectores buena parte del discurso que sirve para la impostura. Ello es el producto de la naturaleza de clase y del imperio de las posiciones más reaccionarias del momento histórico cuyo fundamento es la apologética que afianza la estrategia del capital hegemónico.

Así, esta circunstancia, el afianzamiento de las ideas liberales y reaccionarias dentro de las universidades, se ha convertido en un flanco que ha sido relativamente aprovechado por el chavismo contra las universidades. Han logrado combinar el discurso “progresista y revolucionario” con la postura represiva, “justificada” por el argumento según el cual las universidades son centros de la reacción.

Ahora bien, atender el problema de la Autonomía Universitaria en condiciones del chavismo supone ubicar, en primera instancia, el papel del revisionismo como sustento principal del régimen para legitimar una forma de dominación a favor de la oligarquía financiera. Aun cuando ya se presentan claros rasgos de agotamiento del revisionismo chavista, socialismo sólo de palabra, podemos afirmar que ya comienza a caducar. Fue muy eficaz para afianzar al régimen en vida de Chávez. Buena parte de la sociedad lo apoyó. En un momento dado, podemos afirmar que la mayoría de los venezolanos apoyó a Chávez. Aunque ese porcentaje ha ido mermando al punto de que ya es clara minoría. Pero, en su oportunidad, un grueso sector de los pobres, trabajadores y campesinos apoyó a Chávez. E incluso, buena parte de la sociedad se identificó y se identifica aún con el discurso socialista. Es más, una de las cuestiones que viene afianzándose es que la mayoría de los venezolanos se identifica con el socialismo, independientemente de que no logran ubicar la conceptuación de esa categoría. Ahora bien, la excepción han sido las universidades autónomas, buena parte de las experimentales, así como las privadas, en las cuales lo que se ha reproducido es un rechazo de significación al régimen, mientras se afianzan las posiciones liberales por decir menos.

Son muchas las determinaciones de esta circunstancia, apenas queremos centrarnos en una de las fundamentales y que demanda de nuestro esfuerzo, ubicando la perspectiva progresista, democrática y revolucionaria. Nos referimos al hecho de que quienes se asumen revolucionarios, socialistas o comunistas, e incluso, se inscriben dentro de una concepción avanzada de la socialdemocracia, no hemos sido un factor de orientación en este escenario, el cual ha sido presa fácil de la ideología reaccionaria, al punto de que parece haber extirpado el espíritu crítico, al menos en el campo de las ciencias sociales.

Mientras se enfrenta al régimen y su naturaleza, es de rigor reivindicar la perspectiva teórica de los comunistas, del marxismo. Siendo la universidad un espacio para la búsqueda de la verdad, es de rigor que una de las cuestiones que debe ser privilegiada en el análisis de este régimen, es la reivindicación de una óptica científica, capaz de desenmascarar su naturaleza revisionista, esto es, socialista de palabra pero al servicio de la oligarquía financiera.

Pero, a la inversa, mientras se enfrenta al régimen, lo que ha ganado espacio son las tesis de la apologética burguesa. Bajo el ropaje revisionista, el régimen chavista ha avanzado por la eficacia política de la fraseología revolucionaria nutrida precisamente por una crítica que no guarda relación con la verdad, afianza la impostura. A su vez, la apologética tradicional burguesa, para enfrentar al chavismo, dispara a dos blancos. Enfrenta al chavismo como representantes de quienes aspiran a hacerse del poder para disfrutar de una mayor porción del pastel que representa la riqueza venezolana. Y enfrenta, a su vez, el comunismo, al que sí teme, al verdadero. Aun a sabiendas de que el régimen en cuestión no es comunista. El chavismo es despotismo bajo ropaje socialista, la evidencia empírica así lo corrobora abundantemente. Pero, la ideología de quienes aspiran a obtener la administración del país y sus riquezas, le disparan al comunismo para frenar esa posibilidad real. Eso lo alimenta el chavismo que, en el caso de las universidades levanta las tesis del Che, a propósito del debate acerca de la autonomía en los primeros tiempos de la revolución cubana. A este propósito resulta emblemática la intervención de Guevara en la Universidad Central de Las Villas en Cuba, en diciembre de 1959, que pone en tela de juicio la Autonomía Universitaria y el liberalismo en condiciones de construcción del socialismo:

como hemos entrado ya en este escabroso terreno de la planificación, nadie más que el Gobierno Revolucionario que planifica el desarrollo industrial del país de una punta a la otra, tiene derecho a fijar las características y la cantidad de los técnicos que necesitará en un futuro para llenar las necesidades de esta nación, y por lo menos debe oírse al Gobierno Revolucionario cuando dice que necesita nada más que determinado número de abogados o de médicos, pero que necesita cinco mil ingenieros y 15 mil técnicos industriales de todo tipo, y hay que formarlos, hay que salir a buscarlos, porque es la garantía de nuestro desarrollo futuro. [11]

Esto no es gratuito, como sí oportunista. La Autonomía Universitaria se contextualiza en el capitalismo y representa un derecho para el ejercicio de la democracia. La búsqueda de la verdad y el desarrollo de las ciencias y el pensamiento positivo en todas las ciencias naturales es un asunto que se ve inducido en favor del capital. Las ciencias sociales, mientras tanto, se ven frenadas y adocenadas por la peligrosidad que supone su desarrollo crítico. De allí que en el capitalismo la autonomía es una condición por la que hay que luchar como emblema de la democracia.

Mientras, en el socialismo, en el proceso de revolucionarización de las fuerzas de producción con base en una función de la producción distinta, pierde vigencia la autonomía universitaria burguesa. A ello se refiere el Che en este y otros discursos acerca de la autonomía y la universidad, cuando la planificación demanda de una nueva racionalidad en el uso de los recursos. Además, en el socialismo, un principio de vida, ético y, por tanto, de la nueva superestructura, es la búsqueda de la verdad en todos los campos, incluyendo las ciencias sociales. Además, la planificación rompe con la anarquía de la producción y el desarrollo desigual sujeto a las demandas del capital privado. En el socialismo la función de la producción va pareja a la planificación centralizada.

En cualquier caso no es lo mismo este debate en una sociedad que se encamina hacia el socialismo y otra en la cual apenas es un discurso que engaña incautos. Se busca cercenar la autonomía en la Venezuela de hoy para limitar las libertades democráticas. No para construir el socialismo. No para planificar nada que no sea el cercenamiento de las libertades ciudadanas. Amén de que nada más lejos que la planificación en la economía venezolana destruida por las políticas liberales que nos han atado al carro de la suerte del capitalismo mundial y su división internacional del trabajo que nos condena a la monoproducción de la extracción petrolera y ahora minera.

Este revisionismo ramplón no para mientes en apelar a Guevara para ir abonando el terreno del “debate” constituyente que les permita crear condiciones para una mayor intervención.

La ofensiva reaccionaria en las universidades no comienza con el chavismo. Por el contrario, desde el allanamiento de 1970, en las universidades venezolanas, principalmente en las autónomas, la ideología dominante encontró el mejor de los espacios para su afianzamiento y reproducción. Los ideólogos del capital, los apologistas de toda ralea, pero principalmente quienes levantaron las ideas posmodernas, liberales y de la globalización, se convirtieron en la voz dominante. Metafísica que comienza a derruirse con el renacer del mercado interno, afianzamiento de las fronteras, proteccionismo y otras tendencias que tercamente se hacen espacio para brindarle nuevos bríos al capitalismo decadente.

Este proceso que afianzó la ideología prooligárquica en las universidades, este proceso de reaccionarización, fue el resultado de una condición objetiva de la sociedad venezolana. Para ser precisos, fue el resultado del afianzamiento del papel de nuestro país en la división internacional del trabajo. Mientras la especialización en la producción petrolera garantiza ingresos extraordinarios producto de la renta, la compra de productos de consumo masivo en el exterior, drena las superganancias obtenidas en el negocio petrolero. Tesis que encuentra asidero en una realidad en la cual la educación superior apenas sirve para reproducir una fuerza de trabajo de relativa calificación, que muchas veces no encuentra siquiera condiciones para realizarse como trabajo cuya complejidad está dada por el proceso educativo.

Así, la diversificación del aparato productivo se anula. Con ello se castran las posibilidades de diversificación del desarrollo científico tecnológico.

La defensa de la autonomía hoy como ayer es un principio a favor de la democracia

La Autonomía Universitaria está en peligro. Eso es indiscutible. No sólo se trata de la circunstancia política que supone un régimen autoritario con pretensiones totalitarias que desconoce las libertades democráticas, sino que también se trata de un régimen que viene destruyendo el aparato productivo. Parece no importarle la universidad y menos su autonomía.

Ya no se trata de la defensa de la autonomía en tanto que garantiza la libertad para expresar teorías y desarrollos políticos. El proceso de destrucción del aparato productivo es de tal grado que el conocimiento y los desarrollos científico tecnológicos, se encuentran frenados en extremo, por lo que la autonomía no encuentra contenido. Apenas un sentido inercial mantiene líneas de investigación iniciadas con ímpetu pero, muchas veces abandonadas del apoyo financiero y el estímulo moral institucional. Por lo que la autonomía no es acicate para su impulso. Más cuando buena parte de la planta profesoral además de verse afectada por las condiciones económicas, parece inclinada a migrar. Ya es importante la cantidad de docentes fuera del país. Más los que han reducido su dedicación para asumir otros oficios y así obtener mayores ingresos.

Aun así, en las actuales circunstancias, la defensa de la Autonomía Universitaria es fundamental de cara a la ofensiva antidemocrática que ha mantenido el régimen. Si no ha logrado mayores espacios es producto de la resistencia que han mantenido las universidades venezolanas dentro de la idea de que la autonomía es defensa de la libertad de pensamiento. Es, en definitiva, una institución que forma parte de las libertades democráticas conquistadas luego de décadas de luchas contra tiranías y ese espíritu subversivo y crítico heredado del oscurantismo. La defensa de la autonomía, por tanto, forma parte de la plataforma política de los sectores democráticos y progresistas en su sentido político, y de quienes aman la cultura y el saber positivo. Además, la defensa de la autonomía es la defensa de la posibilidad de pensar por un mundo mejor.

Estas consideraciones motivan, desde una perspectiva progresista, no sólo a la resistencia a la tendencia autoritaria, sino también a la lucha por una perspectiva democrática y de contenido nacional. Esto es, fuerzan a la necesidad de levantar, desde las universidades, un proyecto de país que de verdad garantice la liberación de las fuerzas productivas; de un proyecto que conduzca a la independencia nacional con base en la revolución industrial, sin  que ello suponga atravesar por las calamidades que históricamente han creado estos procesos liberadores de fuerzas productivas materiales. En tal sentido resuenan las palabras del maestro Núñez Tenorio cuando afirma que:[12]

…el papel fundamental de la universidad es no solo enseñar a la joven generación venezolana los aspectos humanísticos, científicos y tecnológicos aportados por otras latitudes, sino contribuir ideológicamente a forjar una conciencia crítica sobre la realidad nacional, desprovista de todo dogmatismo y abierta siempre al análisis y la discusión. La universidad tiene el compromiso de velar por la legitimación de nuestra herencia cultural y el progreso de los valores contemporáneos positivos que integran la nacionalidad. Como factor decisivo en la difusión y creación del saber, la universidad tiene que proyectar una concepción científica del mundo y del hombre, como incremento del patrimonio cultural venezolano.

Las circunstancias políticas, han estado signadas, entre otras cosas, por las falencias de una oposición que ha sido incapaz de levantar un proyecto de país alternativo frente a lo establecido. Las universidades, en este sentido, también han estado rezagadas. De allí que antes que nada debemos pensar un país donde se haga valer el concepto de autonomía antes descrito, pero de mayor contenido hasta poder legitimar ideas de transformación revolucionaria, si de verdad queremos hacer valer tanto la ciencia social como la perspectiva que brinda para el desarrollo histórico. Esto es, reivindicar la tesis según la cual el capitalismo no es un orden natural inmodificable, por el contrario es un régimen más de producción que dará paso indefectiblemente a un nuevo orden social basado en la solidaridad. Asimismo, la universidad venezolana debe reivindicarse como el centro principal para el afianzamiento de la cultura nacional sustentado en la ética que demanda la transformación social, esto es, la ética en la cual se colocan los intereses supremos por encima de los particulares, sin que ello suponga un freno a la realización personal.

Se trata de un proyecto político uno de cuyos componentes debe ser la autonomía universitaria en su sentido filosófico y en su sentido histórico y político. Esto es, la autonomía en términos de su realización en tanto hay producción de conocimiento científico en todas las áreas de la ciencia, así como de la creación artística, cultural y humanística. Lo que debe corresponder con el afianzamiento de la identidad cultural que demanda el desarrollo nacional. Supone, por tanto, la implantación de una nueva ideología dominante, de carácter nacional y popular. Ello es lo que a fin de cuentas permitirá la elusión de la contradicción presente en la universidad burguesa toda vez que, al ser dominante una ética en la cual se privilegia el desarrollo de la industria productora de bienes que satisfagan las necesidades de la gente, de la producción de máquinas para incrementar la productividad del trabajo y así poder destinar fuerzas productivas a nuevas ramas, se profundiza en la investigación en áreas del conocimiento fundamentales para la innovación y desarrollo científico tecnológico. Pero de igual manera se recreará la cultura en aras de afianzar patrones de consumo en consonancia con nuestra condición independiente y soberana.

Bibliografía

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https://lanaveva.wordpress.com/2009/12/29/hipatia-y-cirilo-de-alejandria/. 29 de diciembre de 2009.

[1] https://lanaveva.wordpress.com/2009/12/29/hipatia-y-cirilo-de-alejandria/. 29 de diciembre de 2009.

[2] Iyanga Pendi, Augusto. Historia de la universidad europea. Universidad de Valencia. Martín Impresores S. L., Valencia España. 2002. Pg. 13.

[3] https://gabynavarro.wordpress.com/2011/02/06/origen-de-las-universidades/. 6 de febrero de 2011

[4] Ibídem.

[5] Iyanga Pendi, Augusto. Op. cit. Pg. 36.

[6] www.uned.ac.cr/academica/images/igesca/materiales/documentos/G-P-Rocha.pdf. 2009.

[7] Marx, Carlos, Federico Engels. La ideología alemana. Ediciones Grijalbo. Barcelona. 1974. Pg. 50-51.

[8] http://divergences.be/spip.php?article998. 1995.

[9] González Deluca, María Elena, La UCV y la autonomía, entre la toma estudiantil y la toma militar, UCV Autónoma. Ediciones del rectorado. Universidad Central de Venezuela. Caracas. 2008. Pg. 89.

[10] Ibídem. Pg. 86.

[11] Guevara, Ernesto Che. Escritos y discursos, tomo 4, Editorial de ciencias sociales, la Habana. 1977. Pg. 48)

[12]Núñez Tenorio, José Rafael, Política, cultura y universidad, Nueva Sociedad, Nro. 58 enero-febrero, 1982, PP. 15-23.

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