Los eventos que se han dado esta semana —el majestuoso acto del martes, 6 de marzo, en el Aula Magna de la UCV bajo el lema de “Venezuela Unida no se rinde. Es hora de cambiar”, la formación de la Unión de Juventudes el miércoles 7 y el jueves 8 la constitución de un frente amplio en el teatro Chacao— marcan un propósito claro de la dirección política, gremial, social, de los empresarios, de las iglesias, de los trabajadores, de levantar nuevamente la esperanza en Venezuela, de salir de ese bajón en que habían caído las luchas y de esa circunstancia que se había creado como una especie de desesperanza, una pérdida de confianza en la dirección y en la fuerza. Como hecho importante y trascendental, la constitución del frente amplio “Venezuela Libre” tiene una gran significación porque puede marcar el comienzo de una nueva Unidad Superior. Subrayo esto último, como bien lo dijo el sacerdote jesuita José Virtuoso, pues significa el principio de una tarea que debemos seguir desarrollando, construir las bases, las formas, la estructura que va a tener el movimiento. Algunos rasgos generales fueron notorios y tienen que ver con el impulso y desarrollo en todas las regiones y también con la creación de organización a nivel de las bases, de las comunidades, en todos los rincones del país, para lo cual todos los que allí asistimos —organizaciones y corrientes políticas, gremiales, religiosas, académicas y las individualidades— nos convertiremos en promotores de esa nueva forma unitaria que se va a desarrollar en el país.

Estos eventos tienen la importancia de realizarse en momentos muy dramáticos para Venezuela, cuando el desempleo, el hambre, la desmejoría creciente de los servicios públicos, la diáspora, la represión y todas las calamidades están incrementándose de manera exponencial. Y, por otra parte, vemos una indolencia total del Gobierno ante la hambruna y la falta de medicamentos, ante el desastre que es hoy día la atención hospitalaria en el país, en la cual los médicos, enfermeras y el personal hacen un esfuerzo encomiable por brindar alguna atención, pero sin insumos, sin medicamentos, con los equipos de diagnóstico dañados o inservibles, por no cumplirse los protocolos de mantenimiento, en fin, un drama de verdad terrible, pues se está jugando con la vida de miles de personas. Y cuando contrastamos esto con la escasez, el alto costo de la vida, con los salarios miserables que cada día alcanzan menos pese a los aumentos nominales de sus cifras, vemos cómo se va abriéndose mucho más el abismo entre el ingreso y la satisfacción de las necesidades más básicas. Todo esto en medio de una hiperinflación galopante que destruye la capacidad adquisitiva de los trabajadores venezolanos e impide que se puedan mejorar las condiciones de existencia de nueve de cada diez venezolanos.

Estos encuentros unitarios siembran el aliento en la población y necesitan no tan solo irlos armando, construyendo, desde el punto de vista de las determinaciones, de la política, de la teoría, de los criterios que se unifican y que se convierten en una guía para la acción. Hay que hacer que sean acciones y tareas exitosas, que culminen con la construcción de la fuerza que es necesario tener para enfrentar a quienes hoy en día pretenden eternizarse en el poder, a las mafias que se han adueñado del país, que se lo reparten y que —pese a toda la situación de crisis que se vive— tratan de sacar ventaja y ver cómo utilizan todas las cosas en el sentido de mantenerse en el poder, de acrecentar sus fortunas mal habidas y de hacerse cada día de mayor espacio en ese reparto del botín, que es lo que ellos han convertido a Venezuela y que viven repartiéndose todas sus posibilidades, sean recursos naturales, llámese arco minero, llámese entradas por renta petrolera, en lo que sea ellos siempre tratan de sacarle un provecho.

Y además generan un apartheid acá en Venezuela, con lo del carnet de la patria, que lo hacen requisito obligatorio para hacerse beneficiario de las migajas en forma de bonos que reparten. Y ahora también le piden a la gente un carnet del partido de gobierno, del psuv, para acceder a los subsidios o ayudas que a bien tiene en disponer el Ejecutivo nacional. Junto a esto también está la presión contra el funcionariado que es verdaderamente muy chocante y totalmente antidemocrática, mafiosa, dictatorial, en fin, toda una práctica estatal que constituye una humillación para la población entera, pues para tener acceso a un programa del gobierno hay que pasar por todas estas humillaciones que ellos establecen como especie de filtros, provocando una división dentro de la sociedad entre los que pueden ser atendidos (mejor dicho, malamente atendidos) y los compatriotas que no serán tomados en cuenta.

Las iniciativas unitarias que esta semana se han venido levantando no están exentas de contradicciones que podemos notarlas en los actos, más en unos que en otros, y que también se expresan en la diversa profundidad de los discursos y en las diferencias en cuanto a la comprensión más cabal de la realidad y de la calidad de la respuesta exigida. Esto es reflejo de la diversidad social que allí se encuentra, de la diversidad ideológica, política y de criterios. Y, en ocasiones, más que distinciones en cuanto a criterios bien elaborados o bien pensados, se trata de diversos niveles de conocimientos, de fundamentaciones políticas, de manejo de métodos e instrumentos para analizar precisamente la realidad. Aunque también está la presencia de gente que piensa de una manera muy estanca, compartimentada, que no se dispone a mover su pensamiento, que no entiende las cosas en su movimiento real, en sus cambios y en sus contradicciones internas, en cómo una cosa, un suceso, va influyendo y la va moldeando de otra manera. Por ello, se encuentran muchas veces incomprensiones, pero en estos eventos destacó con muchísima fuerza la idea de la reconciliación, del entendimiento, de la necesidad de generar espacios que permitan encontrarnos con la gente que se va desgajando del chavismo. La idea de que podemos encontrar comprensión sobre la diversidad de las formas de lucha, cómo ellas actúan y cómo convertir las políticas generales que expresamos —desde el punto de vista de la unidad— en un paraguas donde quepamos todos, donde quepan todas la acciones, donde las luchas no únicamente se unan para lucharlas juntos, sino que nosotros también entendamos que esta diversidad de luchas van en el mismo propósito de producir un cambio, de reconstruir el país, de tratar de generar realmente una sociedad de progreso, de paz, de desarrollo, para que cada día haya más posibilidades de ascenso social, mejores condiciones de vida y de trabajo, que es la búsqueda de todos, pues nos une el querer una sociedad mejor, un país mejor, y por ello luchamos.

Esto nos indica que debe entenderse que hay que apartar algunas diferencias, algunas contradicciones, y que ya la política no puede llevarse como una eterna competencia electoral, como si cada cual tratara de sacar un provecho, una ventaja, de las luchas que se están desarrollando. Ahora se trata, en este tiempo venezolano, de darle cobijo a toda la diversidad. Creo que en eso hay un avance muy importante, pero suficiente nunca lo será… pues siempre habrá la puja de cada cual por tratar de sacar una ventaja partidista, grupal, social, en razón a los sectores que representan, pero el combate político que tenemos que desarrollar es empujar y sostener el criterio unitario, defender la amplitud, la reflexión y la autocrítica.

Destaco, con respecto al acto de hoy jueves 8, la actitud del hermano de Juancho Montoya, uno de los muertos del 12 de febrero de 2014 —cuando se inicia esa protesta que se llamó “La salida”, y que nosotros recordamos como la Primera Rebelión Democrática contra Maduro—, cuando dice, palabras más palabras menos: “… perdono a la Defensora del Pueblo porque no hizo caso, no nos contestó ni actuó con respecto a la demanda de justicia que hicimos ante ella por el hermano muerto”. Y también, en nombre de su hermano, le pidió perdón a Fedecámaras, pues Juancho en algún momento puso una bomba en el edificio de esa institución. Esta es una muestra genuina y sincera de reconciliación, donde se muestra una confesión que acepta la equivocación en el camino escogido, pero que también hubo otros que no actuaron bien y estaban allí presentes. Es de destacar que la Defensora del Pueblo en aquel momento era Gabriela Ramírez, quien fue la que inició dicho acto en el teatro Chacao y oyó la observación y la crítica hecha por el señor Montoya. Esto da una idea cabal de ese criterio y de esa búsqueda de tener bastante amplitud y mucha tolerancia en la relación entre nosotros.

Yo quiero que todos los actores políticos y sociales entendamos que las diferencias ideológicas, las diferencias sobre temas políticos de mayor monta, hay que apartarlas y jerarquizar lo que es común… Y lo que es común ahora, en primer orden, es producir el cambio político en el país, es iniciar la reconstrucción de Venezuela, en una política donde todos los sectores ganen. No es simple y llanamente echar el peso de la recuperación del país sobre un determinado sector social, y especialmente sobre el pueblo trabajador, pues eso ya no es posible. El salario ya no puede disminuirse más, tiene que ser algo donde cada cual entienda el beneficio para cada uno de los sectores. Mucho hubo de esto en los actos, y ése debe ser el espíritu que impregne el día a día de la relación entre las organizaciones y los discursos políticos, porque tiene que haber una oferta que sea esperanzadora y tiene que haber también la construcción de una fuerza que cada día obtenga más éxitos, más victorias, que llenen a la gente de confianza en un triunfo del movimiento democrático.

Nosotros estamos, hoy en día, ante una encrucijada histórica y todos debemos contribuir a dar el primer paso. Y el primer paso es disponernos a unirnos. Por otra parte, hay que hacerlo bien, hay que lograr materializar las ideas de construcción de una fuerza alternativa de cambio, de una fuerza democrática que debe tener la suficiente contundencia como para lograr no tan solo una victoria, sino sacar a nuestro país de la crisis, echar hacia adelante a Venezuela. Creo que nos toca, entonces, a todos los sectores sociales hacer esta labor. Y quien más experiencia tiene, quien más claridad tiene, quien más disposición tiene, debería empeñarse más en obtener frutos y avances en esas tareas que son más difíciles, más complicadas y que alguna gente no las comprende… como, por ejemplo, lo referido a la organización abajo, en la base de la sociedad, de la organización popular. El llamado de Venezuela Libre es constituir un movimiento político hacia abajo, formar las instancias hasta donde podamos llegar, hasta en las urbanizaciones, barrios y asentamientos campesinos, pero lo que es el movimiento asambleístico, lo que es el poder de base, lo que es el protagonismo social, solo lo vamos a conquistar si somos capaces de llevar esta organización —tal como lo indica la Constitución— a todos los espacios de la sociedad venezolana: constituir las asambleas de ciudadanos, organizarlas, estructurarlas, tecnificarlas, para formar todos los equipos que necesitamos para impulsar esta lucha. De allí será de donde saldrán los miles de líderes y esta organización política que vamos a constituir, esta Venezuela Libre, debe convertirse en un estimulador, en una vanguardia, en un iniciador de todos estos procesos de organización de la sociedad. Y vamos a llevar conciencia, a llevar criterios, a elevar políticamente la calidad de toda la sociedad venezolana.

Desde luego que tenemos plena confianza en los pasos que hemos comenzado a dar y los eventos realizados esta semana —el del Aula Magna, el de Chacao y el de las juventudes— nos animan mucho en que nosotros lograremos avanzar en este proceso de cambio y que los venezolanos le demostraremos al mundo que sí podemos liberarnos de esta tiranía, que sí tenemos la solidez ideológica y política, y el coraje, la voluntad y la disposición para hacer de Venezuela una patria libre, soberana, en progreso, en desarrollo, en bienestar, en capacidad de garantizar a nuestro pueblo la mayor felicidad posible.

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