La dictadura sigue trabajando en el deterioro progresivo de la universidad. Ve en ella un espacio donde accionar para continuar en el poder. Así, progresivamente, ha ido minándola, dejándola en un crítico estado de vulnerabilidad. No cesan sus iniciativas para menguarla.

Con la sentencia 0324, buscan obligar unas elecciones rectorales con base en una interpretación que desconoce la Constitución, en su definición sobre la comunidad universitaria. Luego, con el nuevo fallo 0047, el TSJ suspende la medida cautelar, justificándose en la misma voluntad que desconoció en el año 2012 pero manteniendo con efecto su reglamento. Las designaciones ilegales de rectores también han sido otro de los mecanismos de vulneración a la Universidad.

La dictadura ha jugado al desgaste de las autoridades. También al de profesores, estudiantes, empleados y obreros, que siguen desertando ante condiciones de salarios de hambre y servicios inhumanos.

Pero la pérdida de la autonomía, de su espíritu académico y crítico, también ha sido responsabilidad de la propia institución. De existir un compromiso genuino con su misión de la Universidad, se hubiese apelado a la consulta en las bases, en lugar de la negociación a puerta cerrada del reglamento electoral. A eso han contribuido las corrientes ideológicas y políticas reaccionarias que son hegemónicas luego de la renovación. Van cambiando el espíritu y la conciencia del combate, por ideas que justifican la obtención de beneficios indebidos, como si fuesen privilegios naturales que deben fijarse quienes dirigen la institución o sus gremios. La honestidad que acompaña al apostolado académico se ha desdibujado.

Es dolorosamente una época oscura para la universidad. Sin embargo, son tiempos propicios para que la luz ilumine sus sombras. Para hacer del enfrentamiento a la dictadura un proceso de recuperación profunda.

Deben renovarse las autoridades y representaciones vencidas por otras de mayor probidad. Y ello debe hacerse en un proceso en el que las postulaciones se den con base en el mérito y carrera académica. Solo estorban a la universidad aquellas candidaturas que se perfilan para continuar con la corrupción interna. La universidad no es un porcentaje de representación electoral que garantice resultados para obtener o preservar cuotas de poder. Es un espíritu y una conciencia para la búsqueda de la verdad. Es por ello que dirigentes y candidatos deben dar el ejemplo y renovar sus compromisos con la institución y los gremios. Asumir la dirección política de la universidad para reivindicar sus derechos y guiarla hacia una transformación profunda de los principios y valores éticos de la comunidad. Ese debe ser también el espíritu que reine en las elecciones de egresados a celebrarse el próximo 13 de abril. Así, estaremos en condiciones de inscribir la incorporación del voto de empleados y obreros en una política universitaria de enfrentamiento a la dictadura. De lograrlo, se pudieran discutir nuevas formas de selección de autoridades universitarias.

La Universidad necesita que se rescate el espíritu de la Autonomía Universitaria, el de la búsqueda de la verdad y la creación de conocimiento, lo que debe conducir a la recuperación de espacios institucionales para el debate de las ideas. Aunque hasta la fecha, y en el marco de esta crisis que arropa a la universidad, no se ha planteado el llamado a instancias como el Claustro Universitario, máximo espacio de democracia de la comunidad académica, hoy es una necesidad incluso institucional. Debe rescatarse y abrirse a la discusión de normas y reglas electorales, así como de la gestión y administración de la Universidad.

Los tiempos son para reivindicar el espíritu de la renovación, aquella de 1968/69 que se enfrentó con valentía y determinación a la decisión de un Gobierno de mitigar la capacidad creadora, intelectual y científica de la Universidad, hasta convertirla en un centro para la transformación y la búsqueda de la verdad en todas las ciencias, reivindicando lo más positivo de la cultura. Iniciar un debate para actualizar y renovar la universidad en sus aspectos sustanciales, en su carácter científico y democrático. Discutir su condición para la reconstrucción nacional, el contenido de su autonomía y los términos en los cuales resulta pertinente su democracia, de cara a las necesidades que tiene el país de desarrollar y diversificar sus fuerzas productivas. Es necesario que se propicie el debate acerca del rescate para la defensa de la universidad pública, autónoma y popular.

Es la renovación del espíritu autónomo lo que permitirá una nueva época en la cual ésta se convierta nuevamente en un centro para el pensamiento científico en el que haya espacio para la crítica. En el que la ciencia brinde los elementos y muestre los caminos para producir un cambio transformador y radical, para que la Universidad se constituya en un centro de conocimiento al servicio de Venezuela y de su pueblo; para hacer de la docencia, la investigación y  la extensión, las labores con las más sublimes realizaciones en este espacio de la cultura universal; con estudiantes convencidos de su papel como actores necesarios para el desarrollo nacional y defensores indiscutibles de la Autonomía Universitaria y la Soberanía Nacional.

¡Defendamos la universidad frente a la dictadura, en un proceso para renovar su espíritu autonómico!

Comité Político Local UCV

Bandera Roja

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