Las medidas económicas y monetarias anunciadas por Maduro el miércoles han creado dudas y temores y motivado una discusión en la ciudadanía, pues lo dicho pareciera no ser parte de una lógica para resolver los graves problemas que vive nuestro país. Urge debatir a profundidad la trascendencia y el fondo de esas decisiones para afinar una postura frente a esta maniobra del régimen y del usurpador de Miraflores.

Dentro de la situación política destaca sobremanera la respuesta que vienen dando los trabajadores con un levantamiento nacional demandando salarios reales que sean dignos y se ajusten a los mandatos constitucionales y legales, además de exigir un cese a las políticas gubernamentales que han provocado esta hambruna generalizada y erosionado de manera gigantesca la capacidad adquisitiva al promover una hiperinflación y una especulación que pulverizan cualquier ingreso familiar. Cada día se incorporan más sectores laborales a este reclamo, tanto empleados dependientes de la administración pública como asalariados de la empresa privada.

Hay, sin lugar a dudas, un levantamiento de los trabajadores venezolanos. Hay un mensaje claro que transmiten en todas partes: “No estamos dispuestos a seguir viviendo de esta manera. No estamos dispuestos a seguir pasando hambre”; mientras el gobierno con total indolencia instrumenta políticas que para nada sirven, ni las monetarias, ni el control de precios, ni ninguno de esos supuestos controles (útiles solo para aumentar la matraca y la trácala), ni la toma o arrebato de empresas, ni tampoco se ve por ningún lado la oferta de disponerse a atender la economía, vencer la supuesta “guerra económica” y abatir la hiperinflación… Puro bla-bla-bla, pura habladuría, mientras las condiciones de vida siguen deteriorándose.

Todo esto demuestra que el gobierno actual no sirve, no tiene capacidad de gobernar los problemas: toma decisiones y medidas que no tienen ninguna eficacia, y lo que sí hace es alargar y agravar las penurias que sufre la población. Ante este dramático cuadro, ante políticas que para nada resuelven la crisis y ante la indolencia gubernamental, la gente se ha decidido a actuar, comenzando por los reclamos más pequeños, por las exigencias reivindicativas más sentidas y cotidianas. Por supuesto, la lucha por salarios es la primera y más destacada, la más socorrida y más común, a la par de la exigencia de poner freno a la hiperinflación y la especulación que están extendiendo a límites insólitos la hambruna en toda la geografía nacional.

En medio de esta situación y ante la proliferación de protestas y reclamos en todo el país, ante el incremento de los llamados a la acción política, las acciones —predominantemente espontáneas en tiempos anteriores, muy locales y dispersas y sin ningún reclamo nacional— han pasado a ser organizadas y comandadas por órganos naturales de los trabajadores (como sindicatos, gremios, asociaciones) o por intergremiales e intersindicales; están exigiendo demandas nacionales, lo cual de por sí le da una connotación política, aunque no partidista, y se combinan con las que todavía siguen siendo espontáneas, por todas las necesidades que padece la gente (gas doméstico, agua, servicio de electricidad, transporte, vialidad, contra la represión hacia quienes protestan, entre muchas otras), augurando la creación de una fuerza social con un gran impacto político.

Pese a que los medios solo reseñan las protestas y reclamos más importantes y notorios, el volumen de las acciones y movilizaciones en todo el territorio nacional tiene una importancia de primer orden en la actualidad y ha obligado — ¡qué paradoja!, pues debía ser algo natural— a que las instancias unitarias y los propios partidos políticos tengan que ocuparse de ello. Así, el Frente Amplio Venezuela Libre (FAVL) decide abrir una consulta a todo el movimiento social y político sobre la realización de un paro o huelga de 24 o de 48 horas, y comienza un intercambio de opiniones con otras instancias de lucha como Venezuela Unida No Se Rinde, la Unidad de Acción Sindical y Gremial (UASG), sindicatos y confederaciones, asociaciones estudiantiles, los gremios de profesionales, las comunidades, los sectores eclesiásticos —que han sido muy claros e incisivos en cuanto a la necesidad de un cambio urgente— y las cámaras empresariales con su propios reclamos, peticiones y propuestas.

En primer lugar, lo importante no es que se llame huelga o paro, pues queda claro que, al tener un tiempo limitado (24 o 48 horas), definido y que será respetado, dicha acción será el inicio de una jornada de lucha más extensa y sería una alerta, un señalamiento, un reclamo, que con voz diáfana y clara diga: “Esto no lo vamos a seguir aceptando”. Se parte de la exigencia más que justa de salarios dignos, cese a las políticas de hambruna y por servicios públicos confiables, pero es indiscutible que tiene un filo en la búsqueda del cambio político, pues ya es una consideración común en todo el movimiento de lucha social que las exigencias reivindicativas no tendrán una solución satisfactoria y sostenida sino se cambia el rumbo del país y ello está indisolublemente ligado a la salida de Maduro. Se busca que los problemas se resuelvan de verdad, que el país se encamine por senderos que permitan no tan solo salir del atolladero actual, sino también avanzar positivamente, progresar, desarrollarse, recuperarse como país, reconstruirse como república.

Lo que se ha obtenido hasta ahora como respuesta a esa consulta de los distintos sectores sociales y políticos arroja posiciones muy positivas para sumarse y comprometerse con esta iniciativa de lucha, aun cuando siga habiendo confusión en cuanto a su alcance y a lo que se busca, pues algunos piensan que la consulta es para dar respaldo a una huelga general, indefinida, final y terminante… Y no es así, pues de lo que se trata es de dar un primer paso de una carrera de cien metros, pero este primer paso ya va con un objetivo, con una articulación de fuerzas, que sigue una dirección, y que va decirle al gobierno, a la nación y al mundo, que el pueblo venezolano ha decidido enfrentar esta situación y a ponerle término para resolverla. Ese es el mensaje que va a tener ese paro, y la consulta lo que persigue es afianzar un compromiso, una especie de juramento de hacer causa común con su éxito y con sus objetivos, es convertir a los consultados en promotores activos y agentes en el desarrollo de una jornada de lucha que combina lo reivindicativo con la búsqueda del cambio político.

No es un paro empresarial, ni tampoco un paro de las centrales sindicales solamente, sino un paro de todos los sectores afectados que podamos unir, porque se hará con los que muestren disposición y voluntad, pues, repetimos, no es un paro para trancar vías ni para obligar a la gente a que no asista, o para producir hechos de violencia. No es un paro armado ni es el ejercicio de alguna acción vinculada con agendas ocultas. No. Sencillamente es una forma de expresar todo ese descontento y se comienza con esta acción pues necesitamos hacer músculo, acumular más fuerza, rescatar la confianza en nosotros mismos, organizar de mejor manera las voluntades opuestas a este desastre, hacer más conciencia de que requerimos un mayor protagonismo popular y menos mesías o líderes providenciales —aunque sí una fuerte y capaz dirección opositora—, con la participación de miles de dirigentes surgidos de cada rincón del país, de estudiantes, obreros, empleados, campesinos, empresarios, sacerdotes y monjas, deportistas, artistas e intelectuales, en fin, de todos los ciudadanos. O sea, como acostumbro decir: vestidos o no de uniforme.

Sería la unión de todos para enfrentar este grave trance por el que atraviesa nuestro país, y que necesariamente comienza por un cambio en el poder político. Siendo un paro por salarios dignos, contra la hambruna y, en general, por la vida, pudiera ser encabezado por cualquiera de estas consignas, pero de todas maneras significará una acción que presiona en favor del cambio urgente de gobierno, aunque no sea su lema central. Ése será el llamado y la advertencia hacia los gobernantes, de que hay un pueblo dispuesto a mantener y sostener la lucha en las condiciones que sea. El pueblo venezolano ya está cansado y llegó el momento en que nosotros perseveremos en esa lucha para que se produzca el cambio político que permita que Venezuela se reconstruya y sea la gran nación que todos hemos soñado.

Y no queda otra que luchar… hasta que la victoria nos sorprenda.

Transcripción del audio del programa #ArribaBanderas

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