La mayoría de los venezolanos estamos claros en que seguimos en presencia de una dictadura, a pesar de haberse evidenciado por un instante que no todos los instrumentos de la orquesta de los poderes públicos del Estado están tocando al mismo son del régimen. Se dejan ver contradicciones en el oficialismo que en oportunidades Nicolás Maduro no puede ocultar, por lo que la tan cacareada unidad del oficialismo no parece tal, aunque tengan la capacidad de reacomodarse estratégicamente para sostener a duras penas “el poder”, pero la “superación de impases” no cierra fisuras ni contradicciones a lo interno del PSUV.

Es importante no perder eso de vista, porque los venezolanos debemos mantener la expectativa de un cambio, e impulsarlo con nuestras propias fuerzas, con la capacidad de poder derrotar a la dictadura en el escenario de una rebelión democrática. Debemos incrementar la confianza en nosotros, en el pueblo que cada día suma y acumula mayor indignación ante las condiciones de crisis a las que nos han sometido, producto de las políticas del Gobierno y no de otra cosa. Solo así, incrementando la confianza en nosotros mismos, se derrumban los muros de contención de las luchas.

Estos muros no solo son escudos y armas del gorilato que protege al régimen, o de los grupos colectivos pagados para amedrentar; muro de contención es también que no hayamos trascendido el liderazgo mediático opositor, que no está objetivamente interesado en el levantamiento del pueblo contra el Gobierno para derrocarlo y sustituirlo, que se distrae en otras cosas menos relevantes y que le da más tiempo a Maduro en el poder.

La rebelión democrática es un hecho que ha tenido oportunidades de trascender y tener avances en la lucha, evidenciado en el arrojo que ha demostrado el pueblo en varias convocatorias de calle. Pero ese mismo pueblo sigue perplejo ante la única referencia mediática del liderazgo opositor, cuyas voces incitan supuestos extremismos y apagan fuego al mismo tiempo haciendo retórica de un discurso que compite con más de lo mismo, nos encasilla en una eterna espera por la supuesta “vía democrática, pacífica y electoral”, que pareciera ser más una camisa de fuerza para las luchas contra este régimen dictatorial.

El éxito no puede seguir reservado para las mafias, para los corruptos y los grupos de poder que solo buscan sus beneficios particulares, el éxito debe ser para quienes aspiran un cambio político y el impulso del progreso del país, el éxito debe estar reservado para la gente buena y no por un decreto mágico o del destino, sino porque, en primer lugar, somos mayoría, y tenemos la capacidad y el convencimiento de querer labrar un mejor futuro, sembrando las esperanzas en nuestro país; porque esa aspiración de una mejor vida llena de oportunidades para progresar con el esfuerzo propio, no lo ha perdido el venezolano. Eso genera una fuerza de voluntad indestructible para el cambio.

Hemos aprendido de lo malo y de lo que no debemos volver a permitir. El poder civil y democrático debe llevar el control y las riendas de la política del país, ante una fracasada historia de la peor alianza cívico militar que hayamos tenido, por tanto, volver a pretender dejar en manos de los militares el poder de decidir el destino del país, de si esta dictadura cae o continúa, es lo más erróneo que podemos hacer. Además, tengamos claro que la mayoría se siente más cómoda en el sector de los “enchufados”.

“Esperar a ver qué pasa” no es una opción, porque las mafias continúan en el poder, maniobrando para no resquebrajarse por sí mismos y nuestra vida sigue transcurriendo en medio de una calamidad, de una crisis y de problemas que interrumpen todos los días la cotidianidad y nuestros proyectos de vida. Nadie debe resignarse a la desesperanza, en pensar que todo lo que hemos hecho haya fracasado o haya sido empujado a fracasar, en creer que el Gobierno hace lo que le da la gana y no pasa nada, en que no hay un líder mediático con guáramos, o que no es posible sacar a un dictador guapo y apoyado del poder; no perdamos el tiempo en esos análisis que nos deprimen, cada uno de nosotros está llamado a ser un ciudadano arrojado y combatiente contra este Gobierno dictatorial, desde todos los espacios posibles.

Ahora bien, para luchar no debe haber una edad límite, no debe haber ninguna ocupación laboral o de estudios que nos impida, no debe haber miedo que nos invada, todos debemos dedicar un tiempo y espacio de nuestras vidas para luchar, por un proyecto común que es sacar a los mafiosos del poder y reconstruir el país, y eso es desde ya. Hay que aprender a ser subversivos y organizarnos contra el Gobierno desde una cola, haciendo mercado, en un salón de clases, en la casa del vecino, en el metro, en el transporte público, en una sala de espera, en un estadio, en el teatro, en cualquier reunión, en las asambleas, en el trabajo, con la familia, en los grupos de amigos, en cualquier parte donde hagamos vida, animando cualquier protesta posible, y que nos acusen de traidores a la patria, de pitiyanquis, de lo que sea, eso es más de lo mismo, sabemos que nos duele nuestro país y no lo vamos a entregar a nadie como sí lo han hecho ellos, hipotecando nuestra soberanía.

No estamos solos. Contamos con una mayoría de venezolanos que no quiere a este Gobierno, pero que no sabe qué hacer, convirtámosnos entonces cada uno en un líder, con habilidades distintas, y decretemos acabar con esta dictadura. Que el pueblo confíe en sí pueblo mismo.

#AbajoLaDictadura

#AhoraLeTocaAlPueblo

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