Vistos los últimos acontecimientos en Venezuela, las confusiones y/o debates sobre la estrategia política, el nuevo intento de negociación con la mediación de Noruega y las demandas de la mayoría popular sobre la urgente salida de la dictadura, Bandera Roja se dirige al país planteando lo siguiente:

  1. El régimen dictatorial está en fase agónica. Mediante la elevación de la represión y del terrorismo de Estado pretende mostrar que gobierna. Las fisuras, grietas y disensiones en el bloque de las mafias gobernantes son muy profundas, e incluso sectores que se reclaman “chavistas” pasan de la crítica interna o pública a disponerse a enfrentar abiertamente al régimen madurista. Existe una fragmentación del Estado y un abandono hacia entes privados de espacios de absoluta competencia de aquél. En lo interno, a la dictadura solo la sostiene el corrompido alto mando militar, con una postura que en nada representa el sentir de la mayoría del personal de esa institución. La acción del 30 de abril y los centenares de militares rebelados, encarcelados o enjuiciados, perseguidos o enviados sin funciones a sus casas, describen bien la situación de descomposición dentro de la FAN y no dudamos que el descontento o el “ensordecedor silencio” de la desobediencia siguen creciendo y es una reserva considerable en las acciones finales para el cese de la usurpación.

  2. La crisis social y humanitaria alcanza grados que la aproximan a una hecatombe. El país está en un completo caos y la población sobrevive a duras penas, pues está lejos de cubrir los mínimos requerimientos alimentarios, sufriendo una hambruna que crece sin cesar. La pulverización del salario, la práctica desaparición del trabajo productivo, la destrucción de los sistemas de educación y salud, la brutal caída de todos los servicios públicos vitales (agua, electricidad, gas doméstico, transporte, gasolina, comunicaciones y vialidad), el gigantesco retroceso de la producción nacional hacen insoportable e insostenible el actual estado de cosas. Los distintos sectores sociales que impulsan luchas reivindicativas están, en su mayoría, conscientes y claros de que no habrá solución ni siquiera paliativos si sigue en el poder Maduro y su camarilla. Sin embargo, esta elevación de la conciencia política del pueblo, pese a mostrar gran disposición a activarse, no se compadece con sus niveles de organización para hacer realidad el protagonismo social en la conquista del cambio político; los avances en asambleas, cabildos, comités de ayuda y libertad, brigadas de defensa, entre otros, necesitan una aceleración para acercar los momentos de desenlace.

  3. La confrontación/acuerdo/negociación entre las potencias imperialistas es un componente importante en la lucha por el cambio político. Aunque hay países, individualidades e instituciones que, sinceramente, actúan en pro del rescate de la democracia y para mitigar la situación de penuria de la población, la pugna principal de las grandes potencias es por control de mercados, espacios de inversión, territorios y materias primas, especialmente las vinculadas con energía y con minerales indispensables para sus industrias. La presión internacional que se ha configurado contra el régimen dictatorial ha sido importante en el debilitamiento de sus bases de apoyo, pero el motor fundamental del cambio tiene que ser la lucha de los propios venezolanos expresada en diversidad de formas de acción que, apoyadas en el articulado de la Constitución, confluyan en su derrocamiento.

  4. Los deseos de que se produzca rápidamente un cambio de Gobierno alcanzan cifras cercanas al 90%. Aunque la desesperación, la angustia y la incertidumbre parecieran mostrar un retroceso de las fuerzas del cambio, lo cierto es que la falta de claridad en el discurso, en la conducción y en el establecimiento de la ruta estratégica entorpece la participación masiva que repetidamente se ha expresado en gigantescas concentraciones y marchas desde comienzos de año, y que debe direccionarse hacia la acción concreta de cada núcleo organizativo y hacia la especificación del rol que debe jugar cada uno de ellos. La construcción de la victoria es la organización y articulación de millones de voluntades en un plan que las orqueste en el tiempo y en el espacio, y que las concrete en acciones contundentes dirigidas a derribar la actual dominación.

  5. Los errores o desaciertos en la conducción o en la realización de las actividades alrededor de la “operación libertad” han creado algo de incertidumbre y duda en el pueblo que lo llevan a tener una actitud de expectación, pero ello no ha mermado el ánimo de participar activa y protagónicamente en la lucha por acabar con la dictadura. Mejorar y centralizar las funciones de dirección y conducción del proceso emancipatorio requiere de una sincera postura unitaria, de la contención de las ansias sectarias y las ambiciones particulares, y de la búsqueda del mayor consenso social que permita que en la propuesta alternativa nos sintamos representados los diversos sectores sociales, políticos y partidistas. Además, luego del cese de la usurpación, el proceso de reconstrucción nacional va a requerir que estas cuestiones se amplíen mucho más en un sentido que ratifique que el cambio significará fortalecer una democracia de mayor profundidad con un carácter nacional y popular. De allí que las exclusiones de signo ideológico o político deben ser apartadas en beneficio de la recuperación pronta de nuestra nación como espacio para la vida, la solidaridad, el trabajo enaltecedor, el progreso, el desarrollo y la libertad.

  6. En sus estertores de moribundo, el régimen pretende ganar tiempo y seguir usufructuando de los esfuerzos de negociación y diálogo que se impulsan desde muy diversos espacios, países e instituciones en el ámbito internacional. Incluso se atreve a tentar a los sectores colaboracionistas con la “oferta” de elecciones adelantadas de la Asamblea Nacional. Tamaño dislate ya ha sido respondido con firmeza por la dirección opositora. De nuestra parte rechazamos tajantemente tal desafuero, advirtiendo que es una nueva distracción o divertimento para debilitar o desunir a la oposición. La negociación posible solo puede ser la que disminuya los traumas de una salida del usurpador y su camarilla en tiempo inminente.

  7. La organización de una Huelga Cívica Nacional o Paro Cívico Nacional es la tarea que debemos priorizar las organizaciones sindicales, gremiales, vecinales, estudiantiles, comunitarias, en fin, ciudadanas todas, como contribución a la fijación de la acción terminal que habrá de poner fin a la dictadura. Esto requiere de mucho compromiso y mucha organización, con el aderezo de la urgencia que imponen los tiempos actuales. Ante la debacle institucional que hoy agobia al país, el propio fortalecimiento de dichas instancias naturales de organización surge como un reto y un objetivo que debe manejarse con sapiencia, entendiendo las dificultades ciertas, las contradicciones y las competencias de liderazgo que hoy las embargan. Poner las diferencias a un lado y priorizar la salvación y la reconstrucción es lo que aligerará la puesta en práctica de una acción de esa envergadura.

  8. Por último, debemos acerar una vanguardia que junte la valentía y la disposición con el compromiso vital de restearnos en las acciones que exigen los tiempos de desenlace. Hay que posibilitar que surjan miles de dirigentes dispuestos a conducir las fuerzas en lucha y que rápidamente cuenten con el instrumental básico de organización y destreza en el manejo del discurso, de la agitación y de la propaganda. Es importante fortalecer una moral combativa que sepa hacer frente a las amenazas y agresiones de los cuerpos represivos, y se prepare a tener una conducta digna frente al chantaje, el terrorismo y la tortura. La elevación de la rebelión ciudadana y popular es la preparación de un levantamiento general del pueblo exigiendo sus derechos y una vida decente, que se centre en las fuerzas organizadas pero que no desdeñe en absoluto las acciones espontáneas basadas en la rabia y el descontento que esperan respuesta particular a su exigencia del momento.

  9. Pese a considerar que la fuerza principal para el cambio es la ciudadanía organizada —y a ello Bandera ha apostado desde su nacimiento como organización—, creemos que se debe fortalecer la actitud militante dentro de un partido político, como representante éste de una propuesta para la sociedad. El apartidismo y el antipartidismo le han hecho mucho daño a la democracia, pues han llevado a identificar la política solo con el individuo en detrimento de la confluencia colectiva, de la ideología, de la coincidencia programática, y en todo ello quienes salimos más perjudicados somos los pertenecientes a las clases populares, pues nos vemos desarmados para dar continuidad y proyección a nuestras luchas hacia cambios que sean trascendentales en función de lograr condiciones de vida y de trabajo mucho mejores para toda la sociedad.

  10. Para finalizar, te invitamos a incorporarte a Bandera Roja, te ofrecemos escuela para canalizar las mejores voluntades en luchas y combates que atiendan la emergencia actual y vayamos construyendo las bases de una sociedad donde priven la convivencia, la solidaridad, el espíritu comunitario, el afán de superación educativo y profesional, los deseos de contribuir con la solución de los problemas comunes, en fin, una reivindicación de la política en su sentido primigenio despojado de las perversidades y lacras que la han convertido en un sinónimo de mercenarismo, tramposería, demagogia escondida y falsedad. Necesitamos una vanguardia acerada frente a las contingencias que se anuncian y hacemos un llamado a los dirigentes políticos a prepararse anímica, política, ideológica y organizativamente para cumplir nuestro papel en las primeras filas del combate.

Resumiendo, diríamos que Venezuela “está pariendo un corazón, no puede más, se muere de dolor” y necesita que su pueblo organizado, con una vanguardia bien pertrechada, haga que la luz vuelva a los corazones de la mujer y el hombre sencillo de nuestra patria. Ya basta de tanta agresión, humillación y desdén contra nuestra gente. Alcemos nuestro grito de redención social y política y dispongámonos a hacer verdad nuestra idiosincrasia de pueblo valiente, insumiso y libertario.

¡Juntos a derrocar la dictadura!
¡Desechar las ilusiones, prepararnos para la lucha!

Bandera Roja

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