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Se ha consumado la usurpación. La dictadura está desnuda. No queda espacio para las interpretaciones. No hay discurso alguno que oculte tamaña arbitrariedad. La camarilla gobernante decidió desconocer cualquier formalidad legal o constitucional y se dispone a usar la fuerza bruta para dar continuidad a su política de destrucción, atraso, miseria y empobrecimiento, de represión y cercenamiento de las libertades y derechos democráticos, además de seguir entregando nuestra soberanía a cambio del interesado apoyo de algunas potencias imperialistas.

La ilícita ocupación de la Presidencia de la República realizada ayer jueves 10 de enero —contraviniendo abiertamente la Constitución y las leyes venezolanas—, deja claro que la dictadura decretó el cierre de todos los caminos legales y pacíficos para una salida o solución a la crisis general que vive nuestra sociedad, nuestra nación.

No hay término medio. Esta afrenta ignominiosa es el último reto lanzado a nuestro pueblo, pues lo insta a tomar una clara posición en esta disyuntiva: o bajamos la cerviz y aceptamos este gobierno de facto, o nos rebelamos y derrocamos la dictadura impuesta. Quienes ofrecen terceras vías, conciliación o mediación indudablemente llevan oxígeno a este moribundo y oprobioso régimen.

La Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (CRBV) es el principal punto de encuentro de las fuerzas que enfrentamos al usurpador de Miraflores. Ella es nuestra más importante arma para el combate venidero. Invocar sus artículos 333 y 350 nos obliga a todos los ciudadanos, “investidos o no de autoridad”, a dar apoyo y colaborar en el restablecimiento de su vigencia, y nos exhorta a desconocer “cualquier  régimen, legislación o autoridad que contraríe los valores, principios y garantías democráticas o menoscabe los derechos humanos”. Entonces, rebelarnos frente a la dictadura de Maduro y buscar su derrocamiento no es solo un derecho, sino también un deber constitucional de cada venezolano.

Si bien las rebeliones democráticas y populares, por lo común, no son evento de un día, es de primordial y primera importancia ser consecuentes y perseverantes con la determinación de enfilar todas las fuerzas y voluntades hacia el derrocamiento del gobierno de facto. Mientras más pronto desplacemos el régimen dictatorial, mejor podremos encarar la necesaria reconstrucción posterior y, en definitiva, menos sufrimiento significará para el pueblo. Aunque tendremos que desplegar, con mucho acierto y tino, la valentía, abnegación y disposición de quienes luchamos por el cambio en primera fila.

La estrategia

Una estrategia victoriosa de las fuerzas democráticas debe contemplar la utilización de múltiples y variadas formas de lucha, desde las espontáneas y cotidianas por los derechos más básicos de subsistencia —agua, alimentos, medicinas, luz, gas, transporte, vialidad, servicios públicos—, hasta las promovidas por sectores institucionales que contribuirían a acelerar el desenlace, pasando por las luchas de los sectores sindicales, profesionales y gremiales en el uso de su derecho a huelga y por las de las comunidades y vecinos por el derecho a una vida digna.

Para garantizar el triunfo frente a la dictadura es fundamental e imprescindible el establecimiento de una muy amplia alianza y unidad de los factores opositores, que a la vez tenga un profundo espíritu social, donde los distintos sectores vean representadas sus exigencias y reivindicaciones y refuercen su compromiso tanto con la lucha como con la reconstrucción. Esta conjunción de voluntades exige una dirección política unificada, eficaz e integradora de las distintas luchas, actores y parcialidades para que converjan o confluyan hacia el objetivo común de derrocar el régimen dictatorial.

Todos, absolutamente todos —desde el ciudadano común hasta los miembros de la FAN, pasando por la importante acción de la Asamblea Nacional, las organizaciones partidistas, sindicales, gremiales, comunitarias y estudiantiles, y dando un justo valor a la solidaridad internacional—, tenemos un rol que jugar en esta lucha libertaria. El factor fundamental para lograr el cambio es el pueblo venezolano y por ello debemos, como reiteradamente lo hemos dicho, confiar en nuestras propias fuerzas sin desdeñar en absoluto los apoyos y colaboraciones provenientes de sectores, instituciones y países democráticos. A los que portan las armas de la República debemos recordarles, como lo dice el artículo 328 de la CRBV, que están “al servicio exclusivo de la nación y en ningún caso al de persona o parcialidad política alguna”. La historia los recordará y les reclamará la actuación que tengan en estas horas oscuras de nuestra patria.

No podemos cometer el mismo error

Alertamos nuevamente sobre un error antes cometido por los sectores opositores: el fetichismo constitucional o jurídico. Pretender que con una decisión de la Asamblea Nacional se resuelve el problema del poder es negarse a comprender que el derecho es nada sin una fuerza que lo haga valer, como ha quedado evidenciado en todas las decisiones anuladas por el tsj de Maduro en franca violación de la norma constitucional, o en la usurpación de funciones o en la creación de organismos paralelos. El poder no se toma por partes. Estamos obligados a conquistarlo completo y a construirlo.

Estamos frente a los convulsionados estertores de un régimen moribundo que, luego de estafar al pueblo por casi dos décadas, piensa que puede seguir gobernando de facto, sin apego a la ley ni a la Constitución impulsada por ellos mismos. Creen que con tracalerías, represión, chantaje y amedrentamiento podrán derrotar esta gesta patriótica y popular de resistencia. Ya en el mundo han quedado desenmascarados como lo que son: un Gobierno de mafias que ha utilizado un falso discurso de avanzada social para encubrir sus negociados y su corrupción, que es capaz de entregar las principales riquezas nacionales a las potencias imperialistas con tal de permanecer en el poder, que no tienen miramientos para corromper la institución militar y, a la vez, armar y financiar bandas paramilitares, creando con ello el caldo de cultivo para que en el país se produzca una guerra civil.

Salvar a Venezuela

La Unidad Popular y Democrática que hoy se forja y consolida como alternativa frente a este podrido régimen dictatorial también se tiene que armar de propuestas programáticas para enfrentar la reconstrucción del país, privilegiando lo popular y lo nacional, dejando a un lado las diferencias de partido, ideología o credo. Es vital establecer un proyecto cuyo aliento tenga carácter soberano, popular, de desarrollo independiente y de amplia apertura para la participación de las mayorías. Nos urge enfrentar la ruina a que han llevado nuestro país y para ello debemos promover un acuerdo social que permita que trabajadores, empresarios y gobierno mancomunen esfuerzos por el bienestar y progreso del pueblo todo. Hecho en Venezuela debe volver a ser la insignia para el progreso, el desarrollo y la justicia social.

Reclamamos que el protagonismo popular y el poder de base de la sociedad sean la base para resolver la crisis política y para edificar —a través de asambleas de ciudadanos, asambleas populares y organizaciones autónomas de trabajadores, estudiantes, profesionales, pobladores, etc.— una democracia más avanzada que, además de rescatar el derecho al voto universal, directo y secreto, establezca como norma la consulta amplia y permanente sobre las decisiones trascendentales que habrá de tomar la República.

La violenta arbitrariedad cometida contra los venezolanos este 10 de enero nos obliga a sacar con ímpetu nuestros mejores esfuerzos. La rebelión democrática que invocamos significa activar todos los mecanismos de resistencia para enfrentar la anulación de los postulados democráticos más elementales en nuestro país. Se trata de levantar nuestra fibra histórica para salir de esta catástrofe y así retomar un camino de progreso y desarrollo, en el marco del respeto a los derechos humanos y las libertades públicas, y con un cabal compromiso con nuestra soberanía y nuestra independencia.

    ¡Abajo la dictadura!   

¡Desechar las ilusiones y prepararnos para la lucha!

Frente a la usurpación: #RebeliónYReconstrucción

 

Dirección Nacional

Bandera Roja (resistencia)

11 de enero de 2019

2 Comentarios

  1. Comparto plenamente todo el contenido de esta exhortación, en especial el énfasis en que deben prevalecer los intereses de la Nación y del todo social, la genuina UNIDAD, por encima de planes y proyectos individuales, grupales, partidistas. Los factores esenciales sobre los cuales se debe apoyar la lucha opositora, son los Poderes Legítimos (la AN electa en diciembre 2015, el TSJ designado por esa AN, actualmente en el exterior para evitar el muy probable encarcelamiento por parte de la arbitraria dictadura castrochavista, la condición innegable de MAYORÍA, que ostenta el sector Opositor, con más del 80% de respaldo popular, a su vez reforzado por el desconocimiento al régimen castrochavistamadurista por parte de la también MAYORÍA de la comunidad internacional (lo cual fue evidente en la escuálida y poco importante representación de otros gobiernos en la pantomima que escenificaron ayer 10 de enero del 2019 en la sede del ilegítimo e ímprobo TSJ). Implosionó el poderoso imperio de la URSS, no va a terminar de caer esta ineficaz y corrupta marioneta del parasitismo cubano? Unidad y Estrategia eficaz, para desplazar a esta dictadura: https://www.analitica.com/opinion/las-prioridades-pendientes-de-la-asamblea-nacional/

  2. Estoy completamente de Acuerdo con todo el contenido expresado y le doy mi voto de aprobación, Como también me pongo a la orden para luchar y defender nuestros derechos como ciudadano de este glorioso país mi Venezuela

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