Éste es el verdadero título de este día y lo que debe ser el motivo de la celebración de las Mujeres en el Mundo. Es importante darnos cuenta de dos elementos que no se mencionan en casi ningún lugar, en especial de manera pública y mediática ya que así se anula su significado histórico y solo se destaca lo que se desea afirmar para toda la población, estos son: la palabra Mujeres en plural por la diversidad que expresa, ya que no existe una mujer, es decir, un modelo único de mujer; y Trabajadoras, ya que se refiere a las luchas de las mujeres trabajadoras por sus reivindicaciones colectivas y de clase, que abrazan y envuelven a toda la sociedad. Nos referimos al hecho de recordar y hacer balance de las luchas de las Mujeres por el desarrollo como mujeres, y en lo social, por el progreso de toda la sociedad desde sus reivindicaciones propias.

Sabemos que el lenguaje expresa realidades existentes incluso previas a él, de otra manera no existiría. También, es instrumento de los procesos de ideologización y alienación utilizados para velar la realidad y mostrarnos una realidad mediatizada que nos limita la toma de conciencia; eso que ahora se ha denominado empoderamiento, que es una manera de “cambiar”, desde el lenguaje, lo que antes llamábamos concientización o ideologización para adquirir el poder de la conciencia que nos otorga sabernos personas, tener conciencia de sí y para sí. Éste ha sido uno de los objetivos más importantes de los movimientos feministas; hacer que las mujeres sepamos a ciencia cierta quiénes somos genéricamente (género) y qué intereses nos unen socialmente (clase). Estos elementos orientan las posturas de las mujeres en sus luchas y sus reivindicaciones sociales.

Cuando reconocemos que el 8 de Marzo es el Día Internacional de las Mujeres Trabajadoras (Dimt), nos estamos reconociéndonos en un sector social, el de las Mujeres Trabajadoras, o lo que es lo mismo, nos miramos como mujeres (género) y como clase social con intereses específicos (clase). Esta mirada nos permite darnos cuenta que el sistema patriarcal, con su característica metaestable, (ha ido cambiando la forma pero no ha cambiado la esencia de su existencia como sistema socioeconómico de opresión y desigualdad de origen) ha reducido el 8 de marzo a un simple día de fiesta de reconocimientos individualizados, de actos solemnes y de regalitos. Se esfuerzan por tirar al olvido y dejar de mencionar, intencionadamente, los debates y las gestas de las mujeres por la igualdad, el progreso y el desarrollo de la humanidad.

En el Encuentro Internacional de Mujeres Socialistas de 1910 se promovió la celebración del Dimt, al que asistieron más de 100 delegadas de 17 países, y en el que Clara Zetkin y Kathy Duncker del Partido Socialista Alemán presentaron la propuesta de conmemorar el 8 de Marzo como el Dimt; que se quería recordar por ejemplo lo que ocurrió en la manifestación del sector textil de EEUU, el 27 se septiembre de 1909; que hubo una huelga y se prolongó durante 13 semanas (hasta el 15 de febrero de 1910), siendo esta una de las huelgas más largas de la historia, que fue organizada y dirigida por mujeres trabajadoras. Lo que en un acto de solidaridad internacional con las delegadas de Estados Unidos fue un homenaje a la huelga de estas trabajadoras y la reivindicación de a huelga como método de lucha por la causa de las mujeres, hizo que se escogiera ese día como el día internacional de las Mujeres.

La historia nos muestra que la primera celebración del Dimt tuvo lugar el 19 de marzo de 1911, participando más de un millón de mujeres que querían dar a conocer al mundo sus principales logros: el derecho a voto, el derecho a la ocupación de cargos públicos, el derecho a la formación profesional y el derecho al trabajo y a la no discriminación por género.

De tres hechos históricos que por su importancia se han asociado al origen del 8 de Marzo, podemos destacar como hitos, aunque fueron posteriores a la primera celebración de la lucha de la mujeres trabajadoras, el 25 de marzo de 1911 en la fábrica en Nueva York “Triangle Shirtwaist Company” en el que mueren calcinadas 129 mujeres mientras protestaban por la mejora de sus condiciones laborales; el 8 de marzo de 1917 en Rusia, cuando ante la escasez de alimentos y las condiciones de la 1era guerra mundial, las mujeres se lanzaron a las calles y este acontecimiento marcó parte del comienzo de la revolución rusa, la caída del Zar y el establecimiento de un gobierno provisional que por primera vez concedió a la mujer el derecho a voto.

Que hayan sido las mujeres quienes llevaron a cabo este hecho, situó definitivamente el 8 de marzo como el Día Internacional de las Mujeres Trabajadoras. El acto que consolidó este día como la fecha final, fue que la ONU asumiera desde 1945 la defensa de las mujeres y sus derechos al firmar en San Francisco el primer acuerdo internacional que defiende la igualdad de ambos sexos como derecho humano fundamental.

Este 8 de marzo de 2016, 106 años después, las mujeres hemos avanzado de manera muy importante, pero aún hay objetivos pendientes. En Venezuela las mujeres vivimos un franco y acelerado deterioro de nuestros derechos humanos específicos, y en general como parte de toda la sociedad.

Está viva la discriminación de la mujer en el trabajo; las mujeres ganamos 20% menos que los hombres por el mismo trabajo, no hemos logrado el reconocimiento de hecho, sino solo de derecho, del trabajo doméstico como trabajo que genera riquezas y plusvalía y se sigue asumiendo como nuestra responsabilidad “natural”; estamos mayoritariamente en el mercado informal de la economía; en el campo no somos propietarias de la tierra, vivimos en la región (América Latina) donde se produce el 65% de la riqueza mundial, y es la región con mayor desigualdad social. Seguimos siendo vistas como receptoras de dádivas (misiones) y de golpes como víctimas de la violencia machista. Necesitamos ser vistas como actoras sociales y mostrar nuestros logros y luchas ya que ningún organismo oficial puede hacerlo con la claridad y certeza que podemos tener nosotras mismas.

Este mes de marzo es para hacer balance de nuestros logros y reivindicar nuestras luchas, por nuestro desarrollo y por el de la sociedad en general. Mostremos nuestra lucha por la democracia y la justicia social, sin perder la memoria de nuestra condición de clase y de género.

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